AZUL FUEGO | Maily Sequera

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Maily Sequera. Maracay, Venezuela, 1984. Poeta, escritora, comunicadora social, publicista, diseñadora gráfica y docente en las áreas de publicidad y diseño. Administra el blog Todo es violeta donde publica su trabajo poético desde 2006 y donde mantiene sus libros y compilaciones para su lectura y descarga. Estos poemas pertenecen a El lamentable estado de las cosas, un proyecto en desarrollo.

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AZUL FUEGO

I.

Todo lo que no me gusta
desaparecerá porque así lo demando.

Es mi consuelo. El futuro
confirmará mi poder.

Yo no sé qué más decir de mí
cuando te aburras de esta vida
de siempre hacer lo mismo.

Te diré entonces que me gusta el mar
…………………………el agua entera
que acepto todas las inundaciones
que me llenan de gracia los derramamientos
y flotar
perder el peso
en el movimiento tierno
el carácter salvaje
morir de ahogo o morir de sed
vagar en todos los caprichos
romper la masa
de la gota al océano
que todo lo que no me gusta
desaparecerá
porque así lo demando
en el desgaste de la humedad
o el extravío del ahogamiento.

II.

En víspera de mi primera y última comunión
me confesé ante Dios libre de pecado.
Mis compañeros sudaban en uniforme escolar
mientras yo iba de traje y sombrero marinero.

Tenía nueve años
y en mi vestido favorito
no pude sentir antes ni después ninguna culpa.

III.

En mi memoria más temprana
el mar me expulsa.

Reconocí su cuerpo como mío desde que fue primerísima línea del
[horizonte.

Luego se tragó los tobillos de mi padre
y fuimos desapareciendo
livianamente.

Su incendio hería.
Ardían sus sales en la profundidad de mi sexo.

Lloré orinando.
Odié el alivio.
Volví a la tierra
y sufrí.

 

LILIANA

La podredumbre rodeaba su espinazo seco
cuando ya elevada al cielo
la delgadísima Liliana,
arrancada de su cola,
había muerto al sol.

No la olvidaré jamás, tan bienvenida,
en la pesca de criatura mansas,
iluminado su cuerpo en la reflexión de otra luz.
Brevísima y niña y bella entre sus carcajadas.

Quién los dejó venir aquí.
Quién dijo acaso
que Liliana deseaba ser
olfateada por doscientas narices
acariciada en su iridiscencia por dos mil dedos
para morir enferma y demente en la iluminación.

Yo recuerdo
las curvaturas de su portento en la marejada de un jean,
nadando en dieciséis años sobre la ola de un policía.

Yo recuerdo el sonido de su voz ilustrativa
contando cómo nos rompen
cómo besan.
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Fotografía por ©Lorien Sequera.