Natalia Ferrari (Buenos Aires, 1989) es licenciada en Marketing, con un posgrado en Marketing Digital. Vive en Mar del Plata desde la infancia y se desempeña como profesora universitaria y líder de equipos en agencias de publicidad digital internacional. Creció rodeada de libros: desde pequeña, su madre le recitaba poesía y le leía cuentos antes de dormir. Así fue como, al crecer, encontró en la poesía una forma de habitar el mundo, una lente, una alquimia que permite ver la belleza tanto en la alegría como en el dolor. Su primer libro, Estaciones del alma, nace del deseo de acompañar al lector en sus propios procesos emocionales, a través de un recorrido íntimo dividido en cuatro estaciones. Cada una ofrece una selección de poemas que exploran emociones características de ese momento: desde la pérdida y el duelo del otoño y el invierno, hasta el renacer y la intensidad vital de la primavera y el verano.
Otoño
VI.
Como un pájaro enjaulado,
mi corazón añora y teme
la libertad de volar,
inquieto
por las réplicas
de su propio latir.
Invierno
III.
Ya no tengo más aire
de tanto nadar
contra la corriente.
Los ojos me arden
de tanta sal.
Este vórtice
me traga como la verdad
de que el dolor es inevitable.
Tal vez deba rendirme,
dejarme fluir
y flotar.
Al fin y al cabo,
fui yo
quien se metió en este mar.
Primavera
III.
Miro el mar y me pregunto
por las manos que ha sostenido,
las lágrimas que ha secado en su vaivén,
las soledades que ha aplacado en su inmensidad.
Como si su profundidad pudiera llenar cualquier vacío.
Como si su mera existencia fuera consuelo,
porque siempre está ahí
aunque nadie lo vea,
como la belleza de las flores
que no florecen para ser vistas
sino que son vistas porque florecen,
porque su magnificencia no deja de existir
por estar solas,
porque nadie las ve,
porque necesitan, alguna vez,
la compañía del mar.
VI.
Los mirlos cantan
con la misma devoción
en el verde y en el hormigón,
indiferentes a la fútil significancia
de la mirada ajena.
Su canto es una declaración,
un recordatorio
de que un jardín puede florecer
a la sombra de un rascacielos,
y que la canción de un ave
puede ser más clara que el ruido.
Verano
V.
Si dejás de alimentar a los gorriones,
notarás que, por un tiempo, siguen viniendo,
buscando algún vestigio de tus manos,
hurgando en las migajas de tu ausencia.
Y si un día, acaso, decidís
volver a ofrecerles un poco de comida,
también tardan en regresar,
como quien vuelve con cautela
al sitio donde aprendió el hambre.
Alimentar un alma requiere de consistencia.
Estaciones del alma
Buenos Aires Poetry, 2026
64 pp.; 13,34 cm x 20,32 cm.
ISBN 9786316688484
Poesía Argentina

