“I’m Only Spleenning”: una lectura de Zubieta | por Franco Bedetti.

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Así como Baudelaire da cuenta del París Moderno de Haussmann, Zubieta da cuenta del Santiago de Sanhattan, y de la problemática habitacional de la Comuna de Santiago Centro. No obstante, la dualidad baudeleriana Spleen et Ideal no se da en Zubieta, o no totalmente. En el Santiago neo-liberal post-dictadura tuvo lugar la muerte del espacio público y con él la muerte de cualquier posibilidad de flâneur. Ya no se puede pasear por la ciudad, ella es “un tumulto de cal”, no se ve nada.

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“Costanera Tower”, el primer poema del libro, parece responder a un famoso verso de Rubén Darío: “¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?”¹. Los primeros dos versos del poemario de Zubieta están escritos en inglés: “We built a tower…/ I mean”. A partir del tercer verso la voz del poema habla español y precisa la finalidad de la construcción del edificio más alto de américa latina: “(…) nos rompimos la cara / para falsificar un ídolo de piedra / que recordara el triunfo ante las tribus vecinas.” Zubieta no se demora ni un verso, desde el inicio nos contextualiza: se trata del tan mentado “Desarrollo Chileno.” Pero la visión panorámica que nos da el poemario de ese desarrollo no nos devuelve la imagen de ningún oasis, sino más bien la del más puro desierto, me arriesgaría a decir: la imagen del desierto beckettiano a lo Happy Days.
A medida que uno avanza en la lectura del poemario encuentra una especie de polifonía de voces encarnadas en diferentes entidades, el yo poético puede ser un reconocido director de cine: “Yo-Godard- / a través de un cristal en que se rompería la luna / oigo sin secuencias la belleza delirar”, o un objeto: “Soy un aparador repleto de facturas”, o un animal: “Soy el ciervo que se fugó de la selva.” Me interesa detenerme en el último verso. Después de leer el poemario unas cuantas veces, creo que ese ciervo, o la metáfora que ese ciervo representa, es central. En la mayoría de los poemas podemos encontrar una observación -llevada a cabo por más de un yo poético- de Santiago como ciudad. En todos los casos las observaciones son hechas desde las alturas de balcones o terrazas. El cuerpo que observa no está en la superficie de la ciudad, incluso puede no estar en la ciudad. El cuerpo que observa es el del flâneur expulsado de Santiago por el neo-liberalismo, el del ciervo que se fugó/escapó de la selva. A ese ciervo en el poema se le dice: “tus lugares ya no son las plazas y los cines, / los escarnecedores crujieron sus dientes frente a ti / y alguien prepara azotes en las espaldas / para los necios”.
Así como Baudelaire da cuenta del París Moderno de Haussmann, Zubieta da cuenta del Santiago de Sanhattan, y de la problemática habitacional de la Comuna de Santiago Centro. No obstante, la dualidad baudeleriana Spleen et Ideal no se da en Zubieta, o no totalmente. En el Santiago neo-liberal post-dictadura tuvo lugar la muerte del espacio público y con él la muerte de cualquier posibilidad de flâneur. Ya no se puede pasear por la ciudad, ella es “un tumulto de cal”, no se ve nada. El flâneur -como sostiene Benjamin²: “(…) necesita espacio para moverse y no quiere prescindir de su independencia.”- ya no tiene lugar en el Santiago de Sanhattan, porque en el centro financiero no hay nada qué observar más que parcos, fríos e inmensos edificios vidriados; ahora “miramos al cielo sin ninguna creencia”, y se mira para arriba porque “nos han quitado el derecho de ver de lejos” y el observador no puede ser un flâneur porque perdió la independencia necesaria, porque “el desarrollo exige / contabilizarnos a puñados, numerarnos en series tatuados en sangre, / ocultarnos en el rincón.”
En Zubieta prima el Spleen, los diferentes ‘yoes’ poéticos que aparecen a lo largo del poemario son voces que siempre coinciden en la supremacía del Spleen, pareciera como si todas esas voces cantaran un cover alternativo de The Beatles y dijeran: “I’m only spleenning”, con ironía, pero con certeza. Leemos en un poema, no en vano titulado “Spleen de Santiago”: “Los que nos quitaron varios trozos de horizonte / pueden estar tranquilos, / torres curvas como la miopía nublan la vista / y la luz no alcanza a sugerir el sol”, esa es la certeza, los ricos pueden estar tranquilos, lo lograron, construyeron su ciudad, tienen vendido y comprado todo el territorio. En Zubieta no hay lugar para el cisne rubendariano de encorvado cuello que interroga al futuro, ni para el cisne que sobrevivió al exceso de ser tópico eterno; de ese exceso Lihn excusó a la poesía: “La poesía puede estar tranquila: / no fueron cisnes, fue su propio cuello / el que torció en un rapto de locura / muy razonable pero intrascendente. / Ni la mitología ni el bel canto, pueden contra los cisnes ejemplares.”³ En un tono que lo caracteriza, Lihn anuncia la supervivencia del cisne en tanto parte de la realidad, y la muerte –en su tiempo y ahora ya muy conocida- del cisne como recurso poético. En Zubieta, los que “pueden estar tranquilos” no permitieron ninguna supervivencia, devoran la realidad y las cosas; la poesía apretó el cuello del cisne para que muera en todos los poemas y viva en la tierra, el neo-liberalismo apretó el cuello de los mirlos-humanos, cortándole primero las alas, para luego condenarlos a morir junto al planeta.
La clara supremacía del Spleen a lo largo de todo el libro entraña una predicción. El libro fue terminado en Julio del 2018, dos meses antes del estallido social que tuvo lugar en Octubre, y que hoy en día -dos meses y medio después- continua sucediendo. Pareciera como si las imágenes de Spleen se hubieran ido acumulando en una estrofa-olla a presión que las comprimió y terminó de hervir: “El cansancio / el paraguas / el rumor de adoquines / formas de una misma constelación de aguas negras, / predicciones que ilustran un desencuentro que tendrá lugar / bajo un cielo cubierto de cenizas.” El libro le habla a un país desaparecido, a una “(…) ciudad casi sin espacio / adelgazada hasta la soledad / por sus torturadas raíces / detenidas / desaparecidas.” A lo largo del poemario la presencia de los desaparecidos y asesinados durante la dictadura de Pinochet se siente como un coro de oprimidos mudos, sin justicia, como una fuerza que pugna por emerger desde la más resistida de las memorias: “No son treinta pesos, son treinta años”. El libro predice el estallido social, el hartazgo del pueblo chileno que ya no soporta la perversión del sistema y la impunidad con la que se han manejado las fuerzas armadas y de seguridad hasta el día de hoy. Zubieta es un libro documental, que no trabaja con archivos oficiales, sino que busca oficializar una demanda conjunta, evidente, y actual.
Spleen only Spleen, nos dice Zubieta: “(…) sólo hay barro en todas partes, / mugre en el fin del orbe / y ahora un imperio de autómatas / que eternizan la sagrada robótica del Padre / de hacer personas y luego borrarlas / la íntima mecánica del cielo industrial / huesos de acero dispersos en el aire.” Zubieta es un poemario perceptivo y documental, y aunque todavía no lo dijimos, no todo en él es desasosiego. Hay un amor que es justamente el único poema en el que se podría intentar rastrear la supervivencia del Ideal baudeleriano: “Un silencio visual que preanuncia el éxtasis en la vejez / la infinita complaciencia de ver a la protagonista / como si fueras variaciones sobre Anna Karina, el sueño donde a la vista de la mujer / Yo- Godard- / a través de un cristal en que se rompería la luna / oigo sin secuencias la belleza delirar.” Nótese la presencia del mismo recurso utilizado por Baudelaire en Le cygne: la máscara de Andrómaca sobre Jeanne Duval, la máscara de Anna Karina sobe la de Clarisse. Un amor que se resiste a ser puro Spleen como lo son Winnie y Willie, un amor a prueba de neo-liberalismo. Zubieta suena como la fusión del 90% del caudal sonoro de “I’m Only Spleenning” y con el 10% de “We Can Work it Out”. Tus sospechas fueron ciertas, Rubén.


NOTAS

¹ Darío, Rubén (2011). “Los Cisnes” en Antología Poética, Ediciones Corregidor, Buenos Aires.

² Benjamín, Walter (2013). “II El flaneur; El París del Segundo Imperio en Baudelaire”, en El París de Baudelaire, Eterna Cadencia, Buenos Aires. 

³ Lihn, Enrique (2017). “El Cisne”; “Poesía de Paso” en Porque escribí. Chile: Fondo de Cultura Económica S.A.


Fotografía ©Alejandra Escobar Delmas