Trobar clus: “Poemas Humanos” | César Vallejo

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César Vallejo

(1892-1939)

 

 

 

César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892 – París, 1939) fue sin duda el primer poeta latinoamericano que rompió con la modernidad trillada y eurocentrista de Ruben Darío en pos de perseguir su demonio y vocabulario interior, en búsqueda de una nueva poesía.

A cien años de cumplirse el aniversario de Trilce (1922) –acaso el volumen más oscuro, original y desgarrador de Vallejo–, muchas editoriales han venido publicando material del poeta peruano: desde la reedición de Poesías completas (Visor, 2017), pasando por sus escritos de poética, titulados Ser poeta hasta el punto de dejar de serlo (Pre-Textos, 2018), así como recientes antologías, como Ya va a venir el día. Antología poética esencial, compilada por Miguel Ángel Zapata (Poética Ediciones, 2021), entre otros.

Se agrega a los mencionados la reciente aparición de Poemas Humanos (Galaxia Gutenberg, 2021), una suerte de antología que fue publicada póstumamente bajo la supervisión de Georgette Vallejo, viuda del poeta, y que reúne poemas dispersos escritos en Europa (1923-1938), algunos de ellos publicados en revistas. Para apreciar de fondo la forma estética e ideológica de este conjunto, es necesario volver a sus primeros trabajos, así como remarcar detalles puntuales de su propia vida.

César Vallejo nació en Santiago de Chuco, en un ámbito de pobreza extrema. Fue el onceavo hijo de una familia sin recursos, lo que determinó que el poeta buscara trabajo tempranamente en el Asiento Minero de Quiruvilca y que frecuentara a los peones de una hacienda azucarera. Sus idas y vueltas a diversas carreras universitarias (muchas veces abandonadas por problemas financieros), fueron sin embargo abriéndole camino a su labor como profesor escolar y bibliotecario.

Por esa época Vallejo escribió su primer libro, Los heraldos negros (1919), un trabajo que si bien conjuga el gusto modernista (Darío, Herrera y Reissig), se desprende de lo pomposo y de lo trivial, en pos de una expresión más austera, auténtica, que se atreve a los regionalismos. Esta primera etapa de Vallejo, para muchos críticos, nada tiene que ver con la irrupción de un libro tan hermético, discordante y demoledor para la época y la historia de la poesía en lengua española como lo fue Trilce, aparecido en 1922. La explicación, de ninguna manera, puede sólo determinarse por la estructura del sentir de una época, el aire de vanguardias dadaístas y surrealistas que llegaban a Latinoamérica por medio de revistas españolas.

Desde 1918 hasta 1922, de forma sistemática la vida golpea a Vallejo: la muerte de una de sus amadas, en 1918, seguida de la de su amigo Manuel Gonzáles Prada así como la de su querida madre, personaje que aparece a lo largo de todo Trilce (“He almorzado solo ahora, y no he tenido / madre, ni súplica, ni sírvete, ni agua”). En agosto de 1920, como consecuencia de disturbios de tipo político en Santiago de Chuco, Vallejo es acusado injustamente de participar en el incendio y saqueo del almacén principal del pueblo, por lo que permanece preso por un lapso de ciento doce días. Lleno de orfandad y desamparo, en Trilce se ejecutan retóricamente invenciones sintácticas y rítmicas, se deforman palabras, se ejecutan modificaciones ortográficas, se combinan endecasílabos con tetrasílabos y hexasílabo, se sueltan las amarras dando lugar a pausas versales disruptivas. Trilce, en definitiva, introduce la sintaxis desgarrada que permite a Vallejo ir más allá de las limitaciones de las convenciones lingüísticas heredadas para dirigirse hacia un lenguaje fiel a su experiencia.

Hacia 1923, sin trabajo y temeroso del juicio por el incendio de Santiago de Chusco, Vallejo viaja a París, donde afianzará el resto de su vida a expensas de colaborar en diversos medios, traducir obras y maniobrar becas en España. Poemas Humanos compila sus poemas europeos prácticamente póstumos (1923-1938), donde continúa trabajando algunos temas que había tratado en sus dos primeros libros e introduce nuevos enfoques: la casa como centro vital, entre otros ritos religiosos, lo urbano y social, la naturaleza, la madre, la soledad del tiempo y el espacio de la palabra poética vertida entre sendos poemas en prosa y en verso.

En esta tercera etapa poética, el poeta abandona ciertos manierismos de vanguardia y combina el endecasílabo tradicional con heptasílabos o alejandrinos: “incógnito atravieso el cementerio, / tomo a la izquierda, hiendo / la yerba con un par de endecasílabos”. Síntesis de su experiencia y de sus propios avances estéticos, en Poemas Humanos Vallejo además se atreve a escribir textos de carácter proletario y marxista: “Más sólo tu demuestras, descendiendo / o subiendo del pecho, bolchevique, / tus trazos confundibles, / tu gesto marital, / tu cara de padre”; “la cantidad enorme de dinero que cuesta el ser pobre…”; “la cólera del pobre / tiene dos ríos contra muchos mares”. Pocos poemas suyos de este período retornan a la formalidad perfecta, más bien la métrica tradicional funciona como base para nuevos experimentos poéticos.

Forjador de una gramática personal e intransferible, profeta ahogado en la tinta de su caverna alternativa, a Vallejo sólo le resta esperar el golpe final en Montparnasse con la herida rota del latino: “César Vallejo ha muerto, le pegaban / todos sin que él les haga nada; / le daban duro con un palo y duro”. Y no mucho queda por decir cuando un hombre suelta sus lagartos en medio de la fiesta burguesa, cuando el fracturado (en suma) es el corazón de la poesía y la vida misma: “donde acaban en moscas los destinos, / donde comí y bebí de lo que me hunde”.

“donde acaban en moscas los destinos, / donde comí y bebí de lo que me hunde”.

César Vallejo, Poemas Humanos, Galaxia Gutenberg, 2021, 176 p. | Juan Arabia | Buenos Aires Poetry, 2021 | Texto originalmente publicado en Revista Ñ (Diario Clarín) –  2021-08-07