El canto popular | Pier Paolo Pasolini

Pier Paolo Pasolini nació en 1922 en Bolonia, pero pasó su infancia y juventud en Casarsa, en el Friuli, donde había nacido su madre. Huyó del ejército y al término de la guerra se afilió al Partido Comunista, del que fue expulsado dos años más tarde. Se fue con su madre a Roma y vivió en los asentamientos miserables de los suburbios. En poco tiempo comenzó a publicar sus libros. Murió apaleado en el balneario popular de Ostia. Su confeso asesino, Pino Pelosi, declaró muchos años después que tres personas habían sido en realidad los autores del crimen. El proceso se reabrió varias veces. Sus principales libros de poesía son Las cenizas de Gramsci (1957), El ruiseñor de la Iglesia Católica (1958), La religión de mi tiempo (1961), Poesía en forma de rosa (1964) y Transhumanar y organizar (1971).

El canto popular

I

De improviso el mil novecientos
cincuenta y dos pasa sobre Italia:
solo el pueblo tiene de él un verdadero
sentimiento: nunca fuera del tiempo, no le deslumbra
la modernidad, aunque siempre el más
moderno sea él, el pueblo, esparcido
en aldeas, en barrios con juventudes
siempre nuevas -nuevas al viejo canto-
a repetir ingenuo aquello que fue.

Y en esta primavera, sobre el polvo
y los revoques de las casas pobres,
sobre el blanco de las placetas,
disuelve con el año el pueblo sus nuevas voces
apenas más humanas que los chillidos
de las viejas golondrinas, ¡y tan humanas!
Parece detenido en sus ciudades y sus playas,
en una Italia anterior que se queda
perdida en frescos silencios, humildes gritos.

Es la actual corrupción
en él la Corrupción: en los nuevos arrabales
como en las suburras obseso
de alegría y hambre napolitana,
donde más ríe es más sanguinario,
y el vicio es más oscuro donde más resplandecen
los ideales del hombre a cuyo servicio
él vive desde eras, y al cual se vende:
corrupto y puro porque en él todo es inicio.

Abrasa el primer sol dulce del año
sobre los pórticos de las pequeñas ciudades
de provincia, sobre los pueblos que aún
saben a nieve, sobre los apenínicos
rebaños: en los escaparates de las capitales
los nuevos colores de las telas, los nuevos
vestidos como en límpidas hogueras
dicen cuánto hoy se renueva
el mundo, qué distintos gozos desahoga…

Y poéticas en el pueblo
se vuelven las bajezas que, plebeya,
la burguesía inventa según su egoísmo,
y no se empaña el dialecto, que es alegría absoluta,
por aquellas palabras descendidas
de una lengua viciosa, impía: inventadas
las últimas en una nación que sin orden
se empuje en el presente más impuro, y llameantes
de actualidad, tiña sus contradas

con más violencia del color arcaico:
dentro de la segunda mitad del siglo
así cae, sin ningún otro amor
que no sea el de su ciego vivir
en una vida improvisada,
en una confusión incolora de colores,
esa patria que en las encrucijadas
reúne no vivos, sino hijos de vivos,
millones de hombres que la impureza une.

Y ya las nuevas generaciones irrumpen:
en el pueblo he aquí juventudes barbáricas
que todavía la posguerra corrompe
y vicia; en la burguesía
están cargadas de humanidad consumida
si la atestiguan los padres:
no les queda sino el odio y prejuicios, ¡e inútilmente
se les da, en el ímpetu de los modos paternos,
una salud niveladora que alivia!

Nacidos hijos de hombres no encuentran
más que un solo modo para ser Hombre.
En ellos, puro nombre, se renueva
la libertad y aparece sonido
puro la carne misma, en la inspiración
donde el mundo sufrido en los sentidos
es uno en una razón única.
Y el mundo y ellos están en otro sitio, inmersos
en un misterio no expresado por su nombre.

Extraído de Pier Paolo Pasolini, Las cenizas de Gramsci. Traducción de Stéphanie Ameri y Juan Carlos Abril, Visor Libros, 2009 | Buenos Aires Poetry, 2020.