Las últimas instrucciones | Diana Moncada

 

Diana Moncada. (Caracas, Venezuela 1989) Poeta y periodista cultural venezolana. Autora del poemario Cuerpo crepuscular, que resultó ganador en el Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila en el 2013. Prologuista del libro de entrevistas literarias Al filo de Miyó Vestrini, del sello editorial Letra Muerta. En 2016 ganó una mención en el I Concurso Nacional de Poesía Joven «Rafael Cadenas». Actualmente reside en la ciudad de Lima, Perú.

La cena

servidos tus ojos en la mesa de los acantilados
servidos tus tendones en el plato de un niño que deletrea la invisible parquedad del movimiento
servidos tus hijos / tus hijos cubiertos de inexactos placeres sobre la yerba traslucida
servida tu boca como un lodo que se hunde para tocar el hueso de la gravedad
servidos tus dientes para morder la melodía de los desiertos / desiertos que se abren como clarividencias y tránsitos
lo tibio de tu madre cuando reza sistemas de enumeración
lo tibio de tus nombres que desfilan entre cañones de materia oscura / oscura maleza insoportable sobre las cabezas
madre soy alimento del tardío desierto que se levanta
servidas tus garras para arrancar los excedentes de una voz que dejó de ser
padre soy tu niña abrazada por amplios filos de materias extremas
servidas tus mañanas / el olor de tus residuos cuando apagas la luz contra la despiadada luz
servida yo porque desconozco el tacto de la música
madre he mentido sobre los ruidos de la nieve
servidas las moscas de tu muerte
padre tus palabras siempre fueron una piedra incomprensible
servida yo porque desconozco el color de los truenos que descansan
servidos tus hijos que vendrán por mí para reclamar lo blando de un vientre ciego de teorías espaciales
servido el histrionismo de tu voluntad que crece en un árbol de siglos primigenios
madre he abandonado la nave nodriza para despertar en un sueño de alfombras adormecidas por la inercia
padre no escuches a mi madre, el amor suele abandonarte tras un espejo vacío
servidas tus alas de ángel nonato de estúpido ángel de intermedios placeres
servida yo como un cadáver para tu autopsia en medio de instrumentos y artilugios exuberantes
madre solo es un juego para entretener las horas que van deshaciendo sus derrames en la madriguera
servida yo porque insistes en usar el polvo de tu destreza inocua
servida tu memoria para que plantes en ella la historia que escribiste para ti cuando la noche era noche y no esta eterna claridad derruida.

Las últimas instrucciones

Por ti di a mi padre las últimas instrucciones
(Si en la mañana mi pensamiento es vertical, entierra mis piedras bajo el agua y sé el pez que siempre quisiste)
por ti abandoné su torre
torre que él construyó para que yo criara serpientes y abedules
tras de ti asenté fiebres y niños vacíos que encontré y no pude descifrar los signos
solo vi como una constelación reptaba libidinosa sobre nosotros buscando un agujero
…………………………………………………………Soportarás la liviandad y la amenaza
Hay una ciudad que arde y vemos desde aquí cómo se retuercen todas sus líneas para cantar un himno inconfundible y puro porque la destrucción es histriónica y por su bilis asediada corren años y años de no saber más que los exactos ángulos del fin primero que no el último que no el mar quieto otoñal inaccesible donde se supura materia viscosa llamada vida
Deposité en tus ojos los metales con los que acunaba mi padre mis caballos
pero quisiera volver a su pozo para decirle que la traición es la medida de la transparencia
poco conocida en esta parte del espacio donde nada permanece
soñé con diamantes que corrían sobre su pecho
lánguido como un pasto enfermo y sensual donde solía dormir
pero en ti encontré un esqueleto deforme y lleno de tos y anatemas
déjame llorar la muerte, Martín
mi padre viene para podar las nubes violetas
y encender mi cabeza como un faro perdido que viaja nunca
déjame
sé un mar que se hunde bajo minerales extraños
mantén tu visión blandiendo la espada de tus enemigos
mi padre viene
y la nave se abrirá en tres
nada impedirá que mis columnas se sequen como troncos sobre su lengua amarga.

Ofrenda

Tú pastaste sobre un pueblo de reyes muertos para buscar la melodía de los ángulos
viste entre cabezas reptantes las inexactitudes del viaje y
decidiste hacerlo para limpiar tu pensamiento con vacíos
a ti que los trenes te acechan y los paisajes taladran tu debilidad
se debe el color de lo profundo
la piedra que pulida vence lo vencido
a ti que fuiste sentenciado por una madre a la trama celeste
y que escuchaste las batallas
los paisajes inamovibles
y que fuiste el nardo y la rabia
a ti que fuiste expulsado por una caravana de puertas inalcanzables
tú que nada ves
que la nada te abre y te engendra
tú,
círculo que midió la tierra por medio de especulaciones
a ti que nada ves y que nada escuchas por encima del sonido
que en tus formas se desdobla el hambre
a ti que la vida te quema y los arboles te encierran
y que dibujaste el tiempo en manglares de hielo
para ti
el espacio
ofrece su cadáver intacto al amanecer.

Perderás el habla

Perderás el habla. Todas las piedras cantarán en tu garganta y desde arriba verás el mundo nacer como un huevo. Reptarás hasta una cúpula, esperarás sin temores cómo la velocidad se transforma en un río cauteloso. Lamentarás haberlo cruzado y haber crecido entre helechos. Perderás tu historia. La primera estación te enseñará la membrana luminosa que mecen los padres que alcanzan la muerte. Serás un artefacto obsoleto lleno de moho y recuerdos. La nave será tu jardín. Vaciarás tu mirada y la llenarás de ectoplasma y sales traficantes. Serás un placer solo y ajeno y la lluvia crecerá contigo como un germen pletórico y transparente. Despedirás a todos los hombres que dudaron del viaje. Reconocerás las columnas y los gusanos de la ciudad devorando los linos de la noche. No habrá nobleza mañana. Antares ha cifrado la tentación.


Colaboración enviada por Víctor Manuel Pinto (Venezuela) | Buenos Aires Poetry, 2019.