3 poemas | Sean Salas

Sean Salas (Heredia, Costa Rica, 1997). Autor de los libros Alter Mundus (El Ángel Editor; 2021) y Ciudad Gótica (Nueva York Poetry Press; 2022). Ganador del VIII Premio Internacional de Poesía Paralelo Cero. Su obra aparece en antologías nacionales e internacionales y ha sido publicado en revistas como La Raíz Invertida (Colombia), Nueva York Poetry Review (Estados Unidos), Círculo de Poesía (México) y Altazor (Chile).

FARAI UN VERS DE DREYT NIEN

Como Guillermo de Aquitania
fallé escribiendo una canción sobre nada:
que no trate de mí ni de nadie.
Así descubrí que soy un maestro del disfraz.

Solo el reloj astronómico de Praga
sabe en qué hora nací.
Ignoro si moriré en París con aguacero.
Ignoro si Dios agonizará el día de mi reencarnación.

Mi autorretrato es el desierto
con las huellas de los espejismos.
Envidio a quienes distinguen
cuándo están felices y cuándo están llorando.

Por primera vez en mucho tiempo
se abrió mi corazón con un chirrido
igual al oxidado portón de la casa abandonada;

¿qué haces tú en un poema como este?

También eres polvo animado con la imaginación
pero contigo a mi lado sería más fácil
estar aquí en la oscuridad
enterrado hasta la cintura en el hielo

(De Alter Mundus; 2021)

ESPERANZA DE VIDA EN SIRIA

La esperanza de vida de una mosca
es de un día o menos,
no tienen tiempo para ser filosóficas.

En Siria, las moscas son muy felices.
Si tuvieran boca sonreirían de antena a antena.
Si tuvieran cerebro sabrían que son moscas.

Sobrevolando un campo recién bombardeado
ven una manita sobresaliendo de los escombros,
piensan que esa manita empolvada —sin vida—
es una flor. Según las moscas los niños
son semillas sembradas en cemento.

En ese jardín gris de residuos radiactivos
las moscas juegan a ser mariposas
descansando en pétalos tiesos.

Durante su corta existencia
las moscas en Siria nunca están tristes,
hay suficientes flores para todas.

ZOSO

Lo que yo necesito son largas vacaciones
en un lugar embrujado como la casa Boleskine.
Cuentan que en sus pasillos se escucha
una cabeza rodando y oraciones de los monjes
que sin enterarse murieron quemados en el interior
mientras gozaban de una orgía ocultista.

Me vendría bien perder la cabeza,
convertirla en lámpara para los lunáticos
como hizo Bertrán de Born,
relajarme estrellando mi cráneo contra la pared
al estilo del suicida Pedro Desvignes
o jugar con el monstruo del Lago Ness
como si cabeza fuera una rama y él un sabueso.

Lo que sea con tal de silenciar
el monólogo de Hamlet dentro de mí.
La última expresión del decapitado
nunca es peor que la mirada del hombre vivo
incapaz de ignorar la duda existencial:
ser o no ser.

(De Ciudad Gótica, 2022)


 

Nueva York Poetry Press | Colección Museo Salvaje