«Credo y técnica de la prosa moderna» de Jack Kerouac | comentado por Allen Ginsberg

Para concluir me gustaría hablar de la primera declaración que hizo Kerouac sobre su método de escribir, consistente en treinta aforismo que aplicó a su obra. Don Allen le pidió que hiciera un resumen de cómo escribir y Kerouac redactó una lista de principios básicos que tituló «Credo y técnica de la prosa moderna». Son consignas o recomendaciones de una sola línea dirigidas a escritores en prosa. Se subtituló «lista de principios básicos» y se publicó en el libro de Kerouac Heaven and other poems. El primero dice:

1. Cuadernos privados para tomar notas y páginas escritas a máquina espontáneamente y por placer.

Escribir para uno mismo y para los propios dioses y no para el mercado. Creo que Kerouac escribió esto cuando terminó Visiones de Cody y vio que rechazaban sus libros. Habían rechazado En el camino y Cody, y escribió más de una docena de novelas entre 1950 y 1997, año que apareció En el camino. El primer libro que publicó fue La ciudad y el campo, una novela tradicional sobre una familia, hermanos y hermanas, su salida de un pueblo y su instalación en una gran ciudad. Luego viene la descomposición de la familia y el efecto del mundo urbano en la familia nuclear a la antigua usanza.

2. Hay que escuchar, estar abiertos, someterse a todo.

Yo diría que cuando se sentaba a escribir, se sometía a su propia mente. Sus recuerdos se concentraban en un tema. Lo que hacía era, básicamente, imaginar lo que podía ser interesante como tema, fuera Los subterráneos, Los vagabundos del Dharma, un romance de instituto, o el héroe que le obsesionaba desde la adolescencia como el Doctor Sax. Luego hacía un resumen en su cabeza o en el papel de los asuntos principales que quería tocar. Y a continuación, como un músico de jazz, improvisaba de esos temas. Se sometía a todo, lo recordaba todo y entonces se ponía a escribir. Esforzándose por poner en el papel todo lo que le pasaba por la cabeza. No era exactamente el flujo de conciencia, que desde el punto de vista literario es muy aleatorio, sino la concentración en un solo tema y en todas las derivaciones asociadas.

3. No emborracharse fuera de casa.

Esto refleja la preocupación que sentía por sus problemas con el alcohol, que eran muy reales.

4. Enamorarse de la propia vida.

Esto es algo que la mayoría de la gente no hace. Lo que Kerouac dice es que hay que considerar sagrada la propia vida, pues de ese modo todo lo que sucede es artístico.

5. Lo que sintamos encontrará su propia forma.

No tenemos por qué idear la forma por adelantado si ya conocemos el principio, el centro y el final. Si hay algo que nos interesa, como por ejemplo, en el caso de Kerouac, el personaje de Dean Moriarty, o Cody, o Burroughs, o las demás personas que conocía, cavilemos al respecto y empecemos a escribir sin preocuparnos por cómo terminar. La obra encontrará su propia forma.

6. Ser el santo loco, el santo necio de la propia imaginación.

Lo que quiere decir que no hay que pontificar, que no hay que ser como los novelistas respetables del New York Times. Agotar las sutilezas de la propia inteligencia, pues aquí solo estoy yo pensando en las fantasías de mi infancia, mis primeros amores, mis primeras vacaciones en África. Usar detalles personales, ser coherente, explicarse ante otras personas. Todos tienen su propia vida secreta, sus propias humillaciones y victorias, sus propias fantasías adolescentes, sus propias chifladuras amorosas. Si una persona puede desnudar su alma de ese modo, se establecerá una conexión con otras. Tenemos un ejemplo en Whitman, en Huckleberry Finn, en Sherwood Anderson. Tenemos un ejemplo en Edgar Allan Poe, en “El corazón delator”, en “La barrica de amontillado”, en Estados Unidos no ha tenido nadie una mente tan lúcida como Poe. Poe influyó mucho en Kerouac.

7. Llegar hasta donde se quiera llegar.

Kerouac lo hizo en algunos de sus mejores apuntes.

8. Escribir desde el fondo de la mente lo que se quiera insondable.

9. Las indescriptibles visiones del individuo.

10. No interesarse por la poesía más de lo que corresponde.

Esta es buena. No más de lo que realmente entendemos, no más de lo que realmente pensamos en nuestra propia mente.

11. Tics visionarios temblando en el pecho.

Creo que este punto refleja el hecho de que escribiera bajo los efectos de la bencedrina, la anfetamina, así que los temblores podrían venir aquí.

12. Soñar con objetos que tenemos delante con fijación embelesada.

Concentrarnos en lo que vemos y describirlo como hizo Kerouac en apuntes como los de la vieja taza de té o el cine.

13. Eliminar las inhibiciones literarias, gramaticales y sintácticas.

Podemos abordar una nueva idea sin preocuparnos por acabar la anterior.

14. Ser como Proust, un veterano porrero del tiempo.

Este es mi favorito, ser como un viejo fumeta del tiempo, un experto anecdotista de la propia conciencia.

15. Contar la verdadera historia del mundo en monólogo interior.

16. El valioso centro del interés es el ojo dentro del ojo.

Supongo que se refiere al ojo interior, el ojo mental.

17. Escribir con recogimiento y para propio asombro.

Ya saben, a asombrarse solos.

18. Trabaja mirando con intensidad el exterior, en el mar del lenguaje.

Cuando Kerouac dice “mirando con intensidad en el exterior” quiere decir que el meollo de la descripción, o de la visión, o de la revelación, o del momento recordado es lo más intenso con que se empieza. Empezar con el primer recuerdo vívido que aparece en la mente y trabajar a partir de ahí. Empezar desde el valioso centro del interés. Hay que hacer gárgaras con lo que nos llegue a la boca. Tomemos las frases y añadamos todos los detalles.

19. Aceptar las pérdidas definitivas.

Tal fue la percatación, por parte de Kerouac, de que la vida misma era una especie de ceniza dorada. De que todos éramos fantasmas, en el sentido de que todo desaparecería al cabo de cien años, de que éramos una banda de fantasmas. Todo se perderá y también nuestros pensamientos.

20. Creer en el sagrado perfil de la vida.

En el sentido de que escribir es una especie de plegaria o devoción, actividad sagrada o piadosa, rememorar los acontecimientos, mirar la eternidad por el ojo de la cerradura de sus ojos.

21. Esforzarse por dibujar el flujo que ya existe intacto en la mente.

No podemos escribirlo todo en la mente, solo lo que la pluma se afana por recoger y lo que la mente alcanza a recordar en el fluir de los pensamientos. Escribir lo que aparece de modo natural y con la continuidad y en el orden que aparece, con toda la rapidez posible y con las palabras mínimas imprescindibles.

22. No pensar con palabras cuando nos detenemos, sino mejor ver imágenes.

Este punto es importantísimo. Es un consejo técnico práctico para escritores. Si visualizamos o revisualizamos los recuerdos, si miramos la imagen, las palabras acuden con facilidad. Si perdemos la pista de la imagen, el acontecimiento real, visible y palpable que estamos recordando, entonces nos quedamos en el aire mientras tratamos de recuperar una frase antigua porque ya no tenemos las palabras relacionadas con una imagen sustantiva, que nos permitiría conectar con otras palabras. Por general, cuando escribimos, nos detenemos cuando perdemos el hilo de lo que estamos pensando o perdemos el hilo del tema. Por eso volvemos sobre el tema, volvemos a la imagen inicial.

23. Mantener el recuerdo de cada día grabando a fuego la fecha de cada mañana.

En otras palabras, ser consciente del drama de cada día. Kerouac, cuando despertaba cada día, tenía la fecha delante, era consciente de que era jueves, así tomaba conciencia de que estaba vivo y conservaba el recuerdo de la aventura de su día a día. Pensaba que había que enamorarse de la propia vida.

24. Ni miedo ni vergüenza en la dignidad de nuestra experiencia, nuestro lenguaje y nuestro conocimiento.

No hay nada de que avergonzarnos en nuestras experiencias ni en nuestro lenguaje ni en nuestro conocimiento. Si somos homosexuales, podemos escribir sobre ello, o si somos artísticos, también podemos escribir al respecto. Así pues, cagarnos encima es un acto sagrado y no algo de lo que tengamos que avergonzarnos. Es una inversión total de la actitud habitual , que consiste en creer que obramos mal, o que somos idiotas, incluso cuando estamos equivocados.

25. Escribir para que el mundo lea y vea nuestra exacta representación del mismo.

Lo que dices es que hay un mundo exterior al que también se convence escribiendo.

26. La película-libro es la película con palabras, la forma visual americana.

Si recordamos nuestra infancia, nos esforzamos por verla como una película-libro, como una película con palabras, la forma elemental americana. Kerouac concebía sus ficciones, sus novelas, como películas, escenas que aparecían ante el ojo-cámara del ángel filmador, Kerouac.

27. En elogio del carácter en la desolada e inhumana soledad.

Que es como decir que sabemos que lo único que tenemos al final es muerte. A Jack le interesaba la conciencia individual, la toma de conciencia del carácter individual.

28. Componer con salvajismo, sin disciplina, con pureza, desde el fondo, cuando más alocadamente mejor.

29. Somos genios todo el tiempo.

En otras palabras, confiemos en nuestra mente.

30. Guionista-director de películas terrenales financiadas y angelizadas en el cielo.

El ángel es el único que responde por la película.


Extraído de Allen GINSBERG, Las mejores mentes de mi generación. Historia literaria de la Generación Beat. Traducción de Antonio-Prometeo Moya, Editorial Anagrama, Barcelona, Septiembre 2021, pp. 486-492 | Buenos Aires Poetry 2022 | Imagen: The New Yorker