Novela – Arthur Rimbaud

Una lengua capaz de traducir todo precisa un sujeto que la ejerza, que la enuncie –un sujeto tremendamente poroso, a su vez en permanente traducción. Su conocida frase, “Je est un autre” puede ser leída en este sentido. De hecho, traduciéndolo, ha adqurido para mí un significado contundente: mi propia voz es también la voz del otro. Escribo, no con ella, sino en ella. La raíz de esta poética está en el futuro, en la realización o la invención de algo que aún no existe –y quizás tampoco puede existir. Pero, entonces, cabe preguntarse: ¿no está acaso toda traducción afianzada en el futuro también? ¿En el intento algo ingenuo y a todas luces impracticable de hacer cruzarse a dos lenguas en un momento, en una página, para que en la frontera entre ambas se vislumbre apenas una posibilidad? El oficio de la traducción, como la poética de Rimbaud, busca en las palabras o oceano por achar, como bien dice Pessoa en los versos de Mensagem: “Arroio, esse cantar, jovem e puro, Busca o oceano por achar”.

Adalber Salas Hernández

Novela

I

Uno no es serio cuando tiene diecisiete años.
Una bella tarde nos hartamos de la cerveza y la limonada,
de cafés ostentosos con lámparas destellantes
–y nos vamos bajo los tilos verdes del camino.

Los tilos huelen bien durante las tardes de junio.
A veces, el aire es tan suave, que los párpados se cierran;
el viento cargado de ruidos –la ciudad no está lejos–
lleva aromas de vino y aromas de cebada.

II

He aquí que notamos un pequeño trapo
azul oscuro, enganchado de una rama precaria,
pinchado por una mala estrella que desaparece
con estremecimientos leves, blanca y mínima –

Noche de junio, diecisiete años. Uno se deja deslumbrar.
La savia es de champaña y se te sube a la cabeza –
Divagas, sientes en los labios un beso
que palpita, allí, como un animal breve.

III

El corazón enloquecido se siente un Robinson en las novelas.
Cuando, bajo la claridad de un farol pálido,
pasa una muchacha con aires encantadores,
cobijada por la sombra de su padre –

y, como ella te encuentra inmensamente ingenuo,
mientras trota con sus pequeñas botas,
se voltea hacia ti, alerta y con un movimiento vivo
– entonces sobre tus labios mueren las cavatinas.

IV

Estás enamorado. Alquilado hasta el mes de agosto.
Estás enamorado – tus sonetos la hacen reír.
Todos tus amigos se alejan, eres de mal gusto.
Luego, una noche, la más adorada se digna a escribirte.

Esa noche – vuelves a los cafés destellantes,
pides cerveza o limonada.
Uno no es serio cuando tiene diecisiete años.
Eso y tilos verdes sobre el camino.

Arthur RIMBAUD Penínsulas dislocadas Poemas escogidos
Selección, traducción y prólogo Adalber Salas Hernández. Amargord Ediciones (España).