“Lo Pequeño” | Ana Franco Ortuño | Prólogo de Jorge Fondebrider

Ana Franco Ortuño (Ciudad de México, 1969). Poeta, cocinera, ensayista y profesora. Licenciada y maestra en Letras hispanoamericanas por la UNAM. Fue subdirectora y coordinadora del Periódico de Poesía y del festival Poesía en Voz Alta en la Casa del Lago Juan José Arreola, ambos de la UNAM. Publicó El libro de las ideas (Ediciones Sin nombreSCGDF, 2012); Peligro de extinción (Carmina in mínimare, Barcelona, 2012) con versiones a la lengua ñuu savi (mixteco), por Kalu Tatysavi. Participa en selecciones como Enemies / Enemigos. Poesía de la Ciudad de México y Londres (SJ Fowler. EBL-Conaculta, 2014); Sombra roja. Diecisiete poetas mexicanas (1964-1985), (Rodrigo Castillo. Vaso Roto, 2016); The Other Tiger. Recent Poetry from Latin America, (Richard Gwyn. Poetry Wales Press, 2016). Coordinó y tradujo Inestabilidad. Poesía contemporánea de Francia y México (EBL. Intersticios-Universidad Veracruzana, 2016); Cocina y literatura. Ensayos literarios sobre gastronomía y gastronómicos sobre literatura (LOM, Santiago de Chile, 2017) y El libro de las condiciones (Proyecto Literal, México, 2017).

Todo se mueve en lo borroso

Prólogo de Jorge Fondebrider

 

Lo primero es una gran sensación de desconcierto: estos poemas algo dicen, ¿pero qué? Diáfanos en su factura, tienden a ocultar más que a mostrar, a ocultarnos un sentido antes que a desplegarlo ante nuestros ojos. En síntesis, pueden desalentar a cualquiera que no tenga la fe y la paciencia suficientes como para seguir adelante. Hasta que, finalmente, en la sección “Hormigas”, uno lee que “Hay en casa una invasión insólita” y dos estrofas más abajo sabemos que quien habla se refiere a “negras nubes y un caminito despensa abajo”, lo que obligará a esa voz a “comer de pie, rápidamente / cubrir los desagües / pasear por las noches sin alumbrado”. Así, en unos pocos versos, el sentido se hace visible y termina por revelar todo el resto. Tirando de ese hilo se llega a Lo pequeño, que incluye “La Trayectoria”, “La casa”, “Los personajes”, “La televisión”, “Hormigas” y “Letras”, secciones o, quién sabe, tal vez un programa de vida deliberadamente velado, como si la autora tuviera la convicción de que la realidad es demasiado amplia como para rebelarla en un poema, en un conjunto de poemas que, en este caso, se ofrecen con carácter antológico.

En este punto, tenemos todo el derecho del mundo de preguntarnos por qué ese esfuerzo por hurtarnos el sentido, considerando aquí el verbo “hurtar” por la segunda acepción con que aparece en el diccionario: “desviar o apartar una cosa que estorba”. No se trataría entonces de reverenciar la multiplicidad que nos rodea, sino de concentrarnos apenas allí donde se posen un instante los sentidos. Ahora comprendemos que este libro está hecho de lo que miramos, de las texturas de aquello que palpamos, del gusto de las cosas, su sonido, y, por supuesto, de una subjetividad que no descansa ante el mero espectáculo de todo lo que pasa y percibe, aunque ello implique luego “canela, limón y tomillo para los golpes, las cicatrices”. Eso sí, al lector le corresponde imaginar cuáles son esos golpes y qué cicatrices dejaron, porque celosa de la intimidad de la voz que habla, la poeta no lo dice.

Para no abundar, diría que en este juego de develaciones y ocultamientos reside la voz de Ana Franco y que ella lo sabe, por eso se anima a declarar: “no invierto tiempo decodificando grandes misterios”. Vale decir, sabe quién es y cómo decir lo que dice, rehuyéndolo, esquivándolo, retirándose, escondiéndose, alejándose. Tal vez por eso haya anotado en las puertas de este libro: “quizá lo grande aguarde bajo el polvo de que me encargo”. Y sí, es posible que así sea y que el premio que constituye su lectura sólo esté disponible a los tengan fe y paciencia para acompañarla en su viaje, que es lo que se le pide a todo lector de poesía.


El bosque es el resultado de la misma puntada
interminablemente repetida
G, de John Berger

*

Lo pequeño

Alguien se encarga de lo pequeño para que el mundo avance
Alguien que barre y cuida los detalles
(aunque lo suyo sea hacer grandes cosas)

Alguien ha dado de comer en la boca
aprieta una tuerca
o paga el recibo de luz

Lo grande avanza en función de que el polvo no cubra
no aniquile

Quizá lo grande aguarde bajo el polvo del que me encargo

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*
Uroboros

Forma fija
que impide
(Algún oyente)

Línea de silencios

Distancia que nos enrosca
— por si la muerte es muerte —

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*
Enzima

Yo propongo un fermento
un componente de fermentación
a los sistemas

Tendencia al Desajuste

Ojo: se participa
pero no siempre se es
A veces el testigo es miope

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*
Andrógino

Distribución indigna:
andar por la banqueta
siendo
algo de silla o de mesa
algo de una tarde en Madrid
(taxidermista que se integró a la piel de sus creaturas)

Amanezca un día de la semana entre reloj y regadera si ha aprendido a vivir en este mundo de Fantasmas Administrados de Forma Poco Original

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Extraído de Ana Franco Ortuño, Lo Pequeño (inédito).