Para un retrato del brigadista Eric Arthur Blair, por M. G. Burello

De la campaña española el espigado camarada escritor
se llevaría un balazo en el cuello y la incómoda sensación
de que nunca ganan los buenos: lo imposible
quiere hacerse real a toda costa
y a los ilusos por el drenaje los lleva.
Ahora no era la gripe, sino el fascismo
la desmadrada ola de infección y podredumbre
que infestaba (una vez más) a nuestra autodestructiva especie
y su epítome localizado, la Europa flamígera.

Lo cierto es que el compañero Blair se alistó y en los montes catalanes
empuñaba antes el lápiz que la bayoneta.
Tenía mala traza, por supuesto, ni qué negarlo;
los veteranos lo daban por muerto en cuestión de semanas.
Pero aguantó… “I’ll stand tall” decía, bromeando,
mientras tosía y anotaba una contraseña que nadie sabía ni recordaba.
Su tímido bigotito y su mirada nostálgica
no encajaban en esa fragua de héroes y pusilánimes.
Más distinguido, más noble, más humano,
canjeó el escritorio por una caminata a la par en la guerra
(al revés que en aquella triste y hermosa canción).
El uniforme tampoco le sentaba, aunque sí que le cuadraban
malentender las órdenes y pelear por una causa perdida,
farfullando un idioma extraño a orillas del Mediterráneo.

Mister Blair era un hombre larguirucho y desgarbado.
Su aspecto endeble disimulaba sus férreas convicciones
y su actitud bonancible enmascaraba pasiones explosivas.
Odiaba la violencia, pero las circunstancias siempre lo hacían portar un
…………………………………………………………..⌈arma.
Agente de policía y soldado voluntario, periodista y corresponsal, espía
…………………………………………………..⌈e intelectual:
fue todas esas cosas con una tímida discreción,
con una gracia no exenta de torpeza,
y así pudo componer ensayos y narraciones que ya son inmortales y
………………………………………………⌈conspicuos.

El brigadista Eric Arthur Blair representaba a la Gran Bretaña,
mas había nacido y crecido en la Bengala india,
y en Birmania había visto morir gente y hasta había matado a un elefante.
A la larga había aprendido que sólo se invoca a una nación para hacer la
…………………………………………………………⌈guerra
y descreía de las banderas y los partidos, los líderes y las proclamas.
Para el mundo eligió llamarse John Freeman, y más famosamente, George
……………………………………………………..⌈Orwell.
Casi nadie parecía necesitarlo y sin embargo expresaba ideas
……………………………………………..imprescindibles.
Era compasivo por demás y sus últimos libros serían, a la sazón,
los más profundos y crueles de un siglo muy cruel y no tan profundo.
Tuvo una vida austera y sin triunfos, apenas gratificante,
con algo de pobre inmigrante y orgullo monacal.
Las batallas que ganó hoy se miden en páginas.
Eric Arthur Blair, a.k.a. George Orwell: we salute you!

M. G. Burello