Libro de conjuros – Emiliano Orlante

Todo conjuro es una desmesura, más si ese conjuro es contra el tiempo. Se sabe que nada puede un cuerpo contra esa maraña –pasado, presente, futuro–, por eso, hace falta excederlo, salir, saltar; por eso, hace falta un grito como un cuchillo, filo certero, que corte la noche.
No toda desmesura es irracional, la del Libro de conjuros, primer poemario de Emiliano Orlante, es más bien la de un jugador de ajedrez acorralado, o un brujo que sabe que su magia es siempre frágil frente a semejante adversario y, sin embargo, resiste aplastando el horizonte, reuniendo fragmentos, huellas, cortes precisos, amputaciones.
La palabra “desmesura” aparece de hecho en “Equis”, uno de los últimos poemas del libro, donde también se lee el término griego hýbris, es decir, desmesura, transgresión premeditada de los límites impuestos por los dioses. El descenso a los infiernos, motivo presente tanto en “El viaje” como en “Niño pródigo”, es una clara muestra de ella. En estos poemas, Orlante retoma la huella de los antiguos y hace su visita, aunque sea de una noche, aunque se reconozca ella misma ilusoria.
Pero la transgresión en este libro no se quiere solo existencial, ontológica; hýbris también es el concepto contra el que se erige la moral del respeto a las jerarquías sociales. En el poema que cierra el libro, la desmesura es ya revolucionaria. “Vorwärts!”, que en alemán significa “hacia adelante”, era el nombre de un periódico alemán que publicó textos de Marx y Engels. Aunque también puede leerse simplemente como Forward, línea de fuga del edificio de la civilización, línea tangente al círculo trazado, y su suma de dolor. Allí, el desvío permite el encuentro, aunque sea en el desierto: Siento que, al doblar, /nos encontraremos ahí, /como beduinos incontenibles. Se trata de negarse a reproducir el sistema inalterado, de negar, como se desliza en otro poema, la lógica de vinculación patriarcal y terminar con las incontables farsas que reiteran siempre la misma tragedia.

—del prólogo de Carla Sagulo

Brisa de verano

El viento,
al atravesar el artificioso pinar,
susurra agónico
y trae
consigo
fragmentos,
tal vez, de recuerdos

Las voces espectrales del pasado
componen ese indistinguible susurro

Impertérrito,
no distingo en el viento
más que un hálito vacío
solo fragmentos
que pudieron en algún punto pertenecerme

El viento trae vivencias.

Imágenes ya ajenas
Suceden inconmovibles
trozos de mi infancia lejanos, postreros lazos,
nada que cobre cuerpo

El tiempo manufactura huellas
Cortes precisos, amputaciones,
rígidas muecas
como la que ahora porto
al escuchar
el sonido del pinar.

Vorwärts!

Siento que, al doblar,
nos encontraremos ahí,
como beduinos
incontenibles.

En los umbrales
de la civilización,
que espera
con vino
y zozobra.

Traspasaremos
con un canto arrollador
sus arcos de mármol
y muerte.

Niños hermosos,
orgullosos de su integridad,
no extraña que callen
ante el peligro.

Profundos cristales,
frías cavidades.
Muecas groseras
estafadas.

Enriquecidos
exégetas tecnocráticos,
que con tus costillas
alzan emporios.

¡Cómo olvidar
a esos cómplices del dolor
codificando su pupilaje!

Promiscua belleza
lacera tímidos cuerpos,
tu impertinencia
disuelve miedos.

¡Vive en vos!, amigo mío, ya lo sé.
La ciudad se abre a tus pasos…

Cuando el tiempo
era más que inmensidad,
tu sombra brillaba
junto al diablo.

Y en esa vigilia,
la perpetua llama
siempre arrojó luz
a otros caminos.

Si esta noche no tengo respuestas,
esta noche
te mataré.
A vos,
nene blanco sigiloso.

Ese reguero
de incontables farsas…
ya es tiempo
de expiarlas.

conjuro

∇ Emiliano ORLANTE, Libro de Conjuros, Buenos Aires Poetry, 2016. 72 p. ; 20×13 cm. ISBN 978-987-46233-6-2 1. Poesía Argentina. © Emiliano Orlante. Reservados todos los derechos. Primera edición.