Poesía beat: Last will and, de Alden van Buskirk

“Nunca conocí a este joven poeta que lamentablemente murió a principios de sus veintes, pero pensé de inmediato leyendo sus versos ‘ah, qué encantador compañero hubiese sido para hablar en lo alto de techos y puentes, o sentados con una botella de vino o un delicado martini en el suelo del salón a las 3 de la mañana’”, escribió Allen Ginsberg en su corto prólogo para Lami, el único libro de Alden van Buskirk, publicado en 1965, cuatro años después de su muerte.
Poco se sabe de su vida, aunque su breve obra ha quedado ligada con la generación beat no solo por la bendición de Ginsberg, sino también por sus temáticas sobre la alienación en la sociedad estadounidense y el alarido de los diferentes.
David Rattray, el amigo de Van Buskirk que recuperó los textos y editó Lami, afirma en una breve ‘nota” que los poemas “fueron escritos en los últimos once meses antes de la muerte del poeta en diciembre de 1961”, en un hospital de San Francisco con apenas 23 años. “La mayoría eran borradores en garabatos casi incomprensibles. Salvo unas pocas excepciones, todos están incompletos y los espacios en blanco no han sido llenados”, explica.
Les presentamos Last will and y Oakland, 1961, ambos incluidos en la primera parte del libro, Lami in Oakland, y que corresponden cronológicamente a los últimos tres meses de su vida.

M. R. A.

Última voluntad y

Si muero durmiendo será en una convulsión cuyo “terror”
y “belleza’ demostraron ser finalmente irresistibles. Me elevo, el
tembloroso capullo temeroso de florecer.
Surge de sueños donde la música,
el color y los objetos se intercambian
solo por su continua llama. Es en el interior de la llama-
flor, que soy arrastrado sudoroso, a medias despierto y
horizontal. La columna se arquea en breves
espasmos. No veo nada arriba.
Oscuridad por doquier o mis ojos se han apagado.
Hasta ahora: sucumbí a la vida y desperté
temblando- un cobarde.
Pero cada vez más rígido,
cada vez más tenso, me hiero
con el deseo de
estallar y juro no más retiradas.
Dios quiere cogerme también,
y la muerte será mi última amante.
A ella entrego todo.

Oakland, 1961

en otro universo mental cuyas
asociaciones orbitan hacia afuera a la teoría
infinita mientras los cuerpos
se descomponen en cuartos amueblados de Oakland
se dispersan sobre los campos de maíz de Nebraska-
En Nueva York
el último reloj se agota
he terminado revolcándome con la última
mujer a punto de colgar su ropa,
besando al último bebé chino en la nariz.
Mi ternura va al cine
en Los Ángeles y está pegada al respaldo de una
butaca de terciopelo, la goma de mascar
de mi ternura
endureciéndose ahí con
los envoltorios de dulce de la nostalgia,
las palomitas de maíz de la compasión…
el último noticiero retransmitido hacia atrás
recupera la última casa ardiendo
y la gente escabulléndose adentro otra vez a través de las ventanas:
veo diez filmes de gángsteres en un día, masturbándome
tranquilamente con vestidos de 1920 y comiendo
toneladas de palomitas de maíz.
Luego danza mi propia sombra en la pantalla y
salgo corriendo para un último vistazo.

En cada ciudad lo mismo, esto es algo un poco de
ciencia ficción – ¿Estoy
allí entre los descerebrados? cadáveres hinchándose
en remolinos flotan de regreso al mar ahora,
yo llevado con la marea, no
aún puedo soñar al sol, el
ojo indiferente del sol, terremotos de cristal,
montañas las rodillas del
rugiente trueno de antiguos dioses, éste no
es mi fin, quizás peyote si pudiese
hallarlo, peyote para el mundo
para matar a la mente, aunque la mente ha
proscrito al espíritu y cubre todo
Estados Unidos con cemento, una enorme autopista
que no va a otro lugar que al mar.

El musgo del mar acecha al concreto,
el pez me ama no estoy perdido.
El mar avanza en la tierra, y suavemente
metódicamente toca con dedos húmedos las
últimas cenizas calientes.

Last will and

If I die in sleep it will be in a convulsion whose “terror”
and “beauty” proved irresistible at last. I rise, the
quivering bud afraid to blossom.
It comes out of dreams where music,
color and objects interchange
but for their continual flame. It is within the flame-
flower I am drawn up sweating half awake and
horizontal. Spine arches in short
spams. I see nothing above.
Darkness everywhere or are my eyes gone out.
Before now: I gave in to life and awoke
trembling- a coward.
But every time more rigid,
every time more pull, I
hurt with desire to
explode and vow no more retreats.
God wants to fuck me too,
and death will be my final lover.
I giver her all.

Oakland, 1961

in another mental universe whose
associations orbit outward to infinite
theory while bodies
decay in Oakland furnished rooms
blow over in the cornfield of Nebraska-
In New York
the last clock runs down
I have finished screwing the last
woman about to hang out her wash,
kissing the last chinese baby on the nose.
My tenderness goes to the movies
in Los Angeles and is stuck to the back of a
velvet seat, the sweet gum
of my tenderness
hardening there with
the candy wrappers of nostalgia,
the popcorn of pity…
the last newsreel running backward
restores the last burning house
and the people skitter in again thru windows:
I see ten gánsters films in a day, quietly
masturbating over 1920 dresses & eating
the pounds of State popcorn.
Afterwards dance my own shadow on the screen &
run out for a last look.

In every city the same, this is some science
fiction thing – am I
there among the senseless? corpses bloating
in eddies float back to sea now,
me carried along in the tide, no
I can still dream the sun, the
indifferent eye of the sun, earthquakes of crystal,
mountains the knees of
old gods bellowing thunder, this is
not my end, maybe peyote if I could
find it, peyote for the world
to kill the mind but the mind has
outlawed the spirit and covers all
America with cement, a huge highway
going nowhere but to the sea.

Sea moss creeps up the concrete,
the fish love me I am not lost.
The sea advances on the earth, and gently
methodically touches wet fingers the
last warm ashes.

Alden van Buskirk, from Lami, The last poems of a poet who died in 1961 in his early 20s collected from his writings by David Rattray, The Auerhahn Society, San Francisco, 1965.
Traducción ©Mariano Rolando Andrade.