Río que vuelve | Juan Malpartida

Juan Malpartida (Málaga, España, 1956) es autor de varios libros de poemas, recogidos todos en el volumen Huellas. Ha escrito también novelas, la trilogía: La tarde a la deriva, Reloj de viento y Señora del mundo, y Camino de casa; los diarios Al vuelo de la página, Estación de Cercanías, y los ensayos literarios, entre otros, La perfección indefensa, Los rostros del tiempo, Margen Interno, Antonio Machado, vida y pensamiento de un poeta y, de próxima aparición, Octavio Paz. Los poemas que aquí se publican pertenecen al libro, de próxima aparición en la editorial Pre-Textos, Río que vuelve. Es director de Cuadernos Hispanoamericanos.


RETRATO, HACIA 1970

En la verde marea o en las palabras,
en la palabra mar
o en su reguero de algas.
Un horizonte azul
y los días aciagos de la infancia,
un rebaño de nubes y el silencio
quemado por la luz de agosto.

No había nadie en casa,
las sombras y las horas ya crecidas.
Arriba, los giros de los vencejos
y sus galimatías.
No había nadie.
En la proa invisible de la tarde,
dentro de ti, los mundos oscilaban
sin mostrar el camino.

Y para conjurar
el sabor de la distancia,
mezclaste los sonidos
bajo la sombra próvida de los árboles.

Los sonidos, las cosas, el mar entrando a puerto,
el dique roto de la noche
en la joven vigilia de las armas.
Aquel deseo, erguido
sobre un alba dudosa, merecía,
algo más que la vida.

VENTADOUR INTERPELA A LA MUSA

Cómo me cansas a veces con tu lírica,
constructora de puentes, memoria de los pueblos,
pastorcilla del Ser, putón sin cuento.

Me subleva tu permanencia,
y esa manera tan cínica de retirarte,
como si no me conocieras.

Al cabo tú y yo somos materia
de galaxias errantes y tardes de bostezos.

No lo olvides, y vuelve,
aunque sea tan sólo para pasar la noche.

PRESENCIA

Esta noche de abril,
en la pequeña inmensidad de un cuarto,
las hojas que se cierran,
la hora que se abre.
Bajo el anhelo intacto del deseo,
tu cuerpo tendido,
presencia del comienzo, brisa quieta;
el oleaje lento de tus pechos,
las algas, caracolas y salivas,
y los astros que giran en tus ojos;

desciendo por edades que no tienen tiempo,
tu memoria se anuda a mi pasado,
tu piel de especias que me piensan,
mis pensamientos que son manos
y tocan Mar en todo lo que pienso,
tu vientre que me inventa
de líquido lenguaje sin palabras,
mientras digo tu nombre,
que tú al nombrarme, has olvidado.

INCLINACIÓN DE LOS CUERPOS

Al cabo, y desde un principio, se curva,
espiga de la noche,
……………………………….manojo de palabras,
ofrenda sobre la piedra de sombra,
el canto, el tiempo, la bestia insomne
y la junta de voces mecidas por los vientos,
por el deseo de ser, oscuro nombre,
dejan sus huellas en la orilla incierta,

amanece, la ninfa de las hojas,
el arcano rumor del deseo
al lado de tu lado detenido,
…………………………………………….se curva,
imantada espiral, cuerpo del mundo,
sobre la sombra húmeda del tiempo.


Los poemas que aquí se publican pertenecen al libro, de próxima aparición en la editorial Pre-Textos, Río que vuelve | Buenos Aires Poetry, 2019