Manada de ciervos mueren de sed | Hussein Habasch

Hussein Habasch (KURDISTÁN, 1970) actualmente vive en Alemania. Escribe en kurdo y árabe. Muchos de sus textos han sido traducidos a otras lenguas como el inglés, el alemán, el español, el francés, el chino, el uzbeko, el albanés, el persa, el turco, el búlgaro, el macedonio, el portugués, el ruso y el rumano. Entre sus publicaciones se destacan: Ahogar en las rosas (2002), Huir a través del río Évros (2004), Elevado como el deseo y apetecible como la cintura de una gacela (2007), Delirios de Salim Barakat (2009), Ángel volador (2013), Ángel volador, en inglés (2015) y No Pasarán, en Español, entre otros.
Ha participado en festivales internacionales de poesía en Colombia, Nicaragua, Francia, Puerto Rico, México, Alemania, Rumania, Marruecos, Lithuania, El Salvador, Kosovo, Ecuador, Costa Rica, Bulgaria y Macedonia.

UNA FLOR A LA VIDA

Nuestra demencia nos lleva a dibujar
Nuestra demencia nos lleva a escribir
Nuestra demencia nos lleva a ordenar cada día,
una flor para la vida
Nuestra demencia nunca ganará, amor
Su demencia los lleva a pelear
Su demencia los lleva a matar
Su demencia los lleva a tirar cada día
una bala al corazón de la vida
Su demencia ganará, amor
Perderemos, amor,
Yo sé.
Ellos ganarán.
Tú lo sabes
Sin embargo,
Dibujaremos, escribiremos y le daremos cada día
una flor a la vida.

Traducción de Ghadeer Abu-sneineh

MANADA DE CIERVOS MUEREN DE SED

Dejamos a nuestras espaldas una manada de ciervos muertos de sed.
Inventamos cuentos,
volteamos las caras a los exilios lejanos detrás de
los mares,
olimos la alienación que se familiarizó con
nosotros,
olvidamos las flores de nuestro primer amor, allá,
en los orificios de los árboles,
y ya no recordamos los tendederos que extrañan nuestras ropas,
ya no repetimos la cariñosa palabra “Madre”.
Nos resecamos,
saquearon nuestras fuentes
en las mesas de la jurisdicción,
nos dolieron las cartas,
no son cartas de familia o amigos,
ya no nos gusta el “buenos días”,
ya no nos gustan los carteros:
Dejamos a nuestras espaldas una manada de
ciervos muertos de sed.
Nos tocó la herrumbre
y no advertimos que habíamos fallado en la mitad
de nuestra edad,
que descendemos a la ausencia y nuestras almas se mezclaron con el hambre y el vacío.
¿Algún día nos extrañarán los pájaros
que dejamos allá?
¿Extrañaremos la necedad de la infancia?
¿Extrañaremos nuestras familias y la imagen de la hermana mayor?
Ya no estoy seguro
Ya no sé de dónde viene esta pereza en nuestros
huesos
Ya no estoy seguro de nada
Porque dejamos detrás de nuestras espaldas,
una manada de ciervos que mueren de sed.

Traducción de Ghadeer Abu-sneineh

POEMAS KURDOS TRISTES

Leo un triste poema kurdo
Ayer vi un pájaro
muerto en la calzada
Lo llevé suavemente en mi palma
que enrollé con la mano en forma de nido
Lo traje al cementerio
Lo enterré en una tumba pequeña
Hoy vi una rosa aplastada
Llevé sus pétalos arrancados suavemente
Los puse en la tumba del pájaro.
Probablemente, continuaré
leyendo los poemas tristes.

Traducción de Ghadeer Abu-sneineh

NO ENTRES AL ATAÚD

Carga tu ataúd siempre
No pienses nunca en la muerte
Pero si de repente te ataca
Pon tu ataúd en el suelo
Engaña a la muerte
Si tu muerte fue inevitable
ve en busca de tu tumba
acuesta tu espalda
no te encierres
duérmete todo el día
y en la noche
fija bien tu estrella.

Traducción de Ghadeer Abu-sneineh

La ilusión de la llegada

Serán los bienaventurados, quienes no llegan a nada, serán los bienaventurados, los perdidos siempre

Ellos dejaron sus patrias,
se llevaron sus ilusiones,
sus recuerdos dolorosos como una carga pesada.
Agitaron sus pañuelos a la ausencia que se derritió.
Engañaron a la muerte y se arriesgaron en la
inatención
En sus hombros levantaron lo que quedó de las gacelas de esperanza
Voltearon sus cabezas hacia países donde nunca
llegaron.
Caminaron mucho,
Caminaron hasta que la barba se extendió bajo
sus pies.
Nadie dijo, nos cansamos, tomemos un tiempo de contemplación.
Se perdieron en el camino, se dieron cuenta que no hay solución ni esperanza, ni un guía que les
proteja de la pérdida.
Se sentaron en el temor, relataron sus cuentos
tristes a las montañas que se estremecieron.
Se durmieron por cansancio, no despertaron. Pero a través de las pesadillas seguían las esperanzas del camino.
El camino que devoró sus sueños, que defraudó y humilló sus rodillas.
Murieron dejando en sus pechos perforados, las fotografías asustadas de sus niños
y el resto de sueños viejos que inspiraba su imaginación como una ilusión eterna.

Traducción de Ghadeer Abu-sneineh