The Chelsea Hotel, de Edgar Lee Masters

Edgar Lee Masters (1868-1950) fue uno de los poetas estadounidenses más reconocidos de principios del siglo XX, en particular por su libro Spoon River Anthology (1915), un conjunto de epitafios de un pueblo imaginario en Illinois inspirado en el lugar en el que se crió que le valió un inmenso éxito tanto de crítica como de ventas. Masters publicó luego más de 20 poemarios, aunque ninguno logró tanto reconocimiento. También escribió biografías, entre ellas de Mark Twain, Walt Whitman y Abraham Lincoln.
Como tantos otros poetas, escritores, pintores, músicos y actores célebres y anónimos, Masters eligió el legendario Chelsea Hotel en el 222 de West 23rd Street de Nueva York como su lugar en el mundo cuando se mudó de Chicago, abandonando su profesión de abogado para dedicarse por completo a la literatura. Vivió allí entre 1931 y 1944.
El poema que presentamos, dedicado a Alice Tibbetts, “Anita”, su secretaria y amante que también residía en el Chelsea, fue escrito durante la Gran Depresión, en un momento en el que el hotel parecía derrumbarse financieramente. Si bien el Chelsea no fue demolido en aquel entonces como Masters temía, actualmente se encuentra cerrado por refacciones desde 2011 y su época como hogar de una increíble comunidad artística parece esta vez terminada para siempre.

El Hotel Chelsea

¡Anita! Pronto este Hotel Chelsea
desaparecerá ante la codicia mercantil de la ciudad,
los demoledores lo demolerán, y en su lugar
más altivos muros multiplicarán

al populacho de esta vieja calle. ¿Quién sabrá entonces
de su antiguo esplendor, sus escaleras de mármol,
sus pinturas, chimeneas de ónix, salones,
los herederos de una época ahora muy lejana?

¿Quién sabrá entonces que Mark Twain
solía rondar en el espléndido comedor,
que princesas, poetas y actrices célebres
vivieron aquí y le dieron su alma,

años después ha menudo hecha y deshecha
por las sucesivas generaciones, hasta que hoy
se eleva como una tumba de difunta felicidad,
de una era sepultada mucho tiempo atrás?

Qué amores se vivieron, qué miserias se padecieron,
qué niños nacieron aquí, y qué deudos salieron
por sus puertas, qué paz y qué lamento
conocieron estos cuartos, largo tiempo ocultos

quedarán más perdidos cuando en cincuenta años
el sitio en su lugar no tendrá memoria,
cuando los hombres deban buscar su foto para ver
lo que parecía en medio de esta turbulencia.

Pocos ahora recuerdan incluso los famosos nombres
que amaban tu hospitalidad en años pasados.
¿Quién me recordará cuando las cizallas de demolición
corten como hoja este cuarto de perturbadas aspiraciones

y hagan una con el cielo a esta ventana,
junto a la cual me sentaba a mirar el patio?
Esta mesa en la que escribo no contará
mis sueños, desaparecidos sin dejar rastro.

No habrá un asiento para ningún fantasma,
ningún lugar para que un fantasma pensativo sonría
por besos, promesas y pesares que por un rato
eran la vida misma, y luego se esfumaron.

La mujer de ojos azules que salió y entró
por la puerta principal, el tiempo y su diente
se la llevarán, se llevarán al hombre que la amó,
ambos se perderán antes de que pasen veinte años.

Con el amor más puro esa mujer fue amada.
Con dolor su amante contempló su pena,
su pasado, y luchó para dar a su corazón alivio,
él mismo tan afectado por la Vida.

Todo esto no será más que correntadas de aire
cambiantes y perdidas. Dime cómo las almas pueden
ser semejantes llamas de sufrimiento y éxtasis,
y luego irse como el viento se va.

Dime cómo el amor que llena el corazón humano
con sentido de eternidad debe entregarse
a lo que es ciego, y es infinito,
y escucha tan pronto la palabra “partir”.

¡Anita! Puedes perpetuar con el pensamiento
lo que vivimos, una vez que este hotel ya no esté.
Al pasar por su lugar recuerda que fui alguien
que buscó tranquilidad y no la encontró.

Recuerda que te amé, poco pude soportar
mi impotencia para dar templanza a tu espíritu.
Recuerda esto mientras con la corriente te vas.
Otros no recordarán, incluso ni les importará.

The Chelsea Hotel

Anita! Soon this Chelsea Hotel
Will vanish before the city’s merchant greed,
Wreckers will wreck it, and in its stead
More lofty walls will swell

This old street’s populace.  Then who will know
About its ancient grandeur, marble stairs,
Its paintings, onyx-mantels, courts, the heirs
Of a time now long ago?

Who will then know that Mark Twain used to stroll
In the gorgeous dining-room, that princesses,
Poets and celebrated actresses
Lived here and made its soul;

In after years, so often made and unmade
By the changing generations, until today
It stands a tomb of happiness passed away,
Of an era long overlaid?

What loves were lived here, what despairs endured,
What children born here, and what mourners went
Out of its doors, what peace and what lament
These rooms knew, long obscured

Will be more lost when fifty years from hence
The place thereof will have no memory,
When men must hunt its picture, so to see
What it looked like amid this turbulence!

Few now remember even the noted names
That loved its hospitality in past years.
Who will remember me when wrecking shears
Clip like a leaf this room of troubled aims,

And make this window one with the sky’s space,
By which I sat looking into the court?
This table that I write on will not report
My dreams, gone by without a trace.

There will not be a seat for any ghost,
No room left for a musing ghost to smile
On kisses, vows, regrets, that for a while
Made life, and then were lost.

The blue-eyed woman who went out and in
The entrance door, time and the tooth thereof
Will take her, take the man who gave her love,
Both will be lost ere twenty years begin.

With purest love this woman was beloved;
With pain her lover looked upon her grief,
Her past, and strove to give her heart relief,
Himself by Life so moved.

All this will be but currents of the air
Veering and lost.  Tell me how souls can be
Such flames of suffering and of ecstasy,
Then fare as the winds fare?

Tell me how love that fills the human heart
With a sense of things eternal must submit
To what is eyeless, and is infinite,
And hears so soon the word ‘depart?’

Anita! You can perpetuate by thought
What we have lived, when this hotel is gone.
Passing its site remember I was one
Who sought for peace and found it not.

Remember that I loved you, scarce could bear
My helplessness to give your spirit thrift –
Remember this as with the tide you drift,
Others will not remember, nor even care.

Extraído de Florence TURNER, At the Chelsea Hotel: A Personal Memoir of New York’s Most Famous Hotel, Foruli Classic, Londres, 2013. Traducción y presentación Mariano Rolando Andrade.

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