Cinco Poemas | Arturo Loera

Arturo Loera (Chihuahua, 1987) es autor de los libros El poema vacío (ICM/Conaculta, 2013), Cámara de Gesell (Premio de Poesía Editorial Praxis, 2013), La retórica del llanto (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2014), e Ídolos (Editorial Montea, 2017). Su obra ha sido incluida en antologías como Fuego de dos fraguas: Poetas jóvenes de México y España (Exmolino: Taller Editorial/Centro Cultural España, 2016), Del inconveniente de haber nacido en México (Piedra Bezoar, 2016). Fue acreedor al Premio Binacional de Poesía Pellicer–Frost 2017, por el conjunto de poemas titulado Un montón de piedras (Mantis Editores, 2017). Algunos poemas suyos han sido traducidos al inglés y al italiano. Fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, 2013-2015, y actualmente lo es del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico. Labora en la agencia de publicidad Folklore.

La retórica del llanto

Cuando tengo ganas de llorar
recuerdo las canicas que perdí
por la soberbia temprana
del apostador.
Lloro porque las canicas eran
como pequeños planetas que dormían
en el universo de mi bolsillo.
Lloro porque ahora deben estar solas
en algún basurero, en la casa de una abuela
que no es la mía.
(Mi abuela vive en el panteón “La colina”
en el pasillo 41, al lado de un señor que se llama José).
Lloro porque las canicas son como los ojos de dios
…..pero verdaderas.

Bolsa negra

Guardo cuatro pantalones, siete
camisas de cuadros y de siempre
en una bolsa negra y brillante.

Al salir del edificio,
sobre la banqueta
un hombre sin pantalones
ni camisa ni siempre
es empacado en una bolsa negra
y brillante.

¿Cuántas muertes cargo
en la mano derecha?
……………Osamentas de otros hombres que no soy.

¿Quién estará cargando mi propia muerte?

Dinosaurio [fragmento]

(Blanco)

Aquí no hay Paz.
Este blanco no es el Blanco
evocador de otras virtudes.
Esta ausencia de color es sólo mía.
Es mi padre.

Blanco, no ausencia, blanco.

¿Servirá que lo mencione?
¿Servirá decir que me he postrado
en las intenciones del perdón?
……………….¿Qué perdón?
……………….¿Qué intenciones?

(Soñé que el infierno era
una pared enorme y mi deber
era pintarla toda de blanco
sólo para mirar hacia abajo
y entender que no
había pintado un solo centímetro.

Soñé que el infierno era posible
y me alegré mucho y dormí tranquilo
porque si bien algo que no existe
habita lo que no existe entonces
el infierno es una cucaracha,
el cielo, una flor.)

Jesucristo en la culata

Los cristos desaparecen
uno a uno de las tumbas.
Ya no hay cruz,
ya no hay cristo.
Se roban las cruces,
se roban a cristo
y al sagrado corazón;
se los roban, funden el metal
y fabrican armas
y se funde el sagrado corazón
del hombre.
Se van quedando
más solas
las tumbas.
Se va quedando
más solo
el sagrado corazón
de las tumbas.

Allá afuera hay armas
y manos que sostienen
a Jesucristo en la culata.
…………Todos alabemos al señor
que ha de darnos la muerte.

Entonces la bala
limpia los pecados del mundo
y el cordero que habita en la pistola
da paz a aquellos hombres,
…………da paz a aquellos hombres,
…………da paz a aquellos hombres.

Escritorio

En el desierto hay un escritorio viejo
que no tiene nombre ni marca ni es importante
pero es un escritorio de viejas batallas,
un escritorio milagroso, corriente.

Este mueble cargado de libros
tiene tan sólo dos cajones.

En el cajón de la izquierda guardo
dos montañas como piedras preciosas,
y el jardín de hojas de los libros
que los perros han, severamente, criticado.
Guardo también un ataúd muy pequeño
que descansa sobre un páramo de fotocopias
con la firma de Horacio,
y en el que viven algunos corazones junto al polvo.

De vez en cuando el corazón de mi abuela silba
y abro el cajón, muy despacio, para escuchar.
Desempolvo con mis manos el ataúd hasta que calla
y regreso su recuerdo a las ovejas, a las piedras
que son como montañas preciosas,
y sigo leyendo en mi libro corriente,
milagroso.

…………Del cajón de la derecha mejor ni les hablo.
…………No creerían lo que guardo en ese cajón.