William Carlos Williams: poesía y medicina (“Lamento”, “Destrucción Total”) – por Pablo Ingberg

Fundamental en la poesía estadounidense del siglo XX es el nombre de un médico que ejerció en su pueblo natal y en hospitales neoyorquinos durante gran parte de su vida. William Carlos Williams debe ambos extremos ingleses de su nombre al padre, y el intermedio hispánico a un hermano de la madre. Ella había emigrado de Santo Domingo a Estados Unidos para casarse con William George Williams, un inglés que, pese a vivir desde joven en Estados Unidos, jamás cambió su ciudadanía original: prefería el pasaporte británico para sus frecuentes viajes de negocios por Centro y Sudamérica, en uno de los cuales conoció a la que sería su esposa. Como el español del padre era superior al inglés de la madre recién emigrada, el futuro poeta creció escuchando menos el inglés que el español, y aun que el francés de algunos parientes maternos. Con el tiempo, traduciría al inglés a algunos poetas de lengua castellana; entre ellos, con ayuda de su madre ya anciana, a Quevedo. Nació el 17 de setiembre de 1883 en Rutherford, Nueva Jersey, por entonces un pueblo de unos cinco mil habitantes sin ningún servicio público: se bebía agua de lluvia recolectada al efecto y las casas se iluminaban con lámparas a kerosén. Él y su hermano un año menor, compañeros de niñez y juventud, cursaron estudios iniciales en la escuela del pueblo. Desde que se estableció allí una iglesia unitaria,¹ la familia asistió regularmente a ella. Fue el padre quien primero le transmitió el interés por la lectura. La madre, a quien algunos allegados atribuían facultades mediúmnicas, solía tocar el piano en la iglesia, y además pintaba. Ambos hijos la secundaron en esta última actividad durante sus años mozos. En 1897, el padre, que debía viajar a Buenos Aires por no menos de un año para instalar una fábrica, ofreció a su familia pasar ese tiempo en Europa. Madre e hijos se instalaron primero en Suiza, donde los muchachos asistieron a una escuela cercana a Ginebra, y luego en casa de unos parientes en París, donde asistieron al Lycée Condorcet. De vuelta en 1899, se inscribieron en la escuela pública de Rutherford, que por primera vez daba clases secundarias. Al año siguiente pasaron a una importante high school privada de Nueva York. Mientras estuvieron allí, asistían regularmente a una iglesia unitaria. Fue por el último año en esa escuela donde el poeta escribió sus primeros versos:

Una negra, negra nube
voló sobre el sol
conducida por una
feroz lluvia voladora.

Era el momento de las decisiones. Pintaba, como su madre. Comenzó a escribir, y la idea lo entusiasmaba. Pero no estaba en sus planes morirse de hambre por amor al arte. La carrera elegida para evitarlo fue medicina. Estudió en la University of Pennsylvania entre 1902 y 1906. Aunque disfrutaba de sus estudios, al principio pensó en abandonarlos para dedicarse a escribir. Incluso se interesó por el teatro y se imaginó actor. Finalmente, la razón práctica llamada dinero lo persuadió. Entre sus profesores, recordaría especialmente al de neurología, “con su gran cabeza redonda y las prominentes arterias temporales como serpientes gemelas sobre las sienes”. En la misma universidad estudiaba Ezra Pound, dos años menor que él, quien transitaba más decididamente ya los caminos de la poesía y llegaría a convertirse en un gran promotor de varios nuevos escritores de su idioma. Pronto trabaron una profunda y duradera amistad. Pound lo visitaba en su habitación y le leía sus propios poemas. A través de él conoció también a otro futuro nombre destacado en el ámbito de la poesía, Hilda Doolittle (H. D.). Gracias a un antiguo amigo de su padre, expulsado años antes de Puerto Rico por los españoles a causa de su lucha independientista, el médico recién graduado comenzó sus prácticas en el Hospital Francés de Nueva York, donde vería por primera vez morir a un paciente: “una vez que el hombre se ha ido, te deja… a solas con la enfermera”. Siempre en Nueva York, pasó luego a especializarse en pediatría en el Hospital Materno Infantil. Estamos en 1909. Pound, en Londres, publicaba sus primeros libros. H. D. había ido tras él. Finalizadas sus prácticas, Williams, sin trabajo, volvió a la casa paterna. Un extenso poema romántico a imitación de Keats, que venía escribiendo desde sus años de estudiante, acabó en las llamas. En el pueblo se estrenó una pieza teatral de su autoría, y apareció su primer libro de poemas, muy influido por Keats y Whitman. Paseando por el parque, vio jugando a una niña que más tarde sería su esposa para toda la vida. El padre ofreció financiarle un año en Europa. A despecho de Pound, que lo convocaba al centro literario londinense, eligió continuar con su especialización en Leipzig. Con todo, pasó un tiempo en Londres al regreso, y luego recorrió Francia, Italia (donde estaba su hermano, ya arquitecto) y España. El trabajo debía comenzar. No había dinero, así que se instaló en la casa paterna: el vestíbulo se convirtió en sala de espera y la despensa en consultorio. Su primer paciente fue un caso de caspa, que curó bastante para deleite de todos. Después de tres años de noviazgo, durante los cuales escribió algunos poemas y Pound y H. D. lo visitaron en Rutherford, se casó con Florence Herman, Flossie, el 12.12.12. Al principio alquilaron un cuarto vecino al consultorio; luego, con el primer hijo en camino, compraron una casa céntrica en cuotas, con ayuda del padre de ella. Tres veces por semana concurría a clínicas pediátricas en Nueva York. Aprovechaba esos viajes para encontrarse con poetas y otros artistas locales y europeos que por entonces acudían a la bullente urbe. Participó en revistas literarias que produjeron gran escándalo por incluir poemas que omitían no sólo metro fijo y rima, camino iniciado tiempo antes por Whitman, sino también las mayúsculas al inicio de cada verso, una tradición hasta entonces incólume dentro de la poesía en lengua inglesa. En 1924, se tomó un “año sabático”: seis meses en Nueva York y otros seis en una “gira literaria” por Europa. Varias coincidencias se dieron entre la familia creada por sus padres y la suya propia. Tuvo dos hijos varones. Viajó a Europa en 1927 y dejó a su familia en Suiza para que sus hijos pasaran allí un año escolar. El mayor de los hijos se recibió de médico. Y fue precisamente a ese hijo a quien cedería sus pacientes cuando en 1950, a los sesenta y siete años, renunció a su trabajo como médico para dedicarse exclusivamente a las letras. Por esa época, una serie de ataques lo dejaron semiinválido y con dificultades en el habla y la vista. Desde hacía unos años, era ya un poeta reconocido, invitado frecuentemente a dar recitales y conferencias en distintas universidades; final merecido para quien, como tantos otros, había tenido que empezar financiando la publicación de sus propios libros.
Durante toda su vida, que halló su punto final en 1963, no sólo incursionó en la poesía, sino también en la dramaturgia, la novela, el cuento, el ensayo, la autobiografía. Con todo, es como poeta que se lo recuerda. Su poética, pese a etiquetas y lecturas reduccionistas, es básicamente heterodoxa: nada de lo humano le era ajeno. Procuró, tal vez para diferenciarse de sus compatriotas “cosmopolitas” Ezra Pound y T. S. Eliot, hallar una música y una dicción poética propia del hablar estadounidense. Sólo se mantuvo fiel a un principio propugnado por el joven Pound, y que él reformularía en estos términos: no hay ideas sino en las cosas. No es propio del poeta exponer ideas sino su visión, exterior e interior, de las cosas. Para eso, afirmó que su otra profesión, la de médico, le fue de gran ayuda. A menudo le preguntaban cómo podía sobrellevar la duplicidad. Para él no eran más que dos aspectos de un mismo todo. El médico debe escuchar a sus pacientes, atender a las modulaciones de sus voces; ¿qué otra cosa debe hacer el poeta con su propia voz y la de quienes lo rodean? “Tratar a un hombre como algo a lo cual aplicarle cirugía, remedios o vudú me era indiferente; tratarlo como material para una obra de arte lo volvía de algún modo vivo a mis ojos”. “Las tarea del poeta no es hablar en vagas categorías sino escribir en particular, como trabaja el médico sobre un paciente, sobre lo que está frente a él, para descubrir en lo particular lo universal”.

Pablo Ingberg


 

Lamento

Me llaman y voy.
Es un camino helado
pasada medianoche, un polvo
de nieve atrapado
en las rígidas huellas de las ruedas.
La puerta se abre.
Sonrío, entro y
me sacudo el frío.
Hay una enorme mujer
de costado en la cama.
Está enferma,
acaso vomitando,
acaso esforzándose
por dar a luz a
un décimo hijo. ¡Alegría! ¡Alegría!
La noche es un cuarto
a oscuras para amantes,
a través de las celosías el sol
¡ha enviado una aguja dorada!
Le aparto el pelo de los ojos
y observo su miseria
con compasión.

Complaint

They call me and I go.
It is a frozen road
past midnight, a dust
of snow caught
in the rigid wheeltracks.
The door opens.
I smile, enter and
shake off the cold.
Here is a great woman
on her side in the bed.
She is sick,
perhaps vomiting,
perhaps laboring
to give birth to
a tenth child. Joy! Joy!
Night is a room
darkened for lovers,
through the jalousies the sun
has sent one gold needle!
I pick the hair from her eyes
and watch her misery
with compassion.

Destrucción total

Era un día gélido.
Enterramos a la gata,
después agarramos su caja
y le echamos un fósforo
en el patio de atrás.
Las pulgas que escaparon
de la tierra y el fuego
se murieron de frío.

Complete Destruction

It was an icy day.
We buried the cat,
then took her box
and set match to it
in the back yard.
Those fleas that escaped
earth and fire
died by the cold

¹ El unitarismo surgió en Estados Unidos en el siglo XVIII. Niega la Encarnación y la Trinidad y considera irrelevante la noción de pecado. Es, en esencia, un puritanismo despojado de toda teología, un conjunto de reglas de comportamiento orientadas al éxito en este mundo y al bien común. También T. S. Eliot fue educado en esta religión.

Nota: Las citas y los primeros versos del poeta están tomados de The Autobiography of William Carlos Williams (1951, 3ª ed.), New York, New Directions, 1967. Traducción y presentación de Pablo Ingberg.