Abandono de la imitación de la naturaleza -Vicente Huidobro

Vicente Huidobro, seudónimo literario del poeta Vicente García-Huidobro Fernández, es considerado por la crítica literaria nacional e internacional como el promotor y divulgador del movimiento poético vanguardista en Chile y América Latina en el primer tercio del siglo XX, principalmente producto de la propuesta y desarrollo de su teoría estética conocida como Creacionismo.

Nació en Santiago el 10 de enero de 1893, en el seno de una aristocrática familia. Su primera educación formal la recibe de institutrices inglesas y francesas, para ingresar más tarde al Trinity College y, finalmente, al Colegio San Ignacio de la Compañía de Jesús. En 1910 comenzó sus estudios de literatura en el antiguo Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, pero no los completó. Sin embargo, su educación literaria se inició sobre todo al calor de las tertulias que oficiaba su madre poeta, María Luisa Fernández Bascuñán, con quien también publicó en 1912 su primera revista, Musa joven, y lo apoyó intelectual y económicamente a lo largo de toda su vida.

En medio de la acelerada modernización socio-económica y cultural de la época, además de la consiguiente crisis del orden oligárquico tradicional, Huidobro generó un discurso estético rupturista desde una posición de privilegio. Su vida literaria transcurrió entre la experiencia urbana del Santiago aristocrático y el París de la revolución vanguardista y experimental de los primeros decenios del siglo XX, lo que lo llevó a transitar entre una vanguardia elitista y otra más contestataria. Hacia la década del treinta Huidobro desarrolló más ampliamente la relación entre literatura y compromiso político, proponiendo una concepción creacionista más antropológica y humanista que aquella promovida hacia 1914 en su conferencia “Non serviam”, su primer manifiesto. Este anticipa su poética del creacionismo al proponer un abandono de la imitación de la naturaleza, propugnar la autonomía de la obra literaria y sostener una actitud crítica contra todo realismo.

Edad Negra

La muerte atravesada de truenos vivos
Atravesada de fríos humanos
La muerte de sobra llamando tierra por la tierra
Y de subida en los rostros amargos
La marea apresurada
Sobre los ojos y las piedras…
Cómo decir al mundo si es necesario tanto hielo
Si exige el tiempo tal suplicio
Para futuras voces nuevas

¿En dónde estás flor de las tumbas
Si todo es tumba en el reino infinito?
Sólo se oye la lengua del sepulcro
Llamando a grandes gritos
Las campanas secretas
En su misterio de memorias a la deriva
Semejantes al temblor eterno
Que se separa de los astros

No hay sacrificio demasiado grande
Para la noche que se aleja
Para encontrar una belleza escondida en el fuego

Perderlo todo
Perder los ojos y los brazos
Perder la voz el corazón y sus monstruos delicados
Perder la vida y sus luces internas
Perder hasta la muerte
Perderse entero sin un lamento
Ser sangre y soledad
Ser maldición y bendición de horrores
Tristeza de planeta sin olor de agua
Pasar de ángel a fantasma geológico
Y sonreír al sueño que se acerca
Y tanto exige para ser monumento al calor de las manos

Penan los astros como sombras de lobos muertos
En dónde está esa región tan prometida y tan buscada
Penan las selvas como venganzas no cumplidas
Con sus vientos amontonados por el suelo
Y el crujir de sus muebles
Mientras el tiempo forja sus quimeras
Debo llorar al hombre y al amigo
La tempestad lo arroja a otras comarcas
Más lejos de lo que él pensaba

Así dirá la historia
Se debatía entre el furor y la esperanza
Corrían a encender montañas
Y se quemaban en la hoguera
Empujaban ciudades y llanuras
Flanqueaban ríos y mares con la cabeza ensangrentada
Avanzaban en medio de la sombra espía
Caían desplomados como pájaros ilusos
Sus mujeres ardían y clamaban con relámpagos
Los caballos chocaban miembros en el fuego
Carros de hierro aviones triturados
Tendidos en el mismo sueño…
Guárdate niño de seguir tal ruta