Situación de Mallarmé [Opium] – de Jean Cocteau

 

SITUACIÓN DE MALLARMÉ

Extraído de OPIO (Diario de una desintoxicación) – Traducción de Martín Abadía – Buenos Aires, Nulú Bonsai Editora, 2017 ¦ Título original: Opium, journal d´une désintoxication, París, Librairie Stock, 1930.

Una juventud enamorada de lo maravilloso y el cinismo prefiere cualquier médium de fracaso, cualquier estafador, a esta clase de hombre honesto, de burgués integral, de aristócrata exquisito, de obrero piadoso, de orfebre: Mallarmé. Humano, demasiado humano. Reconozco, por mi parte, habiendo desaparecido la sombra que lo nimbaba, ya no ver en él otra cosa que el estilo moderno de la orfebrería.
Si Mallarmé talla piedras es, más que un diamante, una amatista, un ópalo, una gema sobre el silencio de Herodías en el museo Gustave Moreau.
Rimbaud robó sus diamantes; ¿pero dónde? He aquí el enigma.
Mallarmé, el sabio, nos cansa. Se merece esa dedicatoria sospechosa de LAS FLORES DEL MAL que no se merece Gautier¹. Rimbaud guarda el prestigio del recelo, de la sangre; en él el diamante fue tallado de cara a una fractura, con el único fin de partir un vidrio, una vitrina.
Los verdaderos maestros de la juventud entre 1912 y 1930 fueron Rimbaud, Ducasse, Nerval, Sade.
Mallarmé influencia más bien al estilo del periodismo.
Baudelaire se arruga, pero conserva una juventud prodigiosa.
Cada verso de Mallarmé fue, desde su nacimiento, una bella arruga fina, estudiada, noble, profunda. Este aire más viejo que eterno le impide a su obra envejecer en algunas partes y le brinda toda una apariencia arrugada, análoga a la de las líneas de la mano, líneas que serían decorativas en vez de proféticas.

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Nada más triste que los diarios de Jules Renard, nada relata mejor el horror de las Letras. Ha debido decirse: «Todos son bajos, pequeños, arribistas. Nadie se atreve a confesarlo; yo lo confesaré y seré único». Esto ocasiona en el lector probo, y que gustaba de Renard, una molestia insuperable.
Abandonamos este brevario de hombre de letras, de arribismo integral, con la certeza de que las ranas han encontrado un rey. (Por ranas entiendo las que se atrapan con un trozo de cinta roja)².
Un poco de polvo insecticida destruiría estos volúmenes que nos pican, que nos impiden releer PELO DE ZANAHORIA.

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Supongo que muchos periodistas no quieren mentir pero mienten por ese mecanismo de la poesía y de la Historia que deforman lentamente para lograr el estilo. Esta deformación, aplicada de una manera inmediata, produce mentiras. Ahora, yo no sé si esa mentira, a la que los hechos deben su relieve a la larga, sea útil sin la perspectiva. Creo que los hechos contados fielmente, en caliente, al día siguiente, tendrían mil veces más fuerza.

NOTAS DEL TRADUCTOR

¹ “Al poeta impecable. Al mago perfecto de las letras francesas. A mi muy querido y venerado maestro y amigo, THÉOPHILE GAUTIER. Con el sentimiento de la más profunda humildad, dedico estas flores enfermizas”. En Las Flores del Mal, París: Fasquelle Editeurs, 1947.
² Se refiere a la fábula de Jean de La Fontaine, “Las ranas que pedían un rey”.

 

Extraído de Jean COCTEAU, Opio. Diario de una desintoxicación, Buenos Aires,  Nulú Bonsai Editora, 2017. pp. 31-33. Traducción de Martín Abadía.

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