“L” – Los (William Blake)

Los es el tiempo, hijo de Urizen, el creador de este mundo. La concepción de Los como tiempo persiste ininterrumpidamente a través de los Libros Proféticos. De Los, el Tiempo, llega a separarse Enitharmon, Espacio. El hijo de Los y de Enitharmon, Orc, es, en la visión mítica inicial de Blake, el símbolo de su evangelio anárquico, el espíritu de rebeldía. En Europa y en el Canto de Los, sin embargo, Los y Enitharmon son presentados como los artífices de la servidumbre moral e intelectual del hombre, función exactamente opuesta a aquélla que después le es atribuida.
En Milton, en realidad, Los es presentado como el Eterno Profeta. Subsiste así, en Blake, una doble concepción del símbolo. Los representa al Tiempo y al Espíritu Profético.
En los últimos Libros Proféticos, Los, que es el cuarto de los Zoa, es, además, una personificación dramática de la doctrina blakiana de una dirección providencial de la vida hacia un buen fin: él es impulso espiritual o imaginativo, la energía vital, y por lo mismo denominado “el Trabajador de las Edades”, “el Señor de las Fraguas” que, trabajando como en su yunque, infligiendo “amargo castigo” al mal o Satán, subyuga al Espectro. Como obra complementaria puede hasta ofrecer al Espectro visiones de belleza y de verdad, destruyendo los sistemas de la moral represiva que atrofian los sentidos y los sentimientos, construyendo para él la ciudad espiritual de Golgonooza.
En Jerusalem, en fin, Los viene identificado con Jesús, el regenerador. Él es el Profeta, el “Espíritu de Profecía” que se manifiesta en las obras de todos los maestros inspirados.

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