Variaciones sobre un tema de Baudelaire | Ezequiel Martínez Estrada

Ezequiel Martínez Estrada nació en la provincia de Santa Fe en 1895. Fue profesor en las universidades de La Plata, del Sur y Autónoma de México. Murió en Bahía Blanca en 1964. De su obra poética, Jorge Luis Borges ha escrito: “Su admirable poesía ha sido borrada por sus vasta obra en prosa. Su visión de la patria fue melancólica; los hechos ulteriores lo confirman. Lugones le confió que estaba de acuerdo con él, pero que hay cosas que no deben decirse porque pueden desalentar a la gente. Su poesía es inconcebible sin la previa labor de Lugones y de Darío, pero en él abundan las piezas que igualan o superan sus modelos”. 

Variaciones sobre un tema de Baudelaire

I

En alto, en bajo, y siempre, la playa del profundo
silencio, y el espacio horrible y fascinante…
Un andar astronómico seguirá andando el mundo
y el hombre irá con él valiente y delirante;

Y aún seguirá rodando cuando el hombre sucumba,
indiferente y ciego, por los cielos abiertos.
Dirá un responso el viento sobre la inmensa tumba.
Esperarán en vano otro clarín los muertos.

II

Se mezcla un vago horror a un sentimiento
de paz en mi conciencia. Quizá lo que me aterra
es la rama florida que tendí al firmamento.
Me da paz la raíz desde la tierra.

III

Mi destino que a veces me parece irritante,
es sólo indiferente. Mi destino es, quizás,
unir este infinito que tengo aquí, delante,
con el otro infinito que he dejado atrás.

IV

Antes tenía horror intelectual
a esa fuerza fatal
que enclava en tierra al vegetal.
¡Ignoraba la dicha total del mineral!

V

Caí en un cuerpo efímero y busqué la manera
de abrir brechas para irme de allí con la mirada,
y para que la luz llegara desde fuera.
Abrí cuatro ventanas que daban a la nada.

Y una vez horodados los muros me asomé
y vi el vacío enorme. Y ese vacío duro
ocupó las ventanas, más compacto que el muro.
Es peor esa tapia que la que yo quité.

VI

Cantamos, pero sólo para olvidar la vida,
y el cantar con los ojos cerrados, es de horror.
Y caeremos, cantando, con brutal caída
de Ofelia, que se mata por cortar una flor.

VII

Soy una isla abrupta en un mar inviolable,
inviolable a sus ímpetus e infinita como él.
Le he puesto al universo la linde infranqueable
de mi cuerpo. Interpongo entre él y yo mi piel.

Pero el poder que mueve al mar enloquecido
también penetra en mí y me agita a su antojo.
Me invade con su bárbaro fragor por el oído.
Se me va el alma al mundo por el puente del ojo.

VIII

Voy rodando hacia el fondo de un abismo.
Tal vez no tenga fin esa caída,
porque ese precipicio soy yo mismo,
Sólo me cuesta, ese traspié, la vida.

IX

Me miro desde lejos, imagen de un momento
proyectada entre imágenes por un mágico foco
de linterna. O soy sombra de un triste y lento
que no es del todo sueño ni realidad tampoco.

Me afano en lo imposible, sin sentido, y me asombra
verme andar libremente, más siempre de algo en pos;
y cuando se despegue de ese telón mi sombra,
todo seguirá intacto en el sueño de Dios.

X

Me consuela saber que aunque sea muy loco
mi papel de la farsa, voy movido por los hilos
y que alguien se equivoca cuando yo me equivoco.
Mi papel es muy fácil y lo hago poco a poco
entre vigilias plácidas y sueños intranquilos.

Soy un juguete absurdo, pero la maravilla
consiste en cierto fraude, porque lo soy de modo
que, por dar un sentido a esta atroz pesadilla,
cuando tiran del hilo que se mueve mi rodilla
(Dios me perdone), a veces lo que muevo es el codo.

XI

El silencio me atrae como serpiente
y en duplicado gozo
ante él tengo el asombroso incongruente
de quien junto al brocal se ve en el pozo.

XII

Todo ha sido gustado antes de ser nosotros
y siempre cosas viejas volvemos a empezar.
Nuestros íntimos suelos ya los soñaron otros,
y aún vendrán muchos otros que los han de soñar.

Cuanto ha sido, ha pasado; ocurrirá otro tanto
con lo que tras nosotros ha de venir después,
y estamos en un vértice en que da igual espanto
que el pasado, el futuro, que es lo mismo al revés.

XIII

En esa enormidad de cuanto me rodea,
me noto frágil y pequeño.
¡Dios mío, dame el sueño a cambio de la idea
y cámbiame después por cualquier cosa el sueño!

Extraído de Biblioteca personal de Jorge Luis Borges, Hyspamérica Ediciones Argentina, Buenos Aires, 1985 | Buenos Aires Poetry, 2020.