Álvaro Fierro (Translations – Steve Cranfield and Claudio Tedesco)

Álvaro 

From The Pointless Verses (Los versos inútiles), Editorial Quadrivium, Girona. Translations (2012) Steve Cranfield and Claudio Tedesco

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THE PHOTOGRAPHER MAN

For Jaime Fierro
As the photo of a city
puts on record its light or its streets
but hardly tells us about the photographer man,
whether he was left- or right-handed,
had kids or liked observing the sea,

whether his pulse quivered
but he bit his tongue almost to choking point,

whether he had to pawn some watch
left to him by his grandfather to pay for the camera,

whether despite being unable to read
our photographer man pondered a great deal what he did,

whether in fact the person who should have appeared smiling
with the city in the background
suddenly reminisced about infancy
and became ultra-transparent
and it was not humanly possible to convince the person
to behave properly
and become reasonably opaque,

whether at best he was simply a photographer
because God saw to it that he must be a photographer
but, had he been born before or better-looking,
he could have been a dog or a pianist.

By the way:
has anyone realised
that we don’t know if the photographer man has eaten,
if he’s going to get by till the end of the month taking snapshots
in which no one ever appears?

Was the hypocrite lecteur aware
that when the photographer man pitched up there didn’t even
exist a landscape
worthy of the name?

Can there be any doubt
that our photographer man has a backbone,
a head, trunk, extremities,
and a certain air of affection
when the light delivers to him what he hankers after?

EL FOTÓGRAFO

Cómo la foto de una ciudad
deja constancia de su luz o de sus calles
pero apenas nos informa acerca del fotógrafo,
si era zurdo o diestro,
tenía hijos o le gustaba ver el mar,

si le temblaba el pulso
pero tragó saliva y estuvo a punto de ahogarse,

si tuvo que empeñar algún reloj
que le legó su abuelo para pagar la cámara,

si pese a que no sabía leer
nuestro fotógrafo pensaba mucho lo que hacía,

si en realidad la persona que hubiera debido aparecer sonriendo
con la ciudad al fondo
de pronto recordó su infancia
y se volvió muy transparente
y no hubo forma humana de convencerle para que se comportara
como es debido
y se volviera razonablemente opaco,

si a lo mejor tan sólo fue fotógrafo
porque estaba de Dios que tenía que ser fotógrafo
pero, de haber nacido antes o más guapo,
hubiera sido perro o pianista.

Por cierto
¿se ha dado cuenta alguien
de que no sabemos si el fotógrafo ha comido,
si va a llegar a fin de mes haciendo fotos
en las que no sale nunca nadie?

¿Sabía el hipócrita lector
que cuando llegó el fotógrafo ni siquiera existía un paisaje
digno de tal nombre?

¿Existe alguna duda
de que nuestro fotógrafo es un vertebrado,
tiene cabeza, tronco, extremidades
y cierto aire de ternura
cuando le trae la luz lo que él desea?

∇ Fotografía: Alexander Calder, Roxbury, 1964, ©