Un Poema Americano | Eileen Myles

Eileen Myles (Cambridge, Massachusetts, 1949). Poeta, performance, novelista, ensayista y activista LGTB. En otras distinciones, ha sido merecedora de las becas Guggenheim y AndyWarhol/Creative Capital Arts Writers y cuatro veces ganadora del premio Lambda Book Award.
Ha publicado más de veinte libros, entre los que destacan, Not me, Chelsea Girls, Skies: Poems, Afterglow (a dog memoir) y su poesía reunida: I Must Be Living Twice: New and Selected Poems 1975-2014.
La poética de Myles, de estilo directo, esgrime el salvajismo punk de los ochenta, así como las teorías y el pensamiento queer y feminista; una poética que renueva la poesía norteamericana llenándola de un vitalismo crítico que mira de frente la realidad que habita, que aporta heroicidad al antihéroe de la voz poética, y que, lejos de vanagloriarse como un yo único y original, se diluye, ya no en un yo colectivo, a la manera de Whitman o Ginsberg, sino en un nosotros.

Un Poema Americano

Nací en Boston en
1949. No quería
que se supiese este hecho, de
hecho pasé la mayor
parte de mi vida adulta
intentando meter mi
juventud bajo la alfombra
y tener una vida que
realmente fuera sólo mía
e independiente del
destino histórico de
mi familia. ¿Os
imagináis lo que es
ser uno de ellos,
parecerse a ellos,
hablar como ellos,
tener los beneficios
de haber nacido en
la riqueza y el poder
de esa familia Americana? Fui
a los mejores colegios,
tuve tutores
y entrenadores de todo tipo, viajé
por todas partes, conocí a famosos,
a controvertidos, a los
no-tan-admirables,
y supe desde
muy pequeña que
si en algún momento se abría
la posibilidad de escapar
del destino colectivo de esta famosa
familia de Boston,
la iba a aprovechar y
así lo hice. Me subí
a un Amtrak¹ a New
York a principios de los
70 y supongo
que podría decirse
que empezaron mis años
ocultos. Pensé,
¿por qué no ser poeta?
¿Qué podría ser más
estúpido y vago?
Me hice lesbiana.
Todas las mujeres de mi
familia parecen
bolleras, pero
de ahí a realmente serlo
es como si te cagaras en la bandera.
Mientras mantenía esta infame
pose he visto y
he aprendido y
estoy empezando a pensar
que no hay manera de escaparse
de la historia. Una mujer
con la que estoy teniendo
un lío me dijo,

¿sabes que pareces una
Kennedy? Sentí
que se me subía la sangre
a las mejillas. La gente
siempre se rió
de mi acento de Boston
confunden «large» por
«lodge», «party»
por «potty». Pero
cuando, sin darse cuenta,
esta mujer invocó
por vez primera
mi apellido
me di cuenta de que
me habían pillado. Sí, lo soy,
soy una Kennedy.
Mis intentos por permanecer
en la oscuridad no me han servido
de mucho. Desde mis comienzos
como humilde poeta,
alcancé pronto la cima
de mi profesión
asumiendo una posición de
honor y liderazgo.
Está bien que sea una
mujer la que saque
a la luz mis trapos sucios. Sí,
soy una Kennedy.
Y espero sus órdenes.
Vosotros sois los Nuevos Americanos.
Los sin techo vagan
por las calles de la ciudad más grande
del país. Entre ellos,
hombres sin techo y con
SIDA. ¿Eso está bien?
¿Que no tengan hogar, que no
haya tratamiento gratuito
para estos hombres? Y mujeres.
¿Que el mensaje que reciben
–mientras se están muriendo–
sea que éste no es su hogar?
¿Y cómo están tus
dientes hoy? ¿Puedes
pagarte el arreglo?
¿Te llega para el alquiler?
Si el arte es la forma más elevada
y más honesta
de comunicación de
nuestros tiempos y la joven
artista ya no puede
mudarse aquí para hablarle
a su época… Sí, podría,
pero eso fue hace 15 años,
y recordad -como es necesario
que me acuerde yo–
soy una Kennedy.
¿No deberíamos ser todos Kennedys?
La mayor ciudad de este país
es el hogar del hombre
de negocios y el hogar
del artista rico. Personas
con bellos dientes que no viven
por las calles. ¿Qué podemos hacer
con este dilema?
Escuchad, yo pude estudiar.
Estudié la Civilización
Occidental. ¿Sabéis
cuál es el mensaje de la Civilización
Occidental? Estoy solo.
¿Estoy sola esta noche?
Creo que no. ¿Soy la única
a la que le sangran las encías
esta noche? ¿Soy la única
homosexual en esta sala
esta noche? ¿Soy la única
a la que se le murieron amigos,
y se le siguen muriendo?
Y mi arte no puede
ser financiado hasta que se vuelva
gigante, más grande que el
de cualquiera, y le confirme
a la audiencia la sensación de que están
solos. Que solo ellos
son los buenos, los merecedores de
poder pagar la entrada
para ver este Arte.
Lo que tienen trabajo,
salud, los que deberían
sobrevivir, los que son
normales. ¿Eres normal
esta noche? ¿Todos los que estamos
aquí somos normales?
No es normal para mí
ser una Kennedy.
Pero ya no estoy
avergonzada, ya no estoy
sola. No estoy
sola esta noche porque
todos somos Kennedys.
Y yo soy vuestra Presidenta.

¹ Corporación Nacional de Ferrocarriles (N. del T.)

An American Poem

I was born in Boston in
1949. I never wanted
this fact to be known, in
fact I’ve spent the better
half of my adult life
trying to sweep my early
years under the carpet
and have a life that
was clearly just mine
and independent of
the historic fate of
my family. Can you
imagine what it was
like to be one of them,
to be built like them,
to talk like them
to have the benefits
of being born into such
a wealthy and powerful
American family. I went
to the best schools,
had all kinds of tutors
and trainers, traveled
widely, met the famous,
the controversial, and
the not-so-admirable
and I knew from
a very early age that
if there were ever any
possibility of escaping
the collective fate of this famous
Boston family I would
take that route and
I have. I hopped
on an Amtrak to New
York in the early
’70s and I guess
you could say
my hidden years
began. I thought
Well I’ll be a poet.
What could be more
foolish and obscure.
I became a lesbian.
Every woman in my
family looks like
a dyke but it’s really
stepping off the flag
when you become one.
While holding this ignominious
pose I have seen and
I have learned and
I am beginning to think
there is no escaping
history. A woman I
am currently having
an affair with said
you know you look
like a Kennedy. I felt
the blood rising in my
cheeks. People have
always laughed at
my Boston accent
confusing «large» for
«lodge,» «party»
for «potty.» But
when this unsuspecting
woman invoked for
the first time my
family name
I knew the jig
was up. Yes, I am,
I am a Kennedy.
My attempts to remain
obscure have not served
me well. Starting as
a humble poet I
quickly climbed to the
top of my profession
assuming a position of
leadership and honor.
It is right that a
woman should call
me out now. Yes,
I am a Kennedy.
And I await
your orders.
You are the New Americans.
The homeless are wandering
the streets of our nation’s
greatest city. Homeless
men with AIDS are among
them. Is that right?
That there are no homes
for the homeless, that
there is no free medical
help for these men. And women.
That they get the message
—as they are dying—
that this is not their home?
And how are your
teeth today? Can
you afford to fix them?
How high is your rent?
If art is the highest
and most honest form
of communication of
our times and the young
artist is no longer able
to move here to speak
to her time…Yes, I could,
but that was 15 years ago
and remember—as I must
I am a Kennedy.
Shouldn’t we all be Kennedys?
This nation’s greatest city
is home of the businessman and home of the
rich artist. People with
beautiful teeth who are not
on the streets. What shall
we do about this dilemma?
Listen, I have been educated.
I have learned about Western
Civilization. Do you know
what the message of Western
Civilization is? I am alone.
Am I alone tonight?
I don’t think so. Am I
the only one with bleeding gums
tonight. Am I the only
homosexual in this room
tonight. Am I the only
one whose friends have
died, are dying now.
And my art can’t
be supported until it is
gigantic, bigger than
everyone else’s, confirming
the audience’s feeling that they are
alone. That they alone
are good, deserved
to buy the tickets
to see this Art.
Are working,
are healthy, should
survive, and are
normal. Are you
normal tonight? Everyone
here, are we all normal.
It is not normal for
me to be a Kennedy.
But I am no longer
ashamed, no longer
alone. I am not
alone tonight because
we are all Kennedys.
And I am your President.

Extraído de Not Me, Semiotext(e); Edición: First Edition, 1991 | Traducción de David Bobis¹ | Buenos Aires Poetry, 2020. 

¹David Bobis (Madrid, 1985) Titulado en Trabajo Social por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Creative Writing por The University of Texas at El Paso.
Durante su carrera profesional, ha ejercido de Educador Social en Protección de Menores, Editor de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, Advisor del BA in Creative Writing en The University of Texas at El Paso y Teaching Assistant en la misma institución.
Fotografía: ©CHRIS FELVER/GETTY
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