El poeta bop espontáneo, de José Vicente Anaya

En la mayoría de las referencias literarias sobre Jack Kerouac se le clasifica (y queda congelado) como prosista, autor de novelas, además, esas referencias no escapan de contar con tan pobre información que sólo darán tres o a lo sumo cinco títulos, cuando sabemos que fue autor de más de veinte obras en prosa.
Pero la verdad es que tenemos en Kerouac a un gran poeta, tan singular que en su tiempo los “expertos” en poesía no lo reconocieron, salvo algunas opiniones de sus compañeros de generación.
Kerouac alcanza la categoría de poeta no sólo por la indiscutible presencia de sus poemarios publicados, sino por las atmósferas precisamente poéticas y las renovaciones del lenguaje literario tanto en sus libros en prosa como de poesía. Muchas intensidades se pueden recoger de su famosa novela En el camino, donde no parece que simplemente hable de jóvenes de la época sino de catervas de Rimbauds, de dadaístas o surrealistas, anarcoinventores; es decir, energías poéticas de vitalidad, por ejemplo cuando de él leemos:

…los únicos que me interesan son los locos, los locos por vivir, locos por hablar, locos por salvarse, deseosos  de  todo  al mismo tiempo, los que nunca bostezan ni hablan de lugares comunes; sino que arden, arden, arden cual fabulosos  cohetes pirotécnicos que estallan en el firmamento como arañas cruzando las estrellas…

En el reconocimiento temprano a la capacidad poética de nuestro autor,  cuando éste aún vivía,  otro polémico y crítico clarividente de profunda mirada, Henry Miller, opinó:

Jack Kerouac le ha hecho algo a nuestra prosa inmaculada, algo de lo cual ya nunca se recobrará. Kerouac es un amante apasionado del lenguaje, y sabe muy bien cómo utilizarlo; es un virtuoso de nacimiento que se complace en desafiar las leyes y convenciones de la expresión literaria que ahora está tullida; y rompe las trabas de la comunicación  entre  el  lector y el escritor.

En aquel ambiente literario de los Estados Unidos no fue ningún secreto que Jack Kerouac escribía poesías puesto que de 1945 en adelante en varias conocidas revistas aparecieron sus poemas. Ahora encontramos a Kerouac en por lo menos quince poemarios. Cito en español algunos títulos, aclarando que la mayoría no han sido traducidos a nuestra lengua (y varios muy mal traducidos…): Ciudad de México blues, Escritura de la eternidad dorada, Poemas dispersos, Paraíso y otros poemas, San Francisco blues, Richmond Hill blues, Bowery blues, Desolación blues, El libro de los blues (que reúne a todos los señalados con ese género musical), Trip trap (libro colectivo) y en una edición póstuma el Libro de los haikus (recopilación y prólogo de Regina Weinreich (comentario entre paréntesis: los dos libros de poesía de Kerouac que hasta hoy en día se han publicados en español, han tenido traductores empeñados en destruir lo poético, con tan terribles resultados que no son recomendables).
Considerando que entre las décadas de 1940 y 1950 en los Estados Unidos predominaba una visión pesadamente ortodoxa sobre lo que debe ser poesía, con una serie de cánones encerrados (como suelen ser éstos) en los recintos académicos, los poemas de Kerouac (y en general de los demás beats) no eran reconocidos. Para muchos críticos, profesores universitarios y poetas del status quo en ese tiempo vigente, era inadmisible que en poesía apareciera el lenguaje, las personas y las cosas de la cotidianidad, se consideraban de mal gusto las palabras coloquiales en términos de caló, slang, modismos; y mucho menos se aceptaba que la poesía pudiera retratar lo ordinario. En ese ambiente de literatura elitista era mal visto el jazz (música de negros que se tocaba en los barrios obreros) aunque Igor Stravinsky ya lo estaba incluyendo en sus obras para música de cámara. El jazz (también conocido entonces como blues o be bop, según el poeta beat negro Imamu Amiri Baraka -antes LeRoi Jones- en su libro Blues Poeple) era de los bares “bajos”, de los que habitaban las noches desoladas, estaba en los muladares de las grandes ciudades del progreso estadounidense.
Incluso, uno de los pocos poetas con renombre y de más edad que vieron con buenos ojos a los jóvenes beats, Kenneth Rexroth, despreció la poesía de Kerouac. A propósito de la primera edición en 1959 del poemario Ciudad de México blues, Rexroth dijo que dicho libro constituía una “ingenua desfachatez” y que darle el crédito de poesía era algo “más lastimoso que ridículo”. Sin embargo, el poeta más divulgado de la generación beat, Allen Ginsberg, varias veces declaró haber aprendido poesía por Jack Kerouac, y ese reconocimiento lo hizo desde la primera edición en 1956 de su poemario Aullido y otros poemas, que lo dedica con estas palabars: “A Jack Kerouac, nuevo Buda de la prosa estadounidense… De él he tomado algunas frases y el título Aullido.”
Al principio de Ciudad de México blues Jack lanza la convicción de su poética diciendo: “Quiero que se me considere un poeta jazzista que sopla un largo blues durante una sesión de jam en la tarde de un domingo.” Una explicación más detallada la dio a conocer en el texto que tituló “La sustancia de la prosa espontánea” en 1951 en que dice:

Cuando el ser del tiempo de la esencia está en la pureza del discurso, entonces el lenguaje insinuado fluye  desde la  mente, sin perturbación, como un secreto personal de palabras-ideas, soplando (como lo hace el músico de jazz) en la subjetividad de la imagen. [CON BASE EN LAS IMPROVISACIONES DE LAS JAM-SESSIONS, EL POETA PROPONE PARA LA LITERATURA Y ESPECIALMENTE LA POESÍA:] “No seleccionar la expresión sino  seguir libremente las desviaciones (asociaciones) de la mente en los límites que soplan sobre el sujeto en los océanos del pensamiento, nadando en el mar del lenguaje sin más disciplina que el ritmo de la exhalación y del relato contendiente, como un puñetazo cayendo sobre una mesa con toda la expresión al detalle: ¡pum! (el espacio ataca) — Tú debes soplar tan profundo como quieras —, escribe tan profundo como quieras, lo principal es satisfacerse a uno mismo, es entonces cuando el lector no puede dejar de percibir la sacudida telepática ni la emoción principal que opera bajo las leyes de la mente humana”.

En su libro Poemas dispersos (que reúne trabajos publicados en revistas de 1945 a 1969) bajo el título de “Los orígenes del gozo en la poesía” Kerouac hace una importante declaración de principios poéticos, y sobre todo, caracteriza a los nuevos poetas y a la poesía que se gesta en términos de su generación. Ahí dice:

La nueva poesía estadounidense clasificada como Renacimiento de San Francisco (donde se incluye a Ginsberg, a mí, Rexroth, Ferlinghetti, McClure, Corso, Gary Snyder, Philip Lamantia, Philip Whalen, según creo) es una especie de nueva-antigua poesía Lunática Zen, escrita tal y como llegue a tu cabeza, poesía que retorna a su origen, en la infancia bárdica, verdaderamente ORAL (como dijo Ferlinghetti) y no con ese aspecto gris de subterfugios académicos. Desde hace mucho tiempo poesía y prosa han caído en las falsas manos de la falsedad. Los nuevos poetas son puros y se confiesan abiertamente por el puro gozo de confesarse. Son NIÑOS. También son Homeros infantes con barbas grises que  cantan en las calles. Ellos CANTAN y BAILAN. Lo que hacen es diametralmente opuesto al disparo de Eliot anunciando  tan deplorablemente sus reglas negativas como una intención correlativa, etc., lo cual es exactamente mucho estreñimiento  y una radical castración de la masculinidad pura que urge a cantar con libertad. A pesar de las reglas estériles que él estableció, su poesía es sublime por sí misma. Podría decir mucho más pero no tengo tiempo ni tiene caso. Pero la  poesía de la ciudad de San Francisco es una nueva Sacralidad Lunática como la de los tiempos antiguos (Li Po,  Hanshan, Tom O Bedlam, Kit Smart, Blake) que también tiene esa disciplina que señala las cosas directamente, con pureza, concretamente, sin abstracciones ni explicaciones, ¡bum! ¡bum! El verdadero canto blues del ser humano.

Hasta aquí, las breves menciones al misticismo o poéticas de China y Japón (budismo, Zen, Li Po, Hanshan, Bachoo, Buzon), pero que en la vida y obra de Kerouac fueron determinantes. El estudio de esos temas y formas de vida los llevó a lo profundo el poeta beat Gary Snyder, en cuya formación incluyó el aprendizaje de los idiomas chino y japonés para abrevar en los textos originales, y luego acudir a estudios e iniciaciones en un monasterio Zen de Japón. Para Kerouac, dicho poeta y amigo de generación fue tan importante guía que llegó a ser un verdadero maestro que recibiría el honor de ser personaje importante en sus novelas como Ángeles de desolación y Los vagabundos del Dharma (donde hay sucesos que tienen que ver con el budismo). Otra novela que expresa la formación orientalista de Kerouac es Satori en París. En esos libros encontramos las meditaciones que lo llevaron a sus interioridades y visiones irrenunciables, como las de la mirada poética espontánea. En la preparación para todos esos encuentros, Kerouac hizo detallados estudios que dejó manifiestos en uno de sus cuaderno de notas y reflexiones que tituló “Algo del Dharma”. Esas ocupaciones y preocupaciones de Jack las encontramos mencionadas en muchos de sus poemas, y constituyen puntos centrales de su estética escritural; sencillamente su convicción de lo espontáneo (en prosa y poesía) no es otra cosa que la experiencia del satori en cuanto que éste constituye una súbita iluminación. Además de las menciones hasta aquí dichas, Kerouac escribió poesía absolutamente inmersa en el budismo, como es el caso de su libro Escritura de la eternidad dorada, un verdadero mantra sagrado desde la perspectiva de un misticismo que situado en Occidente se comunica con su parte oriental para reunificarse con su origen.
Otra gran carga oriental en la poesía de Kerouac es su profusa escritura del género poético de la brevedad por excelencia, que es el haiku japonés, inmerso en el budismo Zen y fuente del mismo. Aunque el haiku ya había sido visitado por poetas estadounidenses como Ezra Pound, William Carlos Williams, Amy Lowel y Wallace Stevens; fueron Kerouac y su generación quieness más lo divulgaron. Una interesante obra colectiva de haikus es la titulada Trip trap, de 1959, realizada por Kerouac, Albert Seijo y Lew Welch. Haikus escritos por ellos durante varios días de un viaje por carretera.
El Libro del haiku que al principio mencionamos, se debe a la investigación, estudio y recopilación que hizo Regina Weinreich en la obra dispersa de Kerouac, y maravilla que dicha investigadora haya encontrado nada menos que 651 haikus kerouaquianos, cantidad asombrosa que no sólo vuelve a atestiguar al poeta cabal sino también al gran experimentador convencido de sus visiones. En el prólogo, dicha estudiosa afirmó: “Jack Kerouac fue un poeta supremo que supo escribir de acuerdo con varias tradiciones poéticas, incluyendo sonetos, odas, salmos y blues (en lo que él se basó para crear idiomas de blues y jazz).”
Respecto a los nueve poemarios que Kerouac clasificó con el termino de blues (San Francisco blues, Ciudad de México blues, Bowery blues, etc.) son varias las contribuciones a la poesía. Además de darle un lugar muy importante a la improvisación (lo espontáneo como satori, habíamos dicho) hay una serie de recursos que en ese momento eran impensables en la poesía estadounidense como incluir el ruido, el grito, sonidos de la calle, rugidos y notas musicales en síncopa; todo eso diluido con palabras que nos hacen ver lo que  el poeta vio. Es así que Kerouac a su poética agrega la idea de que: “…en estos [libros de poesía] blues, como en el jazz, la forma está determinada por el tiempo y por el fraseo espontáneo de los músicos, armonizándose con el golpeteo del tiempo como si se formaran olas y olas en coros medidos.”
Hasta aquí sólo tratamos una pequeña parte de la formación y características del poeta Jack Kerouac. Tanto en sus poemas como en sus ideas es tema fuerte también su catolicismo del cual sustrae el salto a la trascendencia mística de, por ejemplo, san Juan de la Cruz o de santa Teresa, tema al que habría que dedicarle otro tiempo y espacio.

Existe un modo extraño en que Jack Kerouac se despidió del mundo después de su muerte. Y de este escrito así me voy a despedir ahora. Fue en un poema Alice Notley, también alcohólica como Jack. En ese poema Alice se declaró a sí misma como médium para que a través de ella Kerouac nos dijera algo desde el más allá, para terminar, lo leemos aquí:

JACK HABLARÁ A TRAVÉS DE ESTA MÉDIUM IMPERFECTA QUE ES ALICE:

…Las palabras son sólo una palabra,
…………………la palabra perfecta—
Mi cuerpo mi alcohol mi dolor mi muerte son
…………………sólo la palabra perfecta
mientras te lo estoy diciendo. Escuchen
.………………..pobres categorizantes sosos:
todo lo que he sido y he escrito fue
…………………únicamente y todo (amable)
esa palabra perfecta