A John Keats, poeta. En primavera | Countee Cullen

Countee Cullen (1903-1946) fue una de las voces más representativas del Renacimiento de HarlemCullen ingresó a la Universidad de Nueva York después de la secundaria. Casi al mismo tiempo, sus poemas se publicaron en The Crisis, bajo la dirección de W. E. B. Du Bois, y Opportunity, una revista de la National Urban League. Poco después fue publicado en Harper’sCentury Magazine y Poetry. Ganó varios premios por su poema «Ballad of the Brown Girl» y se graduó en la Universidad de Nueva York en 1925. Ese mismo año publicó su primer volumen de versos, Color (Harper & Bros., 1925), y fue admitido a la Universidad de Harvard, donde completó una maestría en inglés. Cullen continuó publicando varias colecciones de poesía más, incluidas On These I Stand: An Anthology of the Best Poems of Countee Cullen (Harper & Bros., 1947), The Black Christ and Other Poems (GP Putnam’s Sons, 1929) y Copper. Sol (Harper & Bros., 1927).

A JOHN KEATS, POETA. EN PRIMAVERA

No puedo callarme, John Keats;
nunca hubo una primavera como esta;
es un eco que repite mi canción del año pasado
y la dicha del próximo.
Yo sé que aunque la belleza esté en boca de todos,
tú la sentiste más.
Sí, su huella dirige a tu tumba.
Pobre, malherido, fantasma lírico,
la primavera nunca fue tan querida
como la muestra la Belleza este año.

No puedo callarme, John Keats,
estoy tan indefenso en la lucha
de primavera como un cordero que gime
al sentir el suelo retroceder bajo sus patas.
La primavera da su señal a los que la aman,
y ¡miren! los pétalos de cornejo cubren
su seno con soplos de nieve, y gaviotas blancas
vuelan chillándole, y rodean sus hombros,
y besan su mejilla, mientras lilas blancas y púrpuras
cobran tal fuerza que las lleva a ser racimo
de color y aroma; por su bien
todas las cosas que dormían, ahora están despiertas.

Y tú y yo ¿no haremos nada,
Johns Keats, mientras nos convoca la Belleza?
De algún modo siento que tu voluntad sensible
palpita un trémulo curso de savia en un arce,
cuyas hojas cobran música al crecer
porque allí esta tu voz salvaje, arpa que se aflige por la vida,
que abre la puerta oscura de la muerte.
Aunque polvo, tus dedos aún empujan
la Visión Espléndida a un nacimiento,
aunque ahora trabajen como hierbas en el silencio
de la noche sobre la amplia página dulce de la tierra.

“John Keats está muerto”, dicen, pero yo
que escucho tu llanto insistente
en hoja y árbol, tallo y flor,
sé que John Keats aun hace poesía.
Y mientras mi cabeza está hincada
para leer la vida nueva brotando de tu sudario,
los que me ven deben pensar que es extraño
que esta mera estación me tenga así desalineado.
No saben que tú, John Keats, trasnochas conmigo.

TO JOHN KEATS, POET. AT SPRINGTIME

I cannot hold my peace, John Keats;
There never was a spring like this;
It is an echo, that repeats
My last year’s song and next year’s bliss.
I know, in spite of all men say
Of Beauty, you have felt her most.
Yea, even in your grave her way
Is laid. Poor, troubled, lyric ghost,
Spring never was so fair and dear
As Beauty makes her seem this year.

I cannot hold my peace, John Keats,
I am as helpless in the toil
Of Spring as any lamb that bleats
To feel the solid earth recoil
Beneath his puny legs. Spring beats
Her tocsin call to those who love her,
And lo! the dogwood petals cover
Her breast with drifts of snow, and sleek
White gulls fly screaming to her, and hover
About her shoulders, and kiss her cheek,
While white and purple lilacs muster
A strength that bears them to a cluster
Of color and odor; for her sake
All things that slept are now awake.

And you and I, shall we lie still,
John Keats, while Beauty summons us?
Somehow I feel your sensitive will
Is pulsing up some tremulous
Sap road of a maple tree, whose leaves
Grow music as they grow, since your
Wild voice is in them, a harp that grieves
For life that opens death’s dark door.
Though dust, your fingers still can push
The Vision Splendid to a birth,
Though now they work as grass in the hush
Of the night on the broad sweet page of the earth.

«John Keats is dead,» they say, but I
Who hear your full insistent cry
In bud and blossom, leaf and tree,
Know John Keats still writes poetry.
And while my head is earthward bowed
To read new life sprung from your shroud,
Folks seeing me must think it strange
That merely spring should so derange
My mind. They do not know that you,
John Keats, keep revel with me, too.


Extraído de Countee Cullen, The Negro Caravan, 1941, The Dryden Press: Nueva York, p. 360 | Traducción de Ignacio Oliden | Buenos Aires Poetry 2022


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