Poesía Parnasiana | Catulle Mendès

De Gautier, de Banville, de Leconte de Lisle, de Baudelaire, de los cuatro maestros del Parnaso bebió cuanto quiso, pudo y supo el desmesurado Catulle Mendès (1841-1909), cuya literatura conglutinó todos los géneros y las tendencias estéticas de la Escuela.
Célebre en su época como pocos, el tiempo ha venido condenándolo a mera reliquia de la literatura finisecular, y son muchos los críticos como Francis Vincent que le niegan su condición de poeta para ver en él a un simple “centre d´atracction”, un “animateur” de su sistema literario: “le vrai tempérament de Mendès était d´un imitateur plutôt que  ´un initiateur original”. Natural de Burdeos, con 17 años se estableció en París para colmar sus ambiciones literarias. Gracias al apoyo financiero de su familia –una estirpe de comerciantes portugueses de origen judío- fundó en 1861 la primera revista del círculo parnasiano, la polémica Revue fantaisiste, y dos años después dio a la imprenta su primer poemario, Philoméla. También en 1863 publicó Sonnets, su obra de mayor fidelidad para con los dogmas parnasianos. En estos dos primeros libros –uno dedicado a quien fuera luego su suegro, Théophile Gautier, otro a Théodore de Banville- afluyen variadas direcciones parnasianas, desde la exótica y helenística concebida a la luz de Leconte de Lisle y Banville, hasta la erótico-galante de signo gauteriano, pasando por aquella que seguía de cerca el tenebrismo y el spleen baudelairiano. Ecléctico en su empeño de permanecer siempre a la vanguardia, Catulle Mendès dejó una obra inabarcable y poliédrica en la que fue todos para ser él mismo. Dotado de una prodigiosa facultad para la asimilación de maneras, tonos y espíritus ajenos, quizás su mayor logro radique en haber configurado el poema en prosa parnasiano, de amplia irradiación en el primer modernismo hispanoamericano. En fin, Catulle Mendès abarcó la poesía, la novela, el teatro y la crítica a lo largo y ancho de casi ciento cincuenta volúmenes, entre los que pueden subrayarse, aparte de Philoméla y Sonnets (1863), títulos como Hespérus y Contes épiques (1872), Sérénades (1876), Intermède (1885), Poésies nouvelles (1892) o Les Braises du cendrier (1900).

M. A. F.

El ruiseñor

Fue una tarde del mes cuando enveran las uvas,
y la que lloro aún estaba allí conmigo
escuchando en silencio tu canto en los ramajes,
¡oh pájaro elegiaco, nocturna Filomela!

Los ojos hechizados, los labios entreabiertos,
como un niño al mirar los retablos de títeres,
ella escuchaba el canto bajo la fronda verde
y yo sentía celos del bello ruiseñor.

«¡Alma mía, violeta que mis sueños amparas,
olvídate del ave que me está lastimando,
porque es largo el amor y la noche muy breve!»…
Mas ella sólo oía su voz aquella noche.

Y entonces yo sufrí como un escalofrío,
una metamorfosis que casi me destroza,
como si en otro cuerpo mi vida se encerrase
para seguir sufriendo con el alma de siempre.

Y me sentía otro junto a la que me amaba,
mientras ellos se iban suspirando en la sombra:
era yo el ruiseñor, que gemía de amores
desesperadamente por el bosque fragante.

Del brazo del rival, como una forma blanca
mi amada se alejó lenta y adormecida,
y al verme solo y triste cantando en la arboleda
se apiadaron de mí las estrellas del cielo.

Fue todo. Solamente, al despuntar la aurora
(no se me olvidará la aurora de aquel viernes)
dos niños que pasaban vieron al pie del roble
el cadáver de un pájaro seco y entumecido.

«¡Está muerto!», dijeron, y delicadamente
cavaron mi sepulcro bajo el cañaveral.
Y encerrando mis plumas en la fosa de arcilla
le rezaban a Dios por aquel pajarillo.

Le rossignol

C’était un soir du mois où les grappes sont mûres,
Et celle que je pleure était encore là.
Muette, elle écoutait ton chant sous les ramures,
Élégiaque oiseau des nuits, Philoméla!

Attentive, les yeux ravis, la bouche ouverte,
Comme sont les enfants au théâtre Guignol,
Elle écoutait le chant sous la frondaison verte,
Et moi je me sentis jaloux du rossignol.

“Belle âme en fleur, lilas où s’abrite mon rêve,
Disais-je, laisse là cet oiseau qui me nuit.
Ah! méchant cœur, l’amour est long, la nuit est brève!”
Mais elle n’écoutait qu’une voix dans la nuit.

Alors je crus subir une métamorphose!
Et ce fut un frisson dont je faillis mourir.
Dans un être nouveau ma vie était enclose,
Mais j’avais conservé mon âme pour souffrir.

Un autre était auprès de la seule qui m’aime,
Et tandis qu’ils allaient dans l’ombre en soupirant,
Ô désespoir! j’étais le rossignol lui-même
Qui sanglotait d’amour dans le bois odorant.

Puis elle s’éloigna lentement, forme blanche,
Au bras de mon rival assoupi à moitié;
Et rien qu’à me voir seul et triste sur ma branche
Les étoiles du ciel s’émurent de pitié.

Ce fut tout; seulement, dès l’aurore prochaine
(Je n’ai rien oublié: c’était un vendredi)
Des enfants qui passaient virent au pied du chêne
Un cadavre d’oiseau déjà sec et roidi.

“Il est mort!” dirent-ils, et, de son doigt agile
L’un d’eux creusa ma fosse à l’ombre d’un roseau,
Et tout en enfermant mes plumes sous l’argile,
Il priait le bon Dieu pour le petit oiseau.


Extraído de Antología de la poesía parnasianaCátedra, Madrid, 2016. Traducción de Miguel Ángel Feria.