El náufrago (Graveyard Poets), de William Cowper

 

La más oscura noche todo el cielo envolvió,
Las ondas del Atlántico rugían con fiereza,
Cuando un predestinado infeliz como yo,
Arrojado de a bordo de cabeza,
De amigos, de esperanza, de todo despojado,
Para siempre su casa flotante había dejado.

No podrá Albión jactarse de un jefe más audaz
Que el que partió con él en tal jornada,
Ni zarpó de las costas de Albión nave jamás
Con deseos más cálidos enviada.
Él los amaba a ambos, pero a ambos vanamente,
Ni a él lo contempló, ni a ella nuevamente.

No mucho bajo el agua que así lo sumergía
Iba a quedarse, experto nadador;
Tampoco sintió pronto declinar su energía,
Ni que se le acababa su valor;
Sino que con la muerte tuvo un largo combate,
Del que era el desespero por vivir acicate.

Gritó: no habían obviado sus amigos la norma
De controlar el rumbo del navío,
Mas la furiosa ráfaga se impuso de tal forma
Que, a merced de un inexorable brío,
Atrás al compañero dejaron relegado
Y siguieron la marcha por el viento empujados.

Pudieron ofrecer aún algún auxilio;
Y según lo permiten las tormentas,
Barril, jaula, cordel y algún otro utensilio
No demoraron en lanzar a tientas.
Mas ni barco ni costa nunca más (se sabía),
Cualquier cosa le dieran, él ya visitaría.

Tampoco pudo él, por cruel que pareciera
Esa premura de ellos, condenarlos,
Conciente de que sólo la huida verdadera,
En semejante mar, podía salvarlos;
Mas sintió amargo el hecho de que así se moría
Abandonado, amigos habiendo en cercanía.

Sobrevive muchísimo el que vive una hora
En el mar, sostenido por sí mismo;
Y durante ese tanto, con fuerza rendidora,
Repelió él su destino hacia el abismo;
Y mientras los minutos volaban, uno, dos,
Él imploraba ayuda o bien gritaba “¡Adiós!”.

Al fin, pasado ya su respiro veloz,
Sus camaradas, que ya habían oído
Antes en cada ráfaga su voz,
No pudieron captar más el sonido:
Pues entonces, rendido del esfuerzo, él bebía
La ola ahogadora, y allí entonces se hundía.

Si bien ningún poeta lo ha llorado, en verdad
La página con franca voz narrada,
Donde constan su nombre, su valía, su edad,
Por la lágrima de Anson ha quedado mojada:
Y lágrimas de bardos o héroes son iguales
En hacer a los muertos inmortales.

No planeo ni sueño, debido a tal razón,
Discantar sobre su hado inapelable,
Dar a esta melancólica cuestión
Una fecha que sea más perdurable:
No obstante, suele ser el sufrimiento afecto
A calcar en el caso de algún otro su aspecto.

Ninguna voz divina aplacó la tormenta,
Ninguna luz propicia dio luminosidad,
Cuando, sin eficaz ayuda o herramienta,
Perecimos, cada uno en soledad.
Pero yo bajo un mar más furibundo
Y sumergido en un abismo más profundo.

.

***

The Castaway

Obscurest night involved the sky,
The Atlantic billows roared,
When such a destined wretch as I,
Washed headlong from on board,
Of friends, of hope, of all bereft,
His floating home for ever left.

No braver chief could Albion boast
Than he with whom he went,
Nor ever ship left Albion’s coast
With warmer wishes sent.
He loved them both, but both in vain,
Nor him beheld, nor her again.

Not long beneath the whelming brine,
Expert to swim, he lay;
Nor soon he felt his strength decline,
Or courage die away;
But waged with death a lasting strife,
Supported by despair of life.

He shouted: nor his friends had failed
To check the vessel’s course,
But so the furious blast prevailed
That, pitiless perforce,
They left their outcast mate behind,
And scudded still before the wind.

Some succour yet they could afford;
And such as storms allow,
The cask, the coop, the floated cord,
Delayed not to bestow.
But he (they knew) nor ship nor shore,
Whate’er they gave, should visit more.

Nor, cruel as it seemed, could he
Their haste himself condemn,
Aware that flight, in such a sea,
Alone could rescue them;
Yet bitter felt it still to die
Deserted, and his friends so nigh.

He long survives, who lives an hour
In ocean, self-upheld;
And so long he, with unspent power,
His destiny repelled;
And ever, as the minutes flew,
Entreated help, or cried ‘Adieu!’

At length, his transient respite past,
His comrades, who before
Had heard his voice in every blast,
Could catch the sound no more:
For then, by toil subdued, he drank
The stifling wave, and then he sank.

No poet wept him; but the page
Of narrative sincere,
That tells his name, his worth, his age
Is wet with Anson’s tear:
And tears by bards or heroes shed
Alike immortalize the dead.

I therefore purpose not, or dream,
Descanting on his fate,
To give the melancholy theme
A more enduring date:
But misery still delights to trace
Its semblance in another’s case.

No voice divine the storm allayed,
No light propitious shone,
When, snatched from all effectual aid,
We perished, each alone:
But I beneath a rougher sea,
And whelmed in deeper gulfs than he.

∇  William COWPER, The Castaway (1799), traducción de ©Pablo Ingberg.