En tierra, el pájaro olvida cantar | Luisa Fernanda Trujillo Amaya

Luisa Fernanda Trujillo Amaya (Bogotá, Colombia). Poeta y docente universitaria. Profesora de Creación Literaria en la Universidad Central de Bogotá. Ha escrito tres libros de poesía: De soslayo, prendada, publicado por la Fundación Palabra a tiempo en el 2010, Trazo en sesgo la noche, publicado por la colección Un libro por centavos de la Universidad Externado de Colombia en el 2012 y, En tierra, el pájaro olvida cantar, publicado en Italia por Walter Rafeelli Editore en el 2017 con traducción de Emilio Coco.

Poemas suyos han sido traducidos al inglés, francés e italiano y publicados en antologías y revistas internacionales.

3.

Extraje de la tierra la raíz del roble
Destilé de sus flores el dulce de la miel
y empaqué en frascos lo que imaginé elixir
cincelado por los picos de los pájaros
Con sus hojas hice un lecho al borde de la roca
Solía contar bellotas de una en una
Amanece el canto de las ranas en el río
Muge el paso del agua por la escorrentía
En el río las ranas ahogan los picos de los pájaros
Quedo sin su amparo ante la lluvia
Húmeda la piel será musgo a las alas de las moscas
Aposento de líquenes a las raíces de la orquídea

12.

Lo que cuesta vivir en un país donde las voces
se exorcizan en fiestas decembrinas
Creo haberlas velado una o mil veces tal vez
Durante un año vi pasar doce ataúdes sin nombre
sin carro fúnebre que acompañara su paso
sin una primavera que ofrendara a la muerte el pistilo de una flor
Solo el golpe seco y tartamudo de las trancas
atizaba las puertas de las casas, sacudía de los muros
las balas dejadas por la última guerra
Mi bisabuelo fue un visionario de esa guerra
Mascaba coca para mitigar el hambre
En sus visiones veía ataúdes blancos
Los que he visto han sido
ataúdes hechos con desmembradas tablas
unidas a golpe de clavo oxidado
Un ojo entreabierto me mira
por entre la rendija de dos tablas que no casan
Alguien hala de mi brazo
me interna en el ritual de la merienda de las cinco
donde hago sopas con agua de panela y pan añejo por el sol
En la mesa, una rama de olivo bendecida por el Papa
muere de sed

16.

Esas llantas arrumadas en las calles
Esos costales que la gente carga chorrean brea
untan las paredes de las casas
Esos ataúdes todos blancos hacen el desfile de la muerte por encargo
Esas ventanas de un golpe cerradas
tras otro golpe de la puerta
Esos gritos y yo muda escondida tras la tapia
Esa bala y otra bala y la ausencia de Fermín
Esos ojos que me miran y señalan
No me miren que me he ido
que no veo
que no existo
Esa mancha pura sangre que no es mía y que es mía
que siento como siento hervir todas las sangres
Ese semáforo estacionado en el rojo sangre de la sangre
que no cambia

18.

Ha muerto el pájaro aquél que copulaba con el viento en la mañana
Su vuelo había olvidado el Norte
A diario picoteaba el vidrio en mi ventana
De traspasar el viento
sus plumas se desmadejaban sobre el pavimento
Sus patas, de repujado cuero
habían asimilado el gris de la lluvia ácida
Ha muerto el pájaro aquél que copulaba con el viento en la mañana
Lo descubrí a la madrugada, al pie de la cornisa
El sereno congelaba en sus ojos el rocío
Su pico astillado apuntaba a mi ventana

39.

Remaba en una batea, para ella el mar
El mar había sido eso, nada más que eso
Un trozo de agua extendido en el horizonte
Un pozo derramado en medio de la tierra firme
Un rugido llegado de afuera con aliento a sal
Remaba
Sus manos arrugaban el agua
salpicaban de borde cualquier cosa a distancia
y anunciaban a los pájaros y a las olas
que aquí dentro
también la lluvia cae
Es mayo y miro el mar
En él navegan los azulejos del baño y la batea
Una boya toma bocanadas de aire
anuncia los ahogados
El límite envejece y yo
he demorado en conocer el mar


Luisa Fernanda Trujillo Amaya | EN TIERRA, EL PÁJARO OLVIDA CANTAR | © Copyright 2017 | Raffaelli Editore – Rimini (Italia).