Caléndula & Tomillo, de Ernesto Núñez Parra – Colección Pippa Passes.

 

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Es fácil saber cuándo nació un individuo, pero no tanto determinar en qué minuto se convirtió en poeta. Núñez Parra ha vivido públicamente con la poesía desde la adolescencia tardía y siguió haciéndolo ya con bajo perfil en un ambiente donde incluso a Breton le habría sido difícil hallar la inspiración: los expedientes judiciales y los grises pasillos de Tribunales. Pero Chile es, según el lugar común –lugar, valga decirlo, más peligroso para el escritor que aquél donde brillan las tinterilladas– un país de poetas, de modo que es posible encontrarlos en lugares (y cantidades) insospechados. En Ñuble, tierra campesina de Nicanor y Violeta Parra, abundan los poetas casi tanto como los borrachos y la mayoría de las veces es difícil distinguir unos de los otros.

Núñez Parra nos desafía con  la descripción, características e incluso algunos mandamientos sobre un amor que intenta ser perfecto en su cotidianeidad, donde es posible descubrir influencias claras (a las por él declaradas con parsimonia, cabe añadir las de origen religioso –no el Dios del Vaticano, sino del canto a lo Divino y a lo Humano– Vallejo, la búsqueda “beatnik” y una formación filosófica matríztica) que llevan al desarrollo de un diálogo entre dos voces poéticas. Una virtuosa, espiritual y cancina; en tanto la otra es ágil, traviesa y eminentemente carnal. Ese diálogo no es dialéctico, como podría sugerirlo el carácter de sus hablantes, sino complementario: entre ambas, configuran la imagen poética de un optimismo descarnado e incardinado a la figura femenina, una mujer que o tiene dos caras o es más que una mujer.

Sin embargo, en esa conversación ideogramática constitutiva de realidad (la influencia del surrealismo y la filosofía de Humberto Maturana es evidente) la Caléndula, o sea, la voz dulce y pensativa, a veces peca de sosa; parece estar presa de escrúpulos y celada por los celos. De ahí que el Tomillo –la liberación por el erotismo– sea, realmente, la voz que brota cantando de este texto, uno con tantos secretos como puede tenerlos el autor, el lector o cualquier ser humano con sangre y vino en sus venas.

Intentemos, pues, descubrir esos secretos, agradeciendo a Núñez Parra la hierba medicinal que ha descubierto contra la cotidianeidad que, así, deja ser convencionalidad, que no es otra cosa que la lápida del poeta.

–Prólogo de Fabián Duffau García

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“El amor no vive más que de reciprocidad, lo que no entraña que sea necesariamente recíproco… Pero el amor recíproco es el único que condiciona la imaginación total, y nada puede dominar, lo que hace que la carne sea sol y huella espléndida en la carne, que el espíritu sea fuente para siempre brotante, inalterable y siempre viva cuya agua se orienta de una vez por todas entre la caléndula y el tomillo”

André Breton

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1

En el juego de hojas secas
fueron derrotados mis antiguos signos.
Los tomaste de mi mano e hiciste ceremonia.

Maga, en el resbalín de tu cuerpo huí como quien nace otra vez. En tu altar, caí en la fascinación del karma, la numerología y la sabiduría de oriente.

Como un acto de psicomagia recé en tu boca caliente, húmeda y mía. Mi inconsciente tuvo una fiesta al morder tus pezones como acto sacrílego.

El erotismo de Bataille, el vino de Kayham, todos hundidos en comunión de nuestros cuerpos.

Lo imperecedero en un acto de belleza convulsiva. Sí, muy familiar en el acto poro a poro, tibio como el viento que marcó nuestro antes y nuestro después.

Maga, has entregado un golpe de viento y descifrado el misterio de mis claves. Como una ancestral estrella que deseo en la inquietud de esta alma que ebulliciona al contacto con tus labios.

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2

Un león se sentó cansado. Convino con su espíritu guardar su sable macho.
Miró sus manos en profunda derrota. Recordó sus heridas, algunas las lamió con vergüenza. Otras le llenaron de orgullo y rugió con bravía.
Pétalos de rosa tocaron su rostro. Se abrió a sus ojos el cielo y la luz le pegó de golpe. Encandilado, levantó sus manos, y en forma de raíz, dando vueltas, subió a lo sublime hasta tocar el calor de las luces. Auroras boreales llegaron a su encuentro. Como enigma, retrocedió en todas sus batallas sanando en un baño reparador, fundido en un siete perfecto, Olimpo de la guarida de una Diosa Tántrica, sin posesión de sus armas, trenzándose, sin más reflexión que su instinto.

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3

Los arcanos tutelares esparcen estelas de rocío en los árboles que nos atrapan en las sombras. Lo infinito resplandece en un atardecer de brillo pleno. Arcoíris retroceden a tus pies en ceremonia de invierno. ¡Tan intenso es lo que has hecho! Dios ha dibujado un océano inmenso, glorioso; un camino o miles de caminos que se entrelazan en un tejido celestial que se enraíza en tus ojos llenos de alma dulce, cremosa miel en mis labios. Eterna quietud, calor y paz.

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Ernesto Núñez Parra nació en Octubre de 1981 en Santiago de Chile, es abogado, poeta y ensayista. Formado en la educación pública, en el Liceo Ruiz Tagle, y la Universidad de Chile. Caléndula y Tomillo es su primera obra editada, no obstante refugia de forma clandestina al menos 15 años de sus trabajos anteriores.

 

©Núñez Parra, Ernesto – Caléndula y tomillo – Colección Pippa Passes. – 1a ed. Buenos Aires Poetry, 2017 // 98 p. ; 20 x 14 cm. // ISBN 978-987-4197-05-4

 

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