Danza Macabra | Charles Baudelaire

Extraído de Oeuvres complètes de Charles Baudelaire, Paris : Éditions de la Nouvelle revue française, 1918 | Traducción de Rodrigo Arriagada Zubieta | Buenos Aires Poetry, 2021. 

Danza Macabra¹

A Ernest Christophe².

Como viviente, orgullosa de su noble estatura,
con su gran ramillete, su pañuelo, sus guantes,
ella ostenta la dejadez y la desenvoltura
de una flaca coqueta con aires de extravagancia.

¿Se vio nunca una cintura tan delgada en un baile?
Su exagerado traje, con amplitud de reina,
se extiende profusamente sobre un pie enjuto que aprieta
un zapato pomposo, bello como una flor.

El plisado que juega al borde de las clavículas,
como un lascivo arroyo que se frota contra las rocas,
defiende púdicamente con bromas ridículas
los fúnebres encantos que intenta ocultar.

Sus profundos ojos hechos de vacío y tinieblas;
y su cráneo, artísticamente peinado con flores,
oscila lánguidamente sobre frágiles vértebras,
¡oh, encanto de una nada desquiciadamente acicalada!

Una caricatura, te llamarán algunos,
ellos no entienden, borrachos amantes de la carne,
la elegancia indecible del armazón humano.
Tú colmas, gran esqueleto, mi gusto más querido.

¿Vienes a perturbar, con tu poderosa mueca,
la fiesta de la Vida? ¿O algún viejo capricho,
espoleando aún tu viviente carcasa,
te conduce crédula al aquelarre del placer?

Al son de los violines, a la luz de las bujías,
¿esperas ahuyentar tu burlesca pesadilla,
y vienes a pedir un torrente de orgías
que refresque el infierno encendido en tu corazón?

¡Inagotable pozo de estupidez y pecados!
¡Eterno alambique del antiguo dolor!
A través de la reja curva de tus costillas
veo, todavía errante, el insaciable áspid.

A decir verdad, temo que tu coquetería
encuentre nunca un premio digno de sus esfuerzos;
¿Quién, de estos mortales corazones, entiende esta mofa?
¡Los encantos del horror sólo embriagan a los fuertes!

El abismo de tus ojos, lleno de horribles pensamientos,
exhala vértigo, y los prudentes danzantes
nunca contemplarán sin una amarga náusea
la sonrisa eterna de tus treinta y dos dientes.

Y sin embargo, ¿Quién no ha abrazado un esqueleto,
y quién no se ha nutrido de cosas sepulcrales?
¿Qué importa el perfume, el traje y el tocador?
Quien se asquea demuestra que se creía bello.

Bayadera sin nariz, ramera irresistible,
dile a esos danzarines que se hacen los ofuscados:
“Arrogantes, a pesar del arte de los polvos y el carmín,
¡todos huelen a muerte! ¡oh, esqueletos de almizcle!

¡marchitos Antinoos, dandis lampiños,
barnizados cadáveres, canosos lovelaces³,
el vaivén universal de la danza macabra
los arrastra a lugares que no son conocidos!

Desde los fríos muelles del Sena hasta la orilla ardiente del Ganges,
El rebaño mortal salta y se pasma, sin ver
en la grieta del cielo la trompeta del Ángel
siniestramente abierta como un negro fundíbulo.

En todo clima, en todo sol, la Muerte se fascina
viendo tus contorsiones, risible Humanidad,
y a veces, como tú, perfumada de mirra,
mezcla sus ironías con tu estupidez!”

NOTAS
¹ En principio, el título del poema era “El esqueleto”, utilizado en masculino. Baudelaire cambió de idea al recibir de Ernest Cristohpe un grabado y una estatuilla de bronce.
² Escultor francés (1827-1892), discípulo de Rude. Una de sus obras célebres es la estatua de bronce La Fortune, emplazada en la provincia de Occitania, en Bagnères-de-Luchon.
³ Antinoo: joven griego famoso por su belleza, que se convirtió en el favorito del emperador Adriano.
Lovelaces: Se refiere al seductor protagonista de la novela Clarissa Harlowe de Richardson. Una nota de Baudelaire, en una carta a Calonne, el director de la revista que iba a publicar el poema, señala la ortografía que el poeta quisiera se respetara: “Fíjese en Lovelacess. Si es sustantivo, l minúscula y s al final. Si es nombre propio… mayúscula y final invariable. Me inclino por la minúscula y plural”.

Danse Macabre

À Ernest Christophe.

Fière, autant qu’un vivant, de sa noble stature,
Avec son gros bouquet, son mouchoir et ses gants,
Elle a la nonchalance et la désinvolture
D’une coquette maigre aux airs extravagants.

Vit-on jamais au bal une taille plus mince?
Sa robe exagérée, en sa royale ampleur,
S’écroule abondamment sur un pied sec que pince
Un soulier pomponné, joli comme une fleur.

La ruche qui se joue au bord des clavicules,
Comme un ruisseau lascif qui se frotte au rocher,
Défend pudiquement des lazzi ridicules
Les funèbres appas qu’elle tient à cacher.

Ses yeux profonds sont faits de vide et de ténèbres,
Et son crâne, de fleurs artistement coiffé,
Oscille mollement sur ses frêles vertèbres.
Ô charme d’un néant follement attifé.

Aucuns t’appelleront une caricature,
Qui ne comprennent pas, amants ivres de chair,
L’élégance sans nom de l’humaine armature.
Tu réponds, grand squelette, à mon goût le plus cher!

Viens-tu troubler, avec ta puissante grimace,
La fête de la Vie ? Ou quelque vieux désir,
Éperonnant encor ta vivante carcasse,
Te pousse-t-il, crédule, au sabbat du Plaisir?

Au chant des violons, aux flammes des bougies,
Espères-tu chasser ton cauchemar moqueur,
Et viens-tu demander au torrent des orgies
De rafraîchir l’enfer allumé dans ton coeur?

Inépuisable puits de sottise et de fautes!
De l’antique douleur éternal alambic!
A travers le treillis recourbé de tes côtes
Je vois, errant encor, l’insatiable aspic.

Pour dire vrai, je crains que ta coquetterie
Ne trouve pas un prix digne de ses efforts;
Qui, de ces coeurs mortels, entend la raillerie?
Les charmes de l’horreur n’enivrent que les forts!

Le gouffre de tes yeux, plein d’horribles pensées,
Exhale le vertige, et les danseurs prudents
Ne contempleront pas sans d’amères nausées
Le sourire éternel de tes trente-deux dents.

Pourtant, qui n’a serré dans ses bras un squelette,
Et qui ne s’est nourri des choses du tombeau?
Qu’importe le parfum, l’habit ou la toilette?
Qui fait le dégoûté montre qu’il se croit beau.

Bayadère sans nez, irrésistible gouge,
Dis donc à ces danseurs qui font les offusqués:
» Fiers mignons, malgré l’art des poudres et du rouge,
Vous sentez tous la mort! Ô squelettes musqués,

Antinoüs flétris, dandys, à face glabre,
Cadavres vernissés, lovelaces chenus,
Le branle universel de la danse macabre
Vous entraîne en des lieux qui ne sont pas connus!

Des quais froids de la Seine aux bords brûlants du Gange,
Le troupeau mortel saute et se pâme, sans voir
Dans un trou du plafond la trompette de l’Ange
Sinistrement béante ainsi qu’un tromblon noir.

En tout climat, sous tout soleil, la Mort t’admire
En tes contorsions, risible Humanité,
Et souvent, comme toi, se parfumant de myrrhe,
Mêle son ironie à ton insanité! «


Poesía Francia | Buenos Aires Poetry, 2021