El Poeta & Otros Ensayos, de R. W. EMERSON «Introducción»

“Somos símbolos y habitamos símbolos”, y ninguna aproximación a las cosas (que somos también), por muy soberbiamente moderna que se pretenda, puede deshacerse de la idea que la constituye. La figura de las manos pegajosas del lenguaje es otra cara del mismo mito, pero se ha tomado parcialmente hasta llegar fatalmente al absurdo. Al negar la figura cósmica que es trascendental en todos sus usos y experiencias, la modernidad contempla extrañada, ingenuamente presocrática y aristocráticamente orgullosa, cómo la figura del hombre se descompone con ella.
Esta situación, lejos de ser nueva, es quizá la época de oscuridad a la que responde el nacimiento mismo de la filosofía si, como dice Emerson, entendemos que el valor superior de los hechos es que podemos usarlos como símbolos. Esto se ha querido ver o se ha visto como la muerte de la filosofía, pero sencillamente no es más que el principio. Los diálogos de Platón se escriben tras la muerte de Sócrates y es en el destierro de Dante donde se empieza a materializar la Comedia.
La ciencia nos sirve, pero tratar de conocernos a nosotros mismos exclusivamente desde la perspectiva científica es limitar nuestra condición acompañada del precepto mítico délfico que es quizá el principio de la forma superior de constituirnos, que es la forma filosófica o educación. Para Emerson, el poeta es fundamentalmente un emancipador.
La figura del misterio para nosotros es estructural. Solo el dios sabe. Pero a la pregunta filosófica por excelencia Emerson responde: “La poesía se escribió antes que el tiempo.”
El primer ensayo con el que nos encontramos en este volumen es “El poeta”, en el que se propone y se afirma que somos hijos del fuego, que la belleza es la creadora del universo y que el hombre es solo la mitad de sí mismo, que su otra mitad es su expresión. En realidad los tres puntos pueden tomarse como tres caras de la misma cuestión fundamental. El poeta es la figura que responde a la constitución de las cosas aunque, como nos dice Emerson, no hayamos visto nunca al poeta que describe materializado completamente.
Le sigue “Shakespeare, o el poeta”, donde se nos dice que todo pensamiento es retrospectivo y todo poeta cita, pero que “la esencia de la poesía es brotar, como hija arcoíris del asombro, desde lo invisible, para abolir el pasado y negar toda la historia.” Por el sustrato teológico desde donde se traza la escritura de Emerson, podría sugerirse que, su joven y viejo fan Nietzsche y la influencia de Montaigne aparte, se establece cierta comunicación (de la que no tenemos noticia periodística) entre la obra de Emerson y la de Walter Benjamin, quizá uno de los más americanos escritores europeos. Ya en este ensayo se vislumbran claramente puntos que en Tesis sobre la historia o Dirección única son capitales, pero es en el cuarto ensayo, “Cita y originalidad”, donde el paralelismo entre los principios emersonianos y una de las obras fundamentales de Benjamin, El libro de los pasajes, parece afirmar los primeros, lo que a través de Swedenborg llama Emerson “comunidad de almas”. Para ambos, citamos palabras, mesas y sillas, pero la historia es para nosotros y solo tiene sentido si llevamos a cabo el gesto de hacernos cargo de ella. El pensamiento es de quien está en disposición de albergarlo. Ni los muertos están a salvo. Quizá la clave de la comunicación entre ellos, o la forma más gráfica de formularla, sea que para ambos lo esencial es hacerse cargo de la universalidad de los símbolos cotidianos o ver en lo cotidiano la universalidad de los símbolos para dar luz a la vida superior, lo que en una carta a Hugo von Hofmannsthal de 1928 describe Benjamin como “captar la actualidad como el reverso de lo eterno en la historia.” Podríamos tomar la escritura de ensayo en el caso de Emerson y la escritura fragmentaria en el caso de Benjamin como dos ejemplos representativos del mismo principio: para Emerson, “la educación solo puede ser endógena” y para Benjamin “convencer es estéril”.
Como nos dice del secreto del metro de Shakespeare, que el pensamiento marca el ritmo, para Emerson lo estructural de la poesía es la imaginación y no la fantasía. “El verdadero poeta tiene el mundo como pedestal”. Nos dice que Tomas Moore “tiene la magnanimidad suficiente para decir que ‘si Burke y Bacon no eran poetas (sin ser los versos medidos necesarios para constituir uno), él no sabía lo que era poesía.’” Shakespeare le parece hasta cierto punto el paradigma de poeta no por sus sonetos (aunque le parecen magistrales), sino por su capacidad de representación, por su capacidad de dar vida a cosas muertas.
La diferencia entre, como dice Emerson, la poesía y la poesía de stock radicaría en la diferencia entre la imaginación y la fantasía: la fantasía divaga y es entretenimiento, la imaginación respeta la causa y es central. Y llegando hasta sus límites, en “Poesía e imaginación”, el ensayo que está en el centro, nos dice Emerson:

“Como ser al que hemos dado vida con artes mágicas, cuando lleva a cabo sus actos existentes independientemente del impulso del maestro, el poeta ha creado a sus personas, y entonces ve y narra lo que hacen y dicen. Semejante creación es poesía, en sentido literal, y su posibilidad es un enigma insondable.”

Emerson, además, escribió poemas y fue romántico, y también místico, durante un tiempo. Su escritura puede entenderse como una respuesta a la filosofía (representada por Platón), al misticismo (representada por Swedenborg) y al romanticismo (representada por Shakespeare), o como superación del platonismo (representado por Proclo), del misticismo (representado por el puritanismo) y del romanticismo (representado por Coleridge). Tradujo la Vida nueva de Dante y su influencia es fuerte. Beatriz es una figura fundamental para entender el que quizá sea el mito central del imaginario norteamericano, desde Emerson hasta el Rosebud de Ciudadano Kane pasando por el hecho de que el concepto de soberanía fue deliberadamente excluido de la Constitución: el mito de lo sagrado del salvajismo del alma humana. Hemos sido y somos creados. Solo el alma es soberana.
Quizá podría decirse que la figura que guarda una relación más estrecha con la figura del poeta o la poesía en Emerson es la figura de la vida superior. Desde el mito platónico de la caverna, la relación entre el mito y la posibilidad de la salida a la luz o la emancipación en nuestra filosofía es directa. Buscamos la expresión que dé forma a nuestro encontrarnos estando referidos. Nuestra constitución fundamentalmente no es científica sino poética o teológica. Como le pasa a Ulises en la revisión de su mito en la Comedia de Dante (que podríamos considerar una respuesta al problema de la Ilustración muy superior a la de Adorno y Horkheimer), conocer no es suficiente. No conocemos nuestra alma, surcamos poéticamente el espacio misterios en que nos encontramos con nosotros mismos, lo que quizá no es poco y es salir al aire libre. Platón no miente cuando se presenta a sí mismo como un contador de mitos. La posición emersoniana es quizá la que mejor responde, por ejemplo, al proyecto heideggeriano. Es superior en el sentido en que la imaginación es superior a la fantasía. Nos dice de nuevo en “Poesía e imaginación”:

“Si bien la imaginación intoxica al poeta, no está inactiva en otros hombres. La metamorfosis excita en el que contempla una emoción de júbilo. El uso de símbolos tiene cierto poder de emancipación y exaltación para todos los hombres. Parecemos tocados por una varita mágica que nos hace bailar y correr felizmente, como niños. Somos como personas que salen de una cueva o sótano al aire libre. Este es el efecto sobre nosotros de tropos, fábulas, oráculos y todas las formas poéticas. Los poetas son de este modo dioses liberadores.”

En el último ensayo de este volumen, “Poesía persa”, fundamentalmente se nos presenta a Hafiz, príncipe de los poetas persas, amante de la vida y la belleza, emancipador del espíritu y militante contra lo santurrón y la hipocresía al que no le importaría que hoy se le considerase el mejor de todos los raperos teniendo en cuenta también el curioso dato que nos da Emerson del tratamiento de la autoría en la tradición de la poesía persa:

“Solo sirve para la compañía aquel que sabe valorar la felicidad terrenal de una copa. Nuestro padre Adán vendió el paraíso por dos granos de trigo; así que no me avergüenza si le doy mucha importancia a un hueso de uva.”

“Cuando Hafiz canta los ángeles escuchan, y Anahita, la líder de la bóveda celeste, llama incluso al mesías en el cielo para ir al baile.”

Es representativo que este último ensayo y a la vez este volumen terminen con un poema de Ferideddin Attar como la inexplicable roca de la que habla sobre Prometeo Kafka, que en una parábola escribe:

“La expulsión del paraíso es final, y la vida en este mundo inapelable, pero la naturaleza eterna del evento (o, para expresarlo en términos de temporalidad, la repetición eterna del evento), hace posible que no solo podamos estar viviendo continuamente en el paraíso, sino que en la práctica estemos en él permanentemente, sin que tenga la menor importancia que sepamos o no que nos encontramos en el paraíso. Vivimos en pecado no solo porque comimos del árbol del conocimiento, sino porque aún no hemos comido del árbol de la vida…
Estábamos destinados a vivir en el paraíso, y el paraíso estaba hecho para nosotros. Nuestro destino fue alterado, pero no podemos estar seguros de que lo mismo haya ocurrido con el destino del paraíso.
Y si bien fuimos expulsados del paraíso, el paraíso no fue destruido. De algún modo, nuestra expulsión del paraíso fue un golpe de suerte, porque en caso de que nosotros no hubiéramos sido expulsados, se debería haber destruido al paraíso.”

En “Poesía e imaginación” podemos leer: “La poesía es inestimable como fe solitaria, una protesta solitaria ante el clamor del ateísmo.” No es casualidad que Harold Bloom, judío gnóstico en sus propias palabras socarronas, sea profundamente emersoniano aunque quizá no gane en su agón, y que Stanley Cavell, actual figura emersoniana mundial, sea doctor en Wittgenstein que, al fin y al cabo, buscaba la manera de decir que sí.

Fernando Vidagañ Murgui

∇ Ralph Waldo EMERSON, El Poeta & Otros Ensayos. Traducción de ©Fernando Vidagañ Murgui, 2016. Buenos Aires, Buenos Aires Poetry (Colección Ortodoxia), Julio 2016.