Pound en Spoleto – por Lawrence Ferlinghetti

Pound en Spoleto

Entré en el palco del Teatro Melisso, la encantadora sala del Renacimiento, donde se hacían todos los días las lecturas de poesía y los conciertos de cámara en el Festival de Spoleto, y de repente vi a Ezra Pound por primera vez, inmóvil como una estatua de mandarín en el balcón de un palco al fondo del teatro, un nivel más alto que el resto de las plateas. Fue un shock, ver sólo a un llamativo anciano con una pose curiosa, delgado y de pelo largo, aquilino a los 80 años, con la cabeza inclinada extrañamente a un lado, perdida en una abstracción permanente. . . . Después de tres poetas más jóvenes en el escenario, estaba programado que él lea desde su palco, y allí estaba sentado con una vieja amiga (que sostenía sus papeles) esperando. Él miraba los nudillos de sus manos, moviéndolos muy poco, sin expresión. Sólo una vez, cuando todos los demás en el teatro lleno aplaudieron a alguien en el escenario, se levantó para aplaudir, sin levantar la vista, como estimulado por el sonido del vacío. . . . Después de casi una hora, llegó su turno. O después de una vida. . . . Todos en la sala se levantaron, giraron y miraron hacia atrás y vieron a Pound en su palco, aplaudiendo. El aplauso se prolongó y él trató de levantarse de su asiento. Un micrófono estaba parcialmente en camino. Se agarró de los brazos del asiento con sus manos huesudas y trató de levantarse. No pudo y lo intentó de nuevo y no pudo. Su vieja amiga no intentó ayudarlo. Finalmente ella puso un poema en su mano, y después de al menos un minuto surgió su voz. Primero se movió la mandíbula y luego surgió su voz, inaudible. Un joven italiano colocó el micrófono muy cerca de su rostro y allí lo sostuvo y la voz se sintió, frágil pero obstinada, más alta de lo que había esperado, fina, monótona y suave. La sala había quedado en silencio de golpe. Su voz me derribó, tan suave, tan frágil, tan obstinada todavía. Apoyé la cabeza en mis brazos sobre el borde del terciopelo del palco. Me sorprendió ver una sola lágrima caer sobre mi rodilla. La voz indomable y débil continuó. Salí ciego del palco, por la puerta trasera, hacia el corredor vacío del teatro donde las personas todavía estaban sentadas y vueltas hacia él, bajé y salí, a la luz del sol, llorando. . . .

……..Por encima de la ciudad
…………………………………junto al antiguo acueducto
…………..los castaños
……………………………………todavía estaban en flor
……..Pájaros mudos
……………………..volaban en el valle
………………………………………………muy bajo
……………El sol brillaba
………………………………..en los castaños
……..y las hojas
………………………….giraban en el sol
……………….y giraban y giraban y giraban
…………………..y seguirían girando
……..Su voz
…………………..continuaba
………………………………y continuaba
………………………………………..a través de las hojas…

Pound at Spoleto

I walked into the loge of the Teatro Melisso, the lovely Renaissance salle, where the poetry readings and the chamber concerts were held every day of the Spoleto Festival, and suddenly saw Ezra Pound for the first time, still as a mandarin statue in a box in a balcony at the back of the theatre, one tier up from the other stalls. It was a shock, seeing only a striking old man in a curious pose, thin and long haired, aquiline at 80, head tilted strangely to one side, lost in permanent abstraction. . . . After three younger poets on stage, he was scheduled to read from his box, and there he sat with an old friend, who held his papers, waiting. He regarded the knuckles of his hands, moving them very little, expressionless. Only once, when everyone else in the full theatre applauded someone on stage, did he rouse himself to clap, without looking up, as if stimulated by the sound of the void. . . . After almost an hour, his turn came. Or after a life. . . . Everyone in the hall rose, turned and looked back up at Pound in his booth, applauding. The applause was prolonged and he tried to rise from his armchair. A microphone was partly in the way. He grasped the arms of the chair with his bony hands and tried to rise. He could not and he tried again and could not. His old friend did not try and help him. Finally she put a poem in his hand, and after at least a minute his voice came out. First the jaw moved and then the voice came out, inaudible. A young Italian man pulled up the mic very close to his face and held it there and the voice came over, frail but stubborn, higher than I had expected, a thin, soft monotone. The hall had gone silent at a stroke. The voice knocked me down, so soft, so thin, so frail, so stubborn still. I put my head on my arms on the velvet sill of the box. I was surprised to see a single tear drop on my knee. The thin, indomitable voice went on. I went blind from the box, through the back door, into the empty corridor of the theatre where people sat turned to him, went down and out, into the sunlight, weeping. . . .

……..Up above the town
…………………………………by the ancient aqueduct
…………..the chestnut trees
……………………………………were still in bloom
……..Mute birds
……………………..flew in the valley
………………………………………………far below
……………The sun shone
………………………………..on the chestnut trees
……..and the leaves
………………………….turned in the sun
……………….and turned and turned and turned
…………………..And would continue turning
……..His voice
…………………..went on
………………………………and on
………………………………………..through the leaves…

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¥ Extraído de Lawrence FERLINGHETTI, These are My Rivers: New & Selected Poems, 1955-1993, New Directions, 1994. Traducción de Juan Arabia.