Busca bien, escultor, esperando a las musas… | Théodore de Banville

Théodore de Banville (1823-1891) fue poeta muy precoz. Sus primeros versos, escritos entre los dieciséis y los dieciocho años en la estela de los de Musset, Victor Hugo y Sainte-Beuve y agrupados en Les Cariatides (1842) le granjearon temprana celebridad y un lugar destacado entre los autores de su generación. Junto a la lógica ascendencia romántica, sin embargo allí se destacaba también la de Théophile Gautier, de quien Banville se declaró tempranamente franco discípulo por su querencia al virtuosismo formal y a las temáticas fantasista y helenista. La fidelidad de Banville al Arte por el arte, “une religion intolérante et jalouse”, según nos declaraba en su “Commentaire” a Odes funambulesques, le condujo paulatinamente a celebrar la pureza formal del canon escultural helenístico y a desligarse de los temas privilegiados por el romanticismo. Pese a ello, el poeta trató en la medida de lo posible de rebajar la impasibilidad del formalismo clásico y toda pedantería con buenas dosis de naturalidad, ingenio, alegría y humor. Ya en el prefacio a Les Stalactites (1846) confesaba haber pretendido “reconquérir la joie perdue et d´avoir, dans son style primitivement taillé à angles trop droits et trop polis, apporté cette fois une certaine mollesse…”.
De la vasta obra de Banville posterior a Odes funambulesques podrían subrayarse las ronsardianas y anacreónticas Améthystes, nouvelles Odelettes (1862), Les Exilés (1866), su libro más cercano a la ortodoxia parnasiana de Leconte de Lisle, Nouvelles Odes funambulesques (1869), el Petit traité de versification française (1872), Les Princesses (1874) u Occidentales (1875).

Busca bien, escultor, esperando a las musas…

Busca bien, escultor, esperando a las musas,
un mármol sin defectos para un ánfora bella;
busca sus formas puras y en ellas no perfiles
amores misteriosos ni combates de dioses.
A Heracles vencedor del monstruo de Nemea,
ni a Venus Citerea naciendo de la mar,
revueltas de Titanes sometidos y tristes,
ni al risueño dios Baco que enjaeza leones
con un freno trenzado de pámpanos y viñas;
a Leda retozando con un coro de cisnes
bajo el laurel en flor, ni en el seno del agua
sorprendas a Artemisa más blanca que los lirios
ni a impúdicas Bacantes. Que alrededor del ánfora
florezcan las verbenas y las hojas de acanto,
y avancen lentamente las parejas de vírgenes
con pasos sosegados y un aire encantador,
los brazos a lo largo de sus túnicas lisas
y las trenzas orlando sus cabezas perfectas.

Sculpteur, cherche avec soin, en attendant l’extase…

Sculpteur, cherche avec soin, en attendant l’extase,
Un marbre sans défaut pour en faire un beau vase;
Cherche longtemps sa forme et n’y retrace pas
D’amours mystérieux ni de divins combats.
Pas d’Héraklès vainqueur du monstre de Némée,
Ni de Cypris naissant sur la mer embaumée;
Pas de Titans vaincus dans leurs rébellions,
Ni de riant Bacchus attelant les lions
Avec un frein tressé de pampres et de vignes;
Pas de Léda jouant dans la troupe des cygnes
Sous l’ombre des lauriers en fleurs, ni d’Artémis
Surprise au sein des eaux dans sa blancheur de lys.
Qu’autour du vase pur, trop beau pour la Bacchante,
La verveine mêlée à des feuilles d’acanthe
Fleurisse, et que plus bas des vierges lentement
S’avancent deux à deux, d’un pas sûr et charmant,
Les bras pendant le long de leurs tuniques droites
Et les cheveux tressés sur leurs têtes étroites.


EXTRAÍDO DE ANTOLOGÍA DE LA POESÍA PARNASIANA. CÁTEDRA, MADRID, 2016. TRADUCCIÓN DE MIGUEL ÁNGEL FERIA.