Sobre Los Frutos de la Huerta, de Juan Garrido.

Juan Garrido Salgado (Chile, 1957), es un poeta y traductor publicado en Colombia,  Estados Unidos, España, Francia, India y Australia, donde vive con una visa humanitaria desde 1990. Entre dichas publicaciones cuentan tres libros de poesía y algunas traducciones de obras de poetas australianos al castellano, tales como: John Kinsella, Mike Ladd, Judith Beveridge, Dorothy Porter y MCT Cronin, incluyendo el libro de Cronin Talking to Neruda´s Questions (2004). Uno de sus últimos trabajos fue Diálogo con Samuel Lafferte, publicado por Blank Rune Press BRP- Melbourne, Australia (2016). Los poemas que actualmente presento pertenecen a un adelanto de su última obra en construcción: Los Frutos de la Huerta (2018), versos que escribe diariamente como el producto final de su trabajo de hortelano rural. No sé si se pueda hablar de una literatura del exilio, como un micro-género específico, pero sí existen excelsos ejemplos de autores chilenos exiliados, principalmente obras de narrativa, cuyas máximas cumbres se alcanzan en Viudas de Ariel Dorfmann y Casa de Campo de José Donoso. En poesía destacan La Ciudad de Gonzalo Millán, Flotantes de Omar Lara y Oscuro de Gonzalo Rojas.  Pero más que hablar de los horrores de la dictadura- Juan Garrido sufrió la prisión y la tortura  en manos de la CNI en el cuartel Borgoño- estos Frutos de la Huerta son la cosecha de un espacio intermedio, ganado en la propia soledad de la poesía, como si aquél fuese el verdadero y único exilio posible. Esta poesía parece ocurrir entre el silencio de la naturaleza, la generosidad de la tierra y la memoria fantasmagórica que mancha los frutos de violencia: Si solo pudiera recrear el silencio del agua y dejar que Seamus Heaney riegue la ternura, nos dice Juan Garrido en una de sus imágenes más elocuentes. Su poesía encuentra anclaje en el contexto físico rural de su actual permanencia; pero no hay la idealización de la naturaleza; se trata, más bien, de encontrar en ella el origen de una hostilidad que se traspasa luego a un ámbito público, una naturaleza post-emersoniana, no exenta de crueldad. Hay una espera por el azar y un tono apacible, como si el poeta escudriñara el paisaje para encontrar lo casi intacto, lo que alguien enterró allí hace mucho tiempo y que reaparece entre las plantas, los vegetales, los pájaros y los Mapgie, con suma indiferencia hacia el hombre. Sin embargo, este es el lugar para crecer espiritualmente. Juan Garrido cree, a pesar de todo, en la reparación de la poesía, en esa función salvífica de la conciencia individual que puede transmutarse en conciencia colectiva. El sustrato político de esta poesía está lejos de quedar en la mera forma de la denuncia, o en el afán propagandístico. El reparo de la realidad ocurre aquí en cuanto reparación de la poesía. Como ha dicho Rilke, la principal función del poeta es escribir bien, lo que implica que nunca se debe anteponer el mensaje al rigor creativo. La poesía de Juan Garrido cumple con creces esa exigencia; todo lo que entra en su campo de visión es estéticamente alterado fruto de la ética de la esperanza que se traduce en un rigor formal que tiene por primera exigencia borrar al hombre del panorama; hacer que desaparezca amagado por la naturaleza que aquí no es telón de fondo, sino el lugar que permite- a posteriori- al yo una revelación transformadora. La poesía de Juan Garrido es, en sí misma, la bella recompensa del día, esos frutos del trabajo manual que se realiza sin el ánimo de un provecho meramente personal, sino una tarea de artesano que se realiza del principio a fin para entrar en comunión con lo natural y cavar el dolor de muchos, hasta que la epifanía suceda.

 


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The fruits of the Garden/ Los frutos de la Huerta’

by Juan Garrido Salgado © (2018)

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La Llave/ The Key

Ahí deje la llave
Tirada en el escritorio
aroma de ropa y frutos en el sudor del trabajo.

Allá queda el candado cerrado, atrapando al portón.
Adentro árboles, plantas, vegetales y flores
se beben el aliento de la oscuridad
sobre la humedad del cansancio.

Vi una estrella caer de un ojo de la luna despierta,
Quiso abrir el candado, pero una sombra ebria
Por el canto nocturno de un Kookaburra
La espanto hacia su nada.

Sin poder abrir las alas de la huerta
Siento que la llave suspira los olores caídos
En la tinta del lápiz que anota el final de la jornada.

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Mensaje de los Pájaros/ Message by the Birds

El otro día encontré un durazno colgado y fresco
Picoteado por un Mapgie
Creí que lloraba pero lo que hacía era saborear
Un beso jugoso del atardecer.

Al otro lado del árbol
El Mapgie limpiaba su pico
Con el agua de la poza
Quien le daba una imagen
Pegajosa y cruel del beso.

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Sentado al escritorio de la noche/ Sitting at the Night’s desk

Reojeo la página que cae del sueño
Roberto Bolaño me despierta
Sobre la página 123 de la traducción al inglés
The Savage Detectives.
Lo escucho leer o decirme:
The garden was dark and through the gate I could see two figures.
Sí, recuerdo haber sentido la magnitud 7.2
Cuando golpearon mi puerta por allá en 1983.

Hoy, ya no es la CNI (la policía secreta del Tirano)
Más bien, es el perro de mi hijo, Néstor
Con un pájaro muerto en el hocico,
Y lo deja a mis pies…

Atrás en el jardín,
ladrándole a la muerte sin alas
cae mordiendo la oscuridad.

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La Realidad es un jardín mal cuidado/ The reality is a badly cured garden.

Por no saber lo que y cómo crecerá
Es que regamos los versos con tinta, y a veces con sangre.

La página es una huerta secándose
La realidad la lanza a un espejo digital
Que nos ata a un jardín mal cuidado.

En espera del fruto; el agua se camufla de semilla
Si solo pudiera recrear el silencio del agua
Y dejar que Seamus Heaney riegue la ternura

En el jardín de la humanidad bombardeada
A silence of water lipping the bank
El agua lamiendo el silencio en la orilla
De nuestra sobrevivencia.