Heberto Padilla: Un poeta se hace a medida en que borra | Miguel Ángel Zapata

Góngora en el sentido de gongorismo, de su maestría, o de la dirección de su poesía, yo creo que en Góngora comienza la decadencia de la poesía hispana. Yo no considero que un enmascaramiento permanente de la realidad sea la poesía, yo no lo creo, y por lo tanto creo que el gongorismo es un error que vamos a pagar por muchos años y durante mucho tiempo (H.P)


Durante el verano californiano de 1986 cruzaba con frecuencia el Golden Gate Bridge a mis anchas. Al otro lado está una de las ciudades más hermosas del mundo: San Francisco, y todo a su alrededor es pura belleza. Cruzar el puente es levitar la inmensidad. Me había enterado que el poeta cubano Heberto Padilla andaba por esos lares dando recitales y conferencias. Así que me puse a averiguar cómo contactarlo. Tenía mucho interés en su poesía, y con todo lo que había leído de su encarcelamiento en Cuba, pensé que tal vez podía conocerlo y conversar con él. Mientras manejaba por el Golden Gate me preguntaba si un libro de poemas podría ser un peligro para la política de un país. Fuera del juego, era el poemario de Padilla con el que había obtenido en 1968 el premio Julián del Casal, el cual había tenido como uno de los jurados a José Lezama Lima. Padilla fue declarado “traidor a la patria” por el gobierno cubano. Fue encarcelado en 1971. En 1973 publica su libro Provocaciones. En 1980 el poeta cubano llegó a los Estados Unidos, en un exilio que concluiría con su muerte el año 2000. Sin duda, Padilla representa con sus acciones tanto políticas como literarias, un autor que supo defender la libertad de expresión, y trató de vivir como un escritor libre, lo cual era imposible en su Cuba natal. Su poesía está viva hoy, con esa magnífica precisión e imágenes potentes de la realidad interior del ser humano y su rechazo al contrato social totalitario.

MIGUEL ÁNGEL ZAPATA


Miguel Ángel Zapata: Hablemos primero de tus primeras publicaciones. Había, creo ver, un paisaje puro, de isla, con impulsos frescos y la presencia constante del mar.

Heberto Padilla: Bueno, Las rosas audaces fue un libro que ni siquiera considero un libro. Fueron poemas de los primeros que escribí, incluso son hasta formales, sonetos en su mayor parte. Es un libro escrito entre los catorce y los quince años de edad, publicado cuando yo tenía diecisiete, o sea que ese libro no puede considerarse dentro de lo que pueda decirse que sea mi obra, no porque se publicara a los 17 años de edad, porque Rimbaud, a esa edad escribió dos libros geniales y nunca escribió otros, sino que se publicó por las razones más increíbles. Había una editorial de un amigo que se llamaba «Los nuevos» que publicaba libros de jóvenes, y yo tenía esos poemas, se los di y los publicó… pero no tengo ni siquiera el menor interés en recordar ese libro. Sin embargo, hay un poema, el poema primero del libro, puedo recordarlo como un verdadero poema de la juventud. Te voy a decir algunos versos de ese poema, porque es un poema, como tú dices, que refleja exactamente la realidad de la isla de Cuba, lo solar, el mar: Desnúdate de un brazo y apoya el hombro de oro en mi tórax marino… Yo estoy de vacaciones y pies sueltos y trusa y sol ardiente en las mejillas… En fin, es un momento de vitalidad juvenil, donde se exalta la vitalidad del paisaje cubano.

MAZ: ¿Cómo eran esos tiempos en Cuba, las lecturas, los amigos poetas?

HP: Yo no vivía en La Habana donde se leía con más tino, con más seriedad. Yo vivía en un pueblo pequeño que se llama Pinar del Río, que tiene el nombre muy descriptivo de un pueblo que está junto a un río. En tal sentido mis lecturas en ese tiempo eran limitadas, pero yo más o menos me abría paso. Es curioso, fíjate, los primeros poemas que leí, es terrible decirlo, que son parte de la vida escolar, y nunca olvidaré eso; los leí en los libros de lectura de la enseñanza primaria cuando estaba en cuarto grado. Allí fue donde leí por primera vez las poesías, te puedo citar una del poeta belga Mauricio Maiterlin, que lo leí muy bien traducido al español y fue decisivo, que dice: Si viniera un día qué le responderé… muéstrale mi anillo de oro / dile que sufro por él. Para mí en este poema estaba el nacimiento de lo que siempre he creído que es la poesía. Era una poesía despojada, sin mucho ornamento, y siempre con la representación de un hecho concreto, contra un fondo de escena, como si fuera el teatro. Es la lengua de alguien que se dirige a otra persona, ése poema me impresionó mucho, mucho.

MAZ: Pero el poeta, para los viejos, para los nuevos, creo que siempre debe de leer cosas variadas, ¿no?

HP: Yo creo que el poeta debe de leer libros de ingeniería, incluso de economía. Veo que el lenguaje, como a veces decía Stendhal, no siempre está en los libros de literatura, ya que tienen una lengua prestada y repetida, en cambio los libros de ciencia son libros que tienen la lengua necesaria para describir fenómenos concretos. Por ejemplo, a mí me encantan los términos de los economistas. Una mala inversión económica puede deprimir un mercado. Me parece una frase increíble, deprimir un mercado, y además de eso, en física, en química, no existen otros modos de describir la realidad más que a través de la precisión, y la precisión es hacer de una lengua precisamente un instrumento de comunicación. Recuerdo que Stendhal decía que el estilo es añadir a un pensamiento dado todas las circunstancias, para que ese pensamiento produzca el efecto que debe producir; y tú recordarás que uno de los modelos de Stendhal era el Código Napoleónico, que leía con frecuencia, porque era un código muy bien escrito.

MAZ: La cartuja de Parma es, creo, considerada como un texto de estructura perfecta, ¿puede acaso concebirse un poema con tales pretensiones, o puedes acaso tú concebir tal cosa, ya que una de tus búsquedas es esa síntesis, esa precisión en las palabras?; ¿crees haber logrado tal disparo?

HP: Yo no sé si lo he logrado, pero mi propósito es siempre, cuando escribo un poema, eliminar, borrar. Debe de ser un error. Yo muchas veces he conservado con miedo los originales de poemas que después han aparecido en libro, sólo para ver si me equivocaba, y creo que no me equivoqué nunca, no porque los hiciera muy buenos los poemas, sino que los hubiera hecho peor si se hubiese mantenido el poema como yo lo concebí antes. Yo no creo como Lope que lo mejor del poeta no es lo escrito sino lo que borró después, yo pienso que un poeta se hace a medida en que borra, en que elimina los vicios adquiridos en sus lecturas; Heidegger decía que el estilo de un poeta es precisamente eliminar las influencias de su adolescencia, barrerlas, limpiarlas, es decir, todo estilo de una poesía genuina es un procedimiento aséptico, como en medicina. Todos estamos llenos de vieja retórica, todo pensamiento está teñido de retórica de lugares comunes, y los lugares comunes pueden ser disparates también; hay ya lugares comunes del disparate en literatura, de modo que la asepsia, la limpieza, la eliminación de lo superfluo es una de las cosas fundamentales en un poema, creo yo, para que un poeta pueda escribir un gran poema.

MAZ: Quiero citarte, con todo el respeto que ellos se merecen, a Góngora y a Quevedo, las veces que los he leído, incontables, como poeta, no como estudiante para escribir sólo un ensayito, he encontrado una rigurosidad en ambos poetas por la forma, uno más que el otro. Góngora parece ser extremadamente riguroso, y Quevedo también, pero penetrando las cosas metafísicas más, adentrándose más a la profundidad del ser, menos aire.

HP: Te voy a decir algo serio. Yo he leído mucho a Góngora, como todos nosotros hemos leído mucho a Góngora, pero yo pienso que Góngora es un gran error en la literatura en nuestra lengua, no él mismo, él mismo no, como nunca ocurre en un poeta que busca y estrena nuevas formas. Góngora en el sentido de gongorismo, de su maestría, o de la dirección de su poesía, yo creo que en Góngora comienza la decadencia de la poesía hispana. Yo no considero que un enmascaramiento permanente de la realidad sea la poesía, yo no lo creo, y por lo tanto creo que el gongorismo es un error que vamos a pagar por muchos años y durante mucho tiempo. Esto es muy desagradable, muy petulante de mi parte decirlo, pero no me queda más remedio que decirlo. Quevedo es un gran poeta que yo prefiero. Entendámonos, hay poemas de Góngora extraordinarios; a mí lo que no me gusta de Góngora es la generación del 27, es decir, sus discípulos, aquéllos que hacen de Góngora un método y que convierten ese método en una degradación del idioma castellano.

MAZ: ¿Todos los del 27?

HP: Sí, todos los del 27, Alberti, Aleixandre, etc…

MAZ: ¿Aleixandre en todas sus etapas?

HP: A mí no me interesa Aleixandre para nada. Me parece que si la poesía española va a ser Aleixandre o Alberti entonces se puede prescindir de esa poesía como ocurre que está prescindiendo el mundo de esa poesía. Yo no sé si a los hispanos les interesará saber que la poesía española no interesa en ninguna parte del mundo. Hemos leído la poesía traducida de Brecht, de Stevens, de Eliot, de los poetas franceses, pero ¿quiénes traducen a los poetas españoles?, ¿a los hispanos?; muy poca gente en el mundo, y cuando los traducen los traducen con miseración, esto lo creo yo y lamento tener que decirlo.

MAZ: Una de las tendencias de la poesía actual es el avance hacia el coloquialismo, abundancia de datos, nombres de lugares, un barroco decadente, dentro de una cantidad de paréntesis que a veces parecen excesivos. Yo estoy de acuerdo con lo coloquial pero controlado, no sé…

HP: Horroroso el abuso de los paréntesis, qué bueno que lo digas tú, esos paréntesis en la poesía actual hispanoamericana, que es un modo de acentuar lo coloquial, lo incidental, todo eso es mierda como se dice en castellano, es mierda, eso no es poesía.

MAZ: ¿Y por qué recurrir a eso?

HP: Porque eso le da una especie de desdén a la forma literaria, como decía un cubano, Lezama Lima, es un modo de ironizar sus incidentes, pero además yo creo que revela la torpeza de los poetas que escriben en castellano.

MAZ: Pero hay paréntesis que a veces son sumamente necesarios, ¿no?

HP: Los inevitables paréntesis de una reflexión inteligente, pero cuando el paréntesis es en sí mismo una poética, una tontería reiterada, qué valor tiene ese paréntesis, hay que huir de los paréntesis, la poesía es un discurso concreto.

MAZ: ¿Crees que el trato que les da el mundo a los intelectuales que protestan contra un sistema, influye para bien o para mal, si vienen de una sociedad comunista o capitalista? ¿Por qué fue juzgado Heberto Padilla en Cuba?

HP: Una denuncia cualquiera que se haga al mundo capitalista se hace a un mundo heredado, a un mundo por el que tú no optaste, sino un mundo que tú recibiste y en el que puedes moverte negándolo o reprobándolo, pero del que no eres responsable. Si tú eliges un proceso revolucionario, como el caso de Cuba, y ése fue mi caso, y eres partidario de un proceso de cambio radical, quiere decir esto que hay una ruptura con la herencia, hay una ruptura con las formas anteriores que tú quieres cambiar, buscar una alternativa política distinta; por lo tanto tú eres responsable de ese cambio, entonces aunque no se quiera la situación de los intelectuales, que es lo que nos concierne a nosotros, se hace un poco religiosa, en el sentido de que tú eres un responsable moral del cambio, como lo fui yo, y si de pronto dentro de ese conjunto de personas, que en apariencia aprueban el cambio, y las políticas difíciles que ese cambio trae, así dentro de ese grupo tan homogéneo hay una voz tan disonante, puede ser la voz de un cobarde, de un enemigo, la voz de un contrarrevolucionario, y por lo tanto se presta más atención a esa disonancia y a esa disensión, que la que pueda existir en un país capitalista, porque la discrepancia en un país capitalista es un modo de buscar el porvenir que yo conocí, que se llamó la revolución cubana, y que descubrí, como ha descubierto todo el mundo, que no es la respuesta, que no es la verdad. Por eso el ataque es siempre mayor contra un escritor del mundo comunista, porque la gente quiere creer, quiere invertir en la esperanza, la gente no quiere recibir malas noticias de la esperanza. Creo también que en toda adhesión política hay una permanencia a veces estúpida, a veces lúcida. Los lúcidos tienen que separarse a la larga de la mentira ideológica y real de un proceso que ha traicionado, que ha deformado, que ha transformado el proyecto inicial. Los demás, como ocurre en cualquier sociedad, no discrepan, se suman al carro y siguen siendo unos apasionados defensores de la mentira en que siguen creyendo, eso se ve en el capitalismo, en la religión, etc…

MAZ: ¿Lees frecuentemente?

HP: Yo leo todo lo que se publica y todo lo que cae en mis manos. No tengo lecturas especiales. Actualmente estoy leyendo mucho en inglés. Antes de comenzar esta charla me recitaste un poema de Blake «The Tiger». A mí me interesa Blake como fenómeno histórico, me interesa incluso políticamente, es un hombre que vivió la revolución francesa, que la cantó, que la exaltó, y que descubrió al mismo tiempo sus fracasos morales, e inmediatamente aquello que en su poesía era muy mediato del problema de la política concreta de todos los días, le llevó a otro plano metafísico, y es muy interesante su figura.

MAZ: ¿Poesía joven?

HP: Me gusta mucho, tú sabes, acabo de escribir una nota sobre poetas jóvenes chilenos, sobre una antología con traducciones de White. Justamente he escrito que la antología es buena porque White tiene la edad de las personas antologadas, y por lo tanto sus valorizaciones no proceden de otra generación sino de la propia, y eso hace más interesante la antología. Escribí también que estos poetas escriben como si Gabriela Mistral, Huidobro, no existieran.

Poemas de Heberto Padilla
(Selección MAZ)

Canción de un lado a otro

Cuando yo era un poeta que me paseaba
por la avenida del Kremlin,
culto en los más oscuros crímenes de Stalin,
Ala y Katiushka preferían
acariciarme la cabeza,
mi curioso ejemplar de patíbulo.

Cuando yo era un científico
recorriendo Laponia,
compré todos los mapas en los andenes de Helsinski.
Sarikovski paseaba su búho de un lado a otro.
Apenas pude detenerme en el Sur.
Las saunas balancábanse al fondo de los lagos
y en la frontera rusa abandonó a mi amor.

Cuando yo era un bendito,
un escuálido y pobre enamorado
de la armadura del Quijote,
adquirí mi locura y este viejo reloj fuera de época.

Oh mundo, verdad que tus fronteras son indescriptibles.
Con cárceles y ciudades mejoradas y vías férreas,
lo que sabe quién te recorre como yo:
un ojo de cristal,
y el otro que aún se disputan el niño y el profeta.

El relevo

cada vez que entra y sale
una generación dando portazos
el viejo poeta se aprieta el cinturón
y afina el cornetín

como un gallito:
no se convencen — dice — de que en poesía
la juventud sólo se alcanza con los años.

A veces

a veces es necesario y forzoso
que un hombre muera por un pueblo,
pero jamás ha de morir todo un pueblo
por un hombre solo.

esto no lo escribió heberto padilla (cubano)
sino salvador espríu, el catalán
lo que pasa es que padilla lo sabe de memoria
le gusta repetirlo
le ha puesto música
y ahora lo cantan a coro sus amigos
lo cantan todo el tiempo
igual que malcolm lowry
tocando el ukelele.

Una pregunta a la Escuela de Frankfort

¿Qué piensa él?
¿Qué es lo que está pensando
ese hombre,
que tiembla entre un fusil y un muro?

Respondan preferiblemente
en el siguiente orden
Horkheimer
Marcuse
Adorno

Reordenen
la pregunta si lo creen necesario:

entre un fusil y un muro
¿qué es lo que está pensando
ese hombre que tiembla,
al alcance de un ojo, enterrado en su edad,
y sin embargo a punto de ser sacado de ella
de un empujón
que no pudo soñar jamás la madre que lo parió?

El monólogo de Quevedo

Todas las calles
Se han llenado de gentes que sufren mi dolor
O gozan mi alegría
Agonizantes a causa de que respiro
Enanos porque crezco
Otros entran de golpe en mi arsenal
Donde acumulo lo inverosímil
Lo que tal vez sea yo el único en guardar.
La vida me roba a manos llenas
Las ventanas me imitan
Los gatos plagian mi ardiente
………..Enemistad
Y la tarde en que el desesperado suspira
………..A toda vela
Vibra en mi cuarto y hasta en mi ortografía.
Ese árbol que veo entrar por la ventana
Imita por ejemplo mi cuerpo y mi resuello
Ya estuvo antes aquí
Eché raíces junto a él
Y ahora se agita en mi delirio
¿O es mi delirio y no se agita?
¿O sopla estas palabras
O son ellas las que me soplan?
¿O es Homero el que las escribe
El que siempre escribe
Y este cuarto es de Atenas
y yo sufro tan sólo porque nadie lo cree?

Para escribir en el álbum de un tirano

Protégete de los vacilantes,
porque un día sabrán lo que no quieren.
Protégete de los balbucientes,
de Juan-el-gago, Pedro-el-mudo,
porque descubrirán un día su voz fuerte.
Protégete de los tímidos y los apabullados,
porque un día dejarán de ponerse de pie cuando entres.


Poesía Cuba | Miguel Ángel Zapata | Buenos Aires Poetry 2022