WELSERLAND (Selección) | Víctor Manuel Pinto

Víctor Manuel Pinto (Valencia, Venezuela, 1982). Poeta, editor y profesor universitario. Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde es director de la revista POESIA, e imparte talleres de teoría y creación poética. Forma parte del comité editorial de la revista argentina Buenos Aires Poetry. Ha publicado los libros: Aldabadas (2005), Mecánica (2006), Aprendiz de la carne (2007), Caravana (2010), Voluntad para no matar (2011), Poemas reunidos 2005 – 2011 (2012), Quieto (2014), Cruz boca abajo (2021) y Welserlad (2021). Ha ganado el Certamen Mayor de las Artes y las Letras del CONAC, el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Valencia y el Premio Bienal de Poesía Eduardo Sifontes. Sus poemas han sido incluidos en diversas antologías y traducidos al árabe, alemán, italiano, inglés y portugués.

BARTHOLOMEUS WELSER

Bartolomé, tu cabeza será nuestra lámpara.

Nos llevarán tus ojos abiertos por el rastro
de sangre hasta la carne chamuscada del indio.
Serás el anatema de un conjuro aborigen,
una totuma de huesos para beber sangre
de gallos negros en los rituales de la guerra.

Cruzaremos Welserland con tus restos al hombro
silbando como el loco que mató a su padre.

Cruzaremos Welserland con tu cabeza hedionda
confesándole asuntos del sexo y el crimen.

Bartolomé, tu cráneo será nuestra canoa.

JUANA DE CASTILLA / 1539

EL ESPANTO

La demente se baña con petróleo,
selva podrida, cachicamo muerto
escurriendo negror venezolano;
llevado en barco, cargado en burro;
gas del pantano, óleo de la piedra.
Quita el reuma, dice, el petróleo es brujo.
Y el pelo se le enrolla como un rabo
que escurre retorcidas aguas negras.

Mi hijo, mi hijo, ¿dónde está mi hijo?

Se mete la mano y no lo encuentra;
se saca pedazos de orquídeas viejas,
cintas y claveles de un entierro.

La demente se echa en la brea;
se pellizca el centro de la areola,
se fuma la colilla del pezón
y las latas del rancho se enrojecen.

Hay sombras que pelean en el rojo.
Hay cuchillos y dientes triangulares:
una mujer que mata a otra mujer
mientras suena el repique del tambor
y el petróleo salpica las paredes.

He metido el trapo en la botella.
He quemado la mecha, humedecida.

DIE KOLONIE

SCHWARZWALD

Venimos de la selva más oscura & hacia montañas negras remontamos.

Tras la imagen de San Martín de Tours se balancean las torpes carretas
donde van a montarse las mujeres que se persignan ante el cementerio.

A través de nubladas autopistas marchamos a poblar tierras incultas.

El loco arlequín del carnaval ha enterrado su traje de colores.
Ahora fuma su blanco cigarrillo cargando una bolsa de basura.

El Rin tiene alambradas de púas.
La Guardia nos requisa las maletas & se adueña de fósforos y velas.
Así la marcha es mucho más umbría.

Un espanto silba entre los abetos &, más allá, en lo nocturno del bosque,
el ladrón abre sus verdes pupilas.

Seguimos los astros enrojecidos como luces traseras de camiones
que nos rozan con su estruendo de polvo.

«CLEMENCE» / CUARENTENA

Navegamos hacia un país en guerra.

Más de cien días de verdes mareas entre vómitos, viruela & suicidios.

Hemos botado los muertos al mar & ha bullido como una sopa de asco.

Los venezolanos nos traicionaron.

Viajamos en containers, como chinos, clamando en una lengua incompresible.

El coronel examina a las vírgenes & se huele los dedos todo el día.

Los venezolanos nos han engañado.

Anoche se comieron un delfín bajo meteoritos lagrimales.

Nuestra patria es una fragata sucia, llena de escamas, ratas & espinas.

Este país realmente nos odia porque llegamos con la peste roja.

Este país realmente nos odia porque izamos la bandera negra.

No saben que venimos de un incendio, que somos las siluetas del terror.

El coronel nos junta en la cubierta & ordena que tapemos nuestras bocas.

Solo entonces nos vimos a los ojos.

Venezuela ha cerrado sus compuertas; nos ha empujado hacia la mar.

Qué malditos. Qué rencor. Qué vergüenza.

DEUTSCHTUM / 1843

Ha muerto el arlequín del carnaval & cargamos su cuerpo entre las cumbres
para enterrarlo en la fuente del pueblo.

Pero en el Palmar del Tuy solo hay viento.

Reunidos en la cima nublada nos cubre de la lluvia un encerado.

La Logia nos ha hecho sus esclavos.
No nos dieron escuadras ni compases, sino hachas, machetes & escardillas.

Quemamos la madera de los cedros & la incrustamos en paredes blancas.

Lo mismo hicieron los negros criollos; metiendo su morcilla en nuestro plato;
quemando nuestras casas en la guerra; bañándose en barriles de cerveza.

Emerge de la fuente el arlequín ante una procesión de batas blancas.

El sacerdote imparte el nazismo a colegiales de negros tirantes.

Los primos se acarician en establos; los turistas fornican entre fresas.

Venimos de la selva más oscura.

Lápidas ovaladas como leyes, inclinadas & rotas en la niebla.

HERRERA LUQUE IN DER WÜSTE

Estoy en el muelle de la Puerta de Indias.

Enormes cajas cubiertas con redes transportan botellas de aguardiente
orinadas por cien ratas negras.

Este sueño siempre es turbulento.
He llegado a los blancos sanatorios, donde un rey escribe su nombre con heces
& me traspasa el pecho envejecido, hundiendo su espada con dos manos.

Mi corazón es una luna roja; un entierro de monedas doradas.

Después de comerse sus propias piernas, una familia muere en Guasare.
Ahora caminan con los viajeros; fugitivos de ojos espantados;
amantes que atraviesan el país atraídos por el flujo más dulce;
colosales choferes cocainómanos que tiemblan con baratas felaciones
& tocan sus cornetas a las cruces.

En Nueva Augsburgo la tierra es asesina.

Una casa de barro entre cujíes. Los diablos balando en cuatro patas.
Sal, ruinas, cardonales, alacranes & otra casa a kilómetros de sol.

Las nubes se parecen a la arena, la arena se parece a la vida,
modelada por el viento y su furia.


Extraído de Welserland, de Víctor Manuel Pinto (Kavrial, 2021) | Buenos Aires Poetry 2022