Carrickfergus | Louis MacNeice

Se llamó Thirties (también War Generation) a un conjunto de poetas británicos de la década del 30 (W. H. Auden, Louis MacNeice, Cecil Day-Lewis, Stephen Spender, entre otros), que asumió un rol activo frente a la contingencia de una sociedad en crisis, con variables colectivas dramáticas y urgentes. Este grupo era, por un lado, epígono de la Primera Guerra Mundial, con su rémora de cerca de diez millones de muertos; por el otro, antesala de la Segunda, con sus siguientes millones de vidas por cobrar.
“Los Thirties”: autores que hicieron propaganda de una poesía al servicio del socialismo [¡La burguesía tiene que esperar un poco de dolor, una penitencia!].
A. T. Tolley, en THE POETRY OF THE THIRTIES, sencillamente decía hacia 1975: “Un cambio que está asociado en los nuevos poetas de los años treinta: la aparición de una preocupación por temas políticos”.

LOUIS MCNEICE | Photo by Kurt Hutton/Picture Post/Hulton Archive/Getty Image

Louis MacNeice fue ampliamente considerado en la década de 1930 como un miembro menor del grupo Auden-Spender-Day Lewis: MacNeice y Stephen Spender eran contemporáneos y amigos en Oxford, y se desempeñaron como editores conjuntos de Oxford Poetry, 1929. MacNeice se hizo amigo de W.H. Auden y colaboró con él en Letters from Iceland (1937). Y en Modern Poetry (1938), MacNeice proporcionó la mejor declaración crítica de los objetivos y logros poéticos de sus amigos. A pesar de estos lazos personales y profesionales, MacNeice no compartía los compromisos ideológicos del “grupo Auden”. De principio a fin, su propia obra refleja un escepticismo melancólico demasiado honesto para dar el asentimiento final a cualquier sistema.

 

CARRICKFERGUS

Nací en Belfast entre la montaña y los astilleros
al ulular de las sirenas perdidas y el estruendo del tranvía:
desde allí al humeante Carrick en el Condado de Antrim
donde el puerto de cuello de botella recoge el barro atascado.

Los pequeños botes bajo el castillo Normando,
el muelle brillando con trozos de sal cristalina;
El Barrio Escocés era una hilera de casas residenciales
pero el Barrio Irlandés era para pobres y cesantes.

El arroyo corría amarillo desde la fábrica, apestando a cloro.
El hilo molido anunciaba su grito fúnebre al mediodía;
nuestras luces miraban sobre el lago a las luces de Bangor
bajo el aura de un pavo real de una luna que se ahoga.

El Normando amuralló esta ciudad contra su país
para hacer oídos sordos al grito de sus esclavos
y construyó una iglesia en forma de cruz, pero que denota
la Escora de Cristo en la cruz, en el ángulo de una nave.

Yo era el hijo del rector, nacido de la orden Anglicana,
prohibido para siempre de las velas de los irlandeses pobres;
los Chichesters se arrodillaron en mármol al final de un transepto
con gargueros alrededor de sus cuellos, su privilegio asegurado.

Vino la guerra y un enorme campamento de soldados
creció desde el suelo a la vista de nuestra casa con largos
maniquíes colgados de las horcas para practicar la bayoneta
y el desafío del centinela resonaba todo el día;

un terrier Yorkshire entro y salió por la puerta de entrada
prohibida a los civiles, ladrando como si fuera una afrenta:
marchando a gusto y cantando “Quién Mató a Cock Robin”
las tropas enfilaron por el albergue y se dirigieron al Frente.

El vapor que me condujo a Inglaterra estaba camuflado –
sudor y uniformes en el tren Carlisle;
pensé que la guerra duraría por siempre y el azúcar
racionada y que nunca más

los periódicos semanales tendrían fotos de sacos de arena
y mi institutriz no haría vendas de musgo
y la gente no tendría mapas encima de la chimenea
con banderas en alfileres flameando –

Al otro lado del seto de espinos, sonidos de cornetas,
llamaradas a través de la noche,
en algún lugar del lago había un barco de prisioneros alemanes,
una jaula cruzaba sus ojos.

Fui a la escuela en Dorset, el mundo de los padres
constreñido a un universo de títeres de hijos
lejos de las chicas del molino, del aroma de la porter, de las salinas
y de los soldados con sus armas.

CARRICKFERGUS

I was born in Belfast between the mountain and the gantries
To the hooting of lost sirens and the clang of trams:
Thence to Smoky Carrick in County Antrim
Where the bottle-neck harbour collects the mud which jams.

The little boats beneath the Norman castle,
The pier shining with lumps of crystal salt;
The Scotch Quarter was a line of residential houses
But the Irish Quarter was a slum for the blind and halt.

The brook ran yellow from the factory stinking of chlorine,
The yarn-milled called its funeral cry at noon;
Our lights looked over the Lough to the lights of Bangor
Under the peacock aura of a drowning moon.

The Norman walled this town against the country
To stop his ears to the yelping of his slave
And built a church in the form of a cross but denoting
The List of Christ on the cross, in the angle of the nave.

I was the rector’s son, born to the Anglican order,
Banned for ever from the candles of the Irish poor;
The Chichesters knelt in marble at the end of a transept
With ruffs about their necks, their portion sure.

The war came and a huge camp of soldiers
Grew from the ground in sight of our house with long
Dummies hanging from gibbets for bayonet practice
And the sentry’s challenge echoing all day long;

A Yorkshire terrier ran in and out by the gate-lodge
Barred to civilians, yapping as if taking affront:
Marching at ease and singing ‘Who Killed Cock Robin?’
The troops went out by the lodge and off to the Front.

The steamer was camouflaged that took me to England –
Sweat and khaki in the Carlisle train;
I thought that the war would last for ever and sugar
Be always rationed and that never again

Would the weekly papers not have photos of sandbags
And my governess not make bandages from moss
And people not have maps above the fireplace
With flags on pins moving across and across –

Across the hawthorn hedge the noise of bugles,
Flares across the night,
Somewhere on the lough was a prison ship for Germans,
A cage across their sight.

I went to school in Dorset, the world of parents
Contracted into a puppet world of sons
Far from the mill girls, the smell of porter, the salt mines
And the soldiers with their guns.

Extraído de Selected poems, by MacNeice, Louis, 1907-1963Longley, Michael, 1939-
Publication date 1990, , pp. 24-25 | Publisher Winston-Salem, N.C. : Wake Forest University Press | Traducción de Rodrigo Arriagada Zubieta, Buenos Aires Poetry, 20201.

“Never yield before the barren”. D. H. Lawrence

 Thirties Poets: W. H. Auden | Louis MacNeice | Cecil Day-Lewis | Stephen Spender | Selección y Traducción de Juan Arabia & Rodrigo Arriagada Zubieta | Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, Mayo, 2021 | 316 p. | Diseño de Portada: Camila Evia