Obra Poética, 1975-2007 | José Carlos Cataño

JOSÉ CARLOS CATAÑO, poeta y escritor, nació en La Laguna (Islas Canarias) en agosto de 1954 y vive en Barcelona desde 1977.
Con El cónsul del mar del Norte (Pre-Textos, 1990) fue finalista del PREMIO NACIONAL DE POESÍA de 1991. En 2004 la Editorial Pre-Textos publica la primera entrega de sus diarios, Los que cruzan el mar. Diarios, 1974-2004, título que elegirá para acoger las siguientes entregas, publicadas por Editorial Renacimiento: La próxima vez (2014), La vida figurada (2017) y El porvenir del horizonte (2019).
En 2012, la Asociación de Amigos del Libro Antiguo de Sevilla y el Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla, editan De rastros y encantes, diario de libros en diferentes escenarios y países. 
La Obra poética (1975-2007) de José Carlos Cataño conforma la totalidad de su trayectoria, desde Disparos en el paraíso (1982) hasta Lugares que fueron tu nombre (2008).

Lugares

La luz podría ser la misma
Cuando de verdad era cierto.
El mar, invisible, hacia arriba,
Todo selva, luz y extravío.
Entonces no sabía si te amaba.
Hacíamos la juventud;
Yo sin más destruía.

Ser de algo

Ser de algo,
Ser del sentido,
Ah, la vocación por cumplir,
Cumplir lo que falta, lo que concluye
En claro, el rotundo aparecer de algo
Entre las nubes, el cielo en orden, lo que falta
Tan claro.

Ésta es mi sangre

Esta sangre sin cuerpo que sube
Sin dolor ni rastro, enamorada
De las vueltas azules del aire,
Y me rodea, me define, me asombra,

Esta sangre que llevo sin que la mire,
Esta marea, el tibio olor que me anega,
Me rebosa con heridas y futuras
Emboscadas y derrotas si amanece.

Esta ha sido la senda y su tormento,
La calma vacía de las vigas
Diezmadas, el sol en el suelo licuado,
Sedientos los ojos de aquí al horizonte.

De aquí que es nada, solo la enseña
De hoy o de antes, una hoguera en el aire
Que la memoria ha subido a deshacer,
Antes de que beba su sombra de carne.

Padre mío derramado

Padre mío derramado en las aguas,
Que circundan las islas antes de ceder
Ociosas y resignadas hacia la corriente
Del Gran Sur. Padre mío,
Olas de topacio y cielos de ámbar,
Tus cenizas en la orilla de un mar hiperbólico
Brotarán para no decir nada, como aquí
En la tierra: Pero volvamos
A la noche de los tiempos, rocemos
Bandas tropicales, sargazos fosforescentes.
Y las estrellas sin luz descorrían tu nombre.
Como un ave gigantesca sobre la negrura.

Voy lloviendo hacia ti.

El tren va vacío, el paisaje es nada.
Hace frío, nada se queja afuera,
Rápidos los álamos, las piedras quietas.
Calladas pasan las ventanas.
Los perros beben en los charcos.
Yo no tengo donde beber.
Tu rostro es mi mirada
Habiéndolo perdido todo.


Extraído de JOSÉ CARLOS CATAÑO, OBRA POÉTICA, 1975-2007 | PRE-TEXTOS
2019.