Joaquín O. Gianuzzi – La reducción

ABRIL-19

JOAQUÍN O. GIANNUZZI

(1924-2004)

Nació en Buenos Aires, donde vivió y ejerció el oficio de periodista. Murió en Campo Quijano, Salta, en el norte del país. Estuvo vinculado a la revista Sur, pero pronto se constituyó en un hecho aislado, singular y de los más influyentes en la poesía local a partir de los años setenta. Su obra incluye Nuestros días mortales (1958), Contemporáneo del mundo (1962), Las condiciones de la época (1967), Señales de una causa personal (1977), Principios de incertidumbre (1980), Violín obligado (1984), Cabeza final (1991 y 1999), ¿Hay alguien ahí? (2005) y Un arte callado, edición póstuma con prólogo de Jorge Fondebrider. (2008). Fue recopilado en Obra poética, volumen que incluye Apuestas en lo oscuro, hasta entonces inédito. (2000),  Poesía completa / edición, prólogo y notas de Jorge Fondebrider. (2009) y Obra completa / con prólogo de Jorge Aulicino (2015). De su obra se publicaron las siguientes antologías: Teólogo en la ventana y otros poemas / Selección y prólogo de Jorge Fondebrider; ilustraciones de Charles Lantero. (1988), Antología poética (Buenos Aires, Ed. del Dock, 1990), Poemas 1958-1995 (1995), Antología poética / Prólogo de Osvaldo Picardo. (2006) y A complicated mammal, Selected poems translated by Richard Gwyn  (2013).

Pocos poetas argentinos me conmueven tanto como Joaquín O. Giannuzzi. Lo conocí en 1983, cuando después de haber comprado un libro suyo en una librería de viejo, busqué su teléfono en la guía y, con absoluta impertinencia, fui a su casa para decirle lo mucho que me había gustado su poesía. El resto fue tiempo que pasó y un montón de historia en común. Tengo la sensación de que un poema como “La reducción” incluido en Principios de incertidumbre (1980) es una síntesis casi perfecta de las mayores virtudes de Giannuzzi y, tal vez, de lo que alguno puede suponer como defecto. Leo en este poema la descripción seca hasta rozar lo morboso de una circunstancia trascendente y, al mismo tiempo, cierta sombra de patetismo vinculada a la presencia de un yo a la que la poesía de las últimas décadas le ha escapado como a la lepra. Me parece que la combinación es irresistible y que mucho después de la primera lectura, el poema perdura en la memoria con su propio peso específico. ¿Qué otra cosa podría uno pedirle a un texto?

J.F.

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La reducción

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Luego de veinte años, sosegada
la cerrada e hirviente oscuridad,
su osamenta chirrió en el horno.
La ceremonia técnica
transcurrió rápidamente. Se firmaron
papeles, se fijó un número
en la mente y todo el áspero
amor que nos enfrentó, a lo lejos,
los malentendidos sentimentales
entre sangres de un mismo incendio,
cruzados de ojo a ojo, de lenguaje a lenguaje,
su identidad, sus huesos y sus ropas finales
concluían en un puñado de materia indistinta.
Aquella noche en que dijo
“mi corazón no da más” y el médico
buscó una vena para la última aguja,
y la familia reunida compartiendo
una negación, se comprimía
como un bulto congelado en la memoria.
Lo demás fue una lenta
fermentación residual, entregada
a la química ciega, ajena
a la emoción y a las flores dominicales,
hasta que el ciclo se cerró
sobre un mínimo vestigio de historia personal,
apresurada la disolución, resuelto
con un golpe de fuego
el constante homicidio de la creación.

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Uno por Otro – Columna de poesía Argentina por Jorge FONDEBRIDER – 2019 Buenos Aires Poetry.