Carta sobre la poética | Sean Bonney

Sean Bonney nació en Brighton, Inglaterra, en 1969. Ha publicado Notes on Heresy (2002), Poisons, their Antidotes (2003), Blade Pitch Control Unit (2005), Document: hexprogress (2006), Baudelaire in English (2008), Document: poems, diagrams, manifestos (2009), For the Administration (2010), 5 After Rimbaud (2010), The Commons (2011), Happiness (2011), Four Letters, Four Comments (2012) y, más recientemente, la colección Letter Against the Firmament (2015).

Carta sobre la poética.

Veo que nuevamente trabajas de profesor. Lo del 10 de noviembre fue ridículo, nos encontró a todos desprevenidos. Y ese “nosotros” es el mismo “nosotros” de estos poemas, pero también contra “ellos”, y quizás contra “ti”, porque una rápida colectivización de la subjetividad supone también puertas cerradas, barricadas y auto-definición por antagonismo con la misma velocidad, etc. Quien no haya estado simplemente no lo entendería. Da igual. Algunos meses después, o quizás fue antes, ya no lo recuerdo, me senté a escribir un ensayo sobre Rimbaud. Asistí a una charla en la Marx House y me impresionó que la gente aún hablara sólo a través de mitos: Verlaine, etc., un pendejo de mierda insoportable etc., tráfico de armas, colonialismo, etc. Un poco menos sobre esto último. Como si no hubiera nada que decir sobre lo que había en la obra de Rimbaud –o en la poesía de vanguardia en general– que pudiera leerse como una contraparte subjetiva de las convulsiones objetivas de cualquier momento revolucionario. Me pregunté cómo podríamos delimitar lo que estábamos experimentando de tal manera que pudiéramos ahí reconocernos. La forma sería monstruosa. Eso está en alguna parte de La estética de la resistencia. Digo, obviamente un discurso contra el gobierno, pero incluso gritándolo con un ladrillo atravesando ventanas no sería suficiente. Comencé a pensar que fue por las jodidas consignas que fracasó el movimiento estudiantil. Eran horribles. Débiles como poemas. Sí, fui e hice lecturas en las tomas estudiantiles, pero francamente habría estado mejor embriagándome. Me sentí estúpido, presentándome después de alguien que hablaba sobre qué hacer si te detenían, o algo así, presentarme ahí y leer poesía. No logro convencerme de lo contrario. No puedo obviar que mi poesía haya sido de algún modo “probada” después de que la disfrutaran. Porque tú lo sabes, después de lograr un entendimiento político nuestro odio creció con mayor intensidad, comenzamos a luchar, nos guiaba una repulsión fría y homicida, y raramente encontramos esa sensación articulada por el arte o la literatura. Esto también es de Peter Weiss. Me preguntaba si podríamos de alguna manera escribir un poema que (1) identificara el momento preciso en un presente coyuntural, (2) nombrara la tarea específica para ese momento, es decir, un poema que nos permitiera nombrar ese momento, y (3) ejerciera tanta fuerza como hayamos concentrado y encarnado en los análisis concretos de la situación concreta. No hablo del poema como pensamiento místico, en absoluto, sino como análisis y claridad. No he visto a nadie que haga esto. Por supuesto, es imposible entender las obras de Rimbaud, especialmente Une saison en enfer, si no se ha estudiado y comprendido en profundidad El capital de Marx. Y esta es la razón por la que ningún poeta inglés jamás ha entendido a Rimbaud. La poesía es estúpida, pero repito, la estupidez no es la ausencia de habilidad intelectual, sino la cicatriz de su mutilación. Rimbaud lanzó su programa poético en mayo de 1871, una semana después que masacraran a los communards de París. Quería estar ahí, siempre lo repetía. La “larga transformación sistemática de los sentidos”, el “yo es otro”, está hablando de la destrucción de la subjetividad burguesa, ¿no? ¿Está claro? Esa es su defensa de la imaginación poética, esa es su idea de lo que el trabajo poético debe ser. Obviamente podrías leerlo como un simple recipiente para los excesos personales, pero sólo desde la perspectiva de la realidad policial. Acabo de tomar un speed, me fumé un porro y ahora tomaré una Pepsi, pero no es la razón por la que estoy escribiendo, y tampoco se trata de eso. La “larga transformación sistemática de los sentidos” está en los sentidos sociales, por supuesto, y cuando todo estalla el “yo” que deviene “otro” es la transformación de la individualidad en colectividad. Sólo en el mundo angloparlante, en el que no sabemos nada excepto matar, es necesario aclarar mierdas tan simples como estas. En el lenguaje enemigo es necesario mentir. Como lenguaje la mentira es posiblemente el más alto de los sentidos sociales, es lo que tenemos que transformar. Pero cómo hacerlo sin volvernos conceptualistas idiotas intentando encamarse con estudiantes. Tú sabes a qué y a quiénes me refiero. Para la gran mayoría de la gente, incluida la clase obrera, los trabajadores y los estudiantes politizados son simplemente incomprensibles. Piensa en esto cuando estés hablado sobre el lenguaje rebarbativo de la vanguardia. O esto: la simple anticomunicación, hoy robada del dadaísmo por los defensores más reaccionarios de las mentiras institucionales, carece de valor en un tiempo en el que el problema más urgente radica en crear una nueva forma de comunicación para todos los niveles de la práctica, del más simple al más complejo. O esto: en las luchas de liberación, en las personas que alguna vez estuvieron relegadas al reino de la imaginación, víctimas de terrores impronunciables, pero felices de perderse a sí mismas en sueños alucinatorios, y que hoy son arrojadas al desorden, la re-forma y entre sangre y lágrimas a parir problemas bastante urgentes y reales. Es simple, el ser social determina el contenido, el contenido descoloca la forma, etc. Lee los últimos poemas de Rimbaud. Son tan intensamente alucinatorios, tan frágiles, son el sonido de una mente al límite de sus ataduras y en pleno proceso de desmoronamiento, son el sonido de un regreso al negocio capitalista tras la intensidad de la insurrección, el sonido del yo colectivo arrojado de vuelta a su individualidad, el sonido de estar jodidamente paralizado. Hielo polar, es de todo lo que habla. Bueno, lo sé, eso nos arrastra de regreso al romanticismo del fracaso, al poète maudit, a esa forma de asquerosa conformidad. En cualquier caso, difícilmente representa nuestra coyuntura. Nosotros nunca hemos tomado el control de una ciudad. No lo sé, quizás aún podemos entender el pensamiento poético del modo que yo y tú lo trabajamos, eso espero, como algo que se mueve contra las manecillas del reloj de la anti-comunicación burguesa. Contra todo eso. Todo lo que dice. Podemos comprometernos con ideas que han sido borradas de los archivos oficiales. Si parece incomprensible, bueno, lee más arriba. Piensa un tiempo en que por así decirlo no sólo la revolución es imposible, sino que pensarla también. Pienso específicamente en occidente, por supuesto. Pero recuerda que mucha poesía es mimética con lo que un conservador piensa que es incomprensible, antes que un compromiso con ello. Ahí la frase fue más allá del contenido, aquí el contenido va más allá de la frase. Y no sé, me gustaría escribir una poesía que pudiera acelerar la continuidad dialéctica en la discontinuidad y así hacer visible lo que sea que haya sido forzado a la invisibilidad por el realismo policial, donde la lírica del yo-tú, eso, pueda ser (1) un interruptor y (2) un colectivo, donde el discurso directo e incomprensible sólo sea posible como una síntesis que pueda curvar las ideas dentro y fuera de los límites del insurreccionismo y el ilegalismo. Está el peligro obvio que las ideas desaparecidas sólo regresen ‘muertas’ o reanimadas como zombies: el terrorista como una utopía averiada donde todos los elementos, incluidos aquellos eclipsados por el pensamiento burgués, aún son completamente utilizados por la misma burguesía. Sé que esto no tiene mucho que ver con la ‘poesía’, al menos no del modo en que se entiende la palabra, pero de nuevo, tampoco la entiendo así, no en ese sentido. Mira, no creas que te estoy jodiendo. Esta es la situación. Abandoné la ‘vida normal’ hace casi veinte años. Desde entonces guardo silencio en esta ridícula ciudad, resguardándome, completamente encerrado en mi trabajo. He respondido cada pregunta con silencio. He mantenido mi cabeza abajo, como debes hacerlo en una posición contra-legal como la mía. Pero ahora enfrentamos un ataque sorpresa de un gobierno de millonarios. Todo se ve forzado hacia la superficie. Ya no siento que sea yo mismo. Me he caído a pedazos, me cuesta trabajo respirar. Mi cuerpo se ha transformado en algo diferente, ha llegado a sus más pequeñas dimensiones, se ha dispersado en la nada. Y sin embargo en cuanto llegó a cero, tomó un profundo respiro, de pronto pudo hacerlo, sobrevivió y pudo ver su función indeterminada en el todo. ¿Me entiendes? Eso no es Rimbaud, es Brecht, pero se entiende la idea. Como el 24 de noviembre cuando estábamos afuera de Charing Cross, apoyados contra el muro, etc., y de la nada algo así como 300 adolescentes corriendo destrozaron la calle gritando “DE QUIÉN ES LA CALLE – NUESTRA”. Nos rajamos riendo. Serías un cerdo si no respondes.


Título original, Letter on Poetics. Publicado en la colección Letters Against the Firmament, Enitharmon Editions, 2015. Una versión anterior se publicó en el poemario Happiness. Poems After Rimbaud, Unkant Publishers Ltd, 2011 | Traducción de Ángelo Narváez | Buenos Aires Poetry, 2019.