Para los que llegan a las fiestas | Rubén Bonifaz

Rubén Bonifaz nació el 11 de diciembre de 1923 en Córdoba, Veracruz. Murió el 31 de enero de 2013. Estudió derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Posteriormente, obtuvo el doctorado en letras clásicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. 

Fue reconocido por sus destacadas traducciones de clásicos grecolatinos como Lucrecio, Catulo, Virgilio, Ovidio, Horacio, Propercio, Lucano, César, Homero, Píndaro y Eurípides, traducciones que fueron publicadas en la Bibliotheca Graecorum et Romanorum Mexicana. Su trayectoria está marcada por diferentes cargos y nombramientos. Fue miembro de la Asociación Internacional de Hispanistas (1977), presidente de la Sociedad Alfonsina Internacional (1985), miembro de la Academia Latinitate Fovendae de Roma (1984), Miembro del SNI (1993) y miembro del SNCA (1993) y miembro de El Colegio Nacional (1972). También fue becario del MCWC y de la Fundación Guggenheim.

En su obra destacan los géneros de poesía y ensayo, en la cual se encuentran los siguientes títulos: (poesía) La muerte del ángel (1945), Poética (1951), Ofrecimiento romántico (1951), Imágenes (1953), Los demonios y los días (1956), El mando y la corona(1958), Canto llano a Simón Bolívar (1959), Fuego de pobres(1961), Siete de espadas (1966), El ala del tigre (1969), La flama en el espejo (1971), Tres poemas de antes (1978), De otro modo lo mismo (1979), As de oros (1980), Antología personal (1983), El corazón de la espiral (1983), Albur de amor (1987),  Pulsera para Lucía Méndez (1989), Del templo de su cuerpo (1992), Trovas del mar unido (1994), Versos (1988-1994) (1996), El dolorido sentir. Antología de poesía amorosa (1998), Calacas (2003), Amiga a la que amo (2004), Antología general. Poesía II (2009), Antología general. Poesía I (2009), El honor del peligro (2012), Poesía completa (2012),  Para los que llegan a las fiestas (2012), (ensayo) Tiempo y eternidad en Virgilio “La Eneida”. Libros I, IV (1976) y Tristeza de amor en Carlos Pellicer (2001), entre otras.

Para los que llegan a las fiestas

Para los que llegan a las fiestas
ávidos de tiernas compañías,
y encuentran parejas impenetrables
y hermosas muchachas solas que dan miedo
—pues uno no sabe bailar, y es triste—;
los que se arrinconan con un vaso
de aguardiente oscuro y melancólico,
y odian hasta el fondo su miseria,
la envidia que sienten, los deseos;

para los que saben con amargura
que de la mujer que quieren les queda
nada más que un clavo fijo en la espalda
y algo tenue y acre, como el aroma
que guarda el revés de un guante olvidado;

para los que fueron invitados
una vez; aquellos que se pusieron
el menos gastado de sus dos trajes
y fueron puntuales; y en una puerta,
ya mucho después de entrados todos,
supieron que no se cumpliría
la cita, y volvieron despreciándose;

para los que miran desde afuera,
de noche, las casas iluminadas,
y a veces quisieran estar adentro:
compartir con alguien mesa y cobijas
o vivir con hijos dichosos;
y luego comprenden que es necesario
hacer otras cosas, y que vale
mucho más sufrir que ser vencido;

para los que quieren mover el mundo
con su corazón solitario,
los que por las calles se fatigan
caminando, claros de pensamientos;
para los que pisan sus fracasos y siguen;
para los que sufren a conciencia
porque no serán consolados,
los que no tendrán, los que pueden escucharme;
para los que están armados, escribo.


Extraído de Los demonios y los días (1956)  | Buenos Aires Poetry, 2019.