Pesadilla en Georgia | Edwin Rolfe

Edwin Rolfe (Filadelfia 1909, Los Angeles 1954)Nacido como Salomon Fishman, en el seno de una familia de inmigrantes judíos rusos. Creció y desarrollo la mayor parte de su obra en Nueva York. Su padre, socialista y sindicalista y su madre, activista pro control de la natalidad, influyeron decisivamente en su temprano compromiso político con la causa comunista, partido al cual se unió en 1925 a los 15 años. Es en la prensa obrera de Nueva York y Nueva Jersey donde publica sus primeros textos y poemas. A fines de la década del 20 comienza a distanciarse del activismo partidista y a dedicar más tiempo a su escritura. Estudia en el Madison Experimental College de Wisconsin, donde su poesía comienza a evolucionar y a salir, un poco, de la temática de denuncia social que la había caracterizado hasta ese entonces. Volvió a Nueva York, en medio de la Gran Depresión en 1932, a trabajar en el periódico comunista The Daily Worker. En 1936 publica su primer libro: To my contemporaries. En 1937 se enlista junto a una serie de activistas norteamericanos en las Brigadas Internacionales para ir a defender la República española, Rolfe permanecerá en España hasta el fin del conflicto en 1939. Tras su retorno a los Estados Unidos, él y su familia, vivirán constantemente vigiliados y marginados de los círculos intelectuales y artísticos, debido a las persecuciones del Macartismo, cuya política de “caza de brujas” será fuertemente criticada y denunciada en su poesía. Posteriormente se trasladará a Los Angeles con su mujer Mary, donde ambos trabajaran para la industria cinematográfica, en California morirá de un ataque al corazón en 1954. Publicó en vida, además de su primer poemario, Elegía con Manuel Altolaguirre (1949), First love and other poems (1951) y de manera póstuma Permit me refugee (1955).

N. S.

 

 

Poema para deleitar a mis amigos que se ríen de la ciencia ficción

Aquel fue el año
en el cual pequeños pájaros en frágiles y delicados batallones
se suicidaron contra el Empire State,
habiendo inexplicablemente perdido o ignorado
su radar aéreo.

Aquel fue el año
en que hombres y mujeres se detenían a morir por causas naturales
los viejos, enfrentando la muerte, se envenenaban;
los recién nacidos, enfrentando la vida, morían con sus madres en el parto;
y todo el resto de la salvaje población,
chocaban sus autos, desesperada pero deliberadamente
en calles claras y calmas como estanques.

Aquel fue el año en que los barcos de todos los mares,
lagos, bahías y ríos, desaparecieron sin dejar huellas
e incluso aquellos anclados en los muelles
se voltearon como ballenas arponeadas o normandos heridos.

Sí, y los vuelos civiles intercontinentales
así como los militares, hallaron muchedumbres en los caminos del cielo
y terminaron, emulando a Ícaro, enterrados en llamas.

Muchos hombres sensatos, se quedaron en sus casas durmiendo en sus bañeras,
otros, empedernidamente caseros, bajaron las escaleras
y algunos, juerguistas irredimibles, jugaron a la silla musical.
Los chicos se cayeron de sus patinetas y triciclos
Y los transeúntes resultaron heridos por filudos trozos de hielo que caían del cielo.

Oh, que carnicería fue reportada!
Incluso la aspirina y el bicarbonato se volvieron letales
Y el Seconal para aquellos que sufrían de leves jaquecas,
con estómagos levemente ácidos, no pudieron dormir.
Todos los amantes murieron en sus lechos, como los marineros en la oscuridad.

Finalmente los únicos que sobrevivieron
fueron malhumorados soldados esparcidos por el campo de batalla
entre cerros perforados como conchas y árboles carbonizados.
Así hasta las indispensables guerras murieron de tedio.

Pero no los prescindibles conscriptos: ellos se quedaron como siempre.
De todos modos, al no haber transporte hacia ninguna parte,
y los hogares estaban muertos y desnudos,
estos soldados vagaron eternamente
en aquellos bizarros paisajes semejantes a la obra temprana de Chirico
como borrachas estrellas en sus pequeñas órbitas
girando, girando, girando y girando.

Y (como también morí en aquel suicidio mundial)
por lo que sé, ellos podrían seguir ahí.
Como un ajedrecista abandonado por jugadores paralizados.
Ellos podrían seguir ahí,
podrían seguir ahí.

Pesadilla en Georgia

Hay sesenta cuerpos sin vida
balanceándose suavemente con la brisa,
en los lindes de un cielo gris y aletargado.
Suavemente se balancean, de aquí a allá,
no son siluetas, amigo aprendiz de la vida:
son cuerpos de hombres
colgados del cielo…

Caminé ayer en sueños,
a través de un bosque nocturno donde
la luz no penetraba, donde no brillaba
las luciérnagas parpadeaban contra la corriente
trabajaban flojamente de noche
a través de ramas húmedas y quebradizas, trabajé como la corriente
sobre ramas muertas que crujían al pisarlas
sobre lodosos pantanos deseosos de mi cuerpo
y luego de incontables e innumerables horas
encontré un claro, extraño en la oscuridad,
en el cual se erguía un árbol como una torre aislada,
alzándose púrpura hasta un cielo en llamas.
Y miré hacia arriba, más arriba y vi
sesenta cuerpos negros colgados del cielo.

El bosque se derrumbó, el caudal corrió seco
Las raíces de los árboles sobresalían de la tierra;
nada permaneció salvo sesenta cuerpos
negros contra un cielo rojo sangriento.

Vi a lo lejos locas montañas
moviéndose atolondradamente (las montañas no se mueven)
cada una de ellas con sus picos nevados, se veían blancas a lo lejos
moviéndose hacia un punto indefinido, acercándose –
imaginen: ¡montañas moviéndose hacia un hombre!
moviéndose hacia mí en esta tierra extraña,
moviéndose hacia mí, encogiéndose hacia la arena.
mientras bandas de latón carraspeaban marchas militares
y fuera con los picos nevados, fuera con las montañas:
¡un millón de caras mirando indiferentemente al sol!
luego vi un arma,
luego dos, y tres – miles!
corre!

Una pesada cuerda es arrojada a los cielos,
una tensa y pesada cuerda cuelga de un árbol,
un hombre negro es estrangulado sobre un mar de ojos,
el hombre negro se parece a mí.


Extraído de Edwin Rolfe, Collected Poems, 1993, University of Illinois Press. Traducción de Nicolás Salerno para Buenos Aires Poetry, 2019.