Chansonniers: «Lâche dissipateur des biens de tes sujets» | Versos satíricos sobre el rey

El arte de la memoria fue una fuerza poderosa en el sistema de comunicación del Antiguo Régimen. Pero el recurso mnemotécnico más eficaz era sin duda la música. Muchos poemas se compusieron para ser cantados al ritmo de las melodías populares y se los puede examinar en las colecciones de canciones de la época que se conocen como cancioneros (chansonniers), en donde aparecen junto a otras canciones y otras formas de intercambio verbal: bromas, adivinanzas, rumores y bon mots (agudezas).

Entre otras formas de expresión, los hechos encajaron en baladas de octosílabos, en odas clásicas, en canciones de taberna, en villancicos y melodías populares con estribillos que se hacían eco de canciones anteriores e indicaban a los oyentes cuál era el objeto de la sátira:

Ah! Le voilà, Ah! Le voici, / Celui qui n’en a nul souci.

Ay! sale de aquí, ay! sale de allá, / Uno y otro le da igual.

El estribillo de esta canción (Qu’une bâtarde de catin), como muchas otras, fijó a Luis XV en una memoria colectiva alimentada por estímulos orales; y, al hacerlo, perpetuó la mitología de los rois fainéants: reyes irresponsables, con séquitos de cortesanos decadentes, ministros corruptos y amantes que olían a pescado.


Le Chansonnier français ou Recueil de Chansons, Ariettes, Vaudevilles et autres Couplets choisis – 1762

«Lâche dissipateur des biens de tes sujets»

Esta oda proviene de uno de los chansonniers de la La Bibliothèque historique de la Ville de Paris, ms. 649, pp. 47-48

Imprécations contre le roi

Lâche dissipateur des biens de tes sujets,
Toi qui comptes les jours par les maux que tu fais,
Esclave d’un ministre et d’une femme avare,
Louis, apprends le sort que le ciel te prépare.
Si tu fus quelque temps l’objet de notre amour,
Tes vices n’étaient pas encor dans tout leur jour.
Tu verras chaque instant ralentir notre zèle,
Et souffler dans nos coeurs une flamme rebelle.
Dcs guerres sans succès désolant tes États,
Tu fus sans généraux, tu seras sans soldats.
Toi, que l’on appelait l’arbitre de la terre,
Par de honteux traités tu termines la guerre.
Parmi ces histrions qui règnent avec toi,
Qui pourra désormais reconnaître son Roi ?
Tes trésors sont ouverts à leurs folles dépenses,
Ils pillent tes sujets, épuisent tes finances,
Moins pour renouveler tes ennuyeux plaisirs,
Que pour mieux assouvir leurs infâmes désirs.
Ton État aux abois, Louis, est ton ouvrage ;
Mais crains de voir bientôt sur toi fondre l’orage.
Des maux contagieux empoisonnent les airs,
Tes campagnes bientôt deviendront des déserts ;
La désolation règne en toutes les villes.
Tu ne trouveras plus des âmes assez viles
Pour oser célébrer tes prétendus exploits,
Et c’est pour t’abhorrer qu’il reste des Français ;
Aujourd’hui on t’élève en vain une statue,
A ta mort je la vois par le peuple abattue.
Bourrelé de remords tu descends au tombeau.
La superstition, dont le pâle flambeau
Rallume dans ton coeur une peur mal éteinte
Te suit, t’ouvre l’enfer, seul objet de ta crainte.
Tout t’abandonne enfin, flatteurs, maîtresse, enfants :
Un tyran à la mort n’a plus de courtisans.

Versos satíricos sobre el rey

Del bien de tus vasallos depredador inmundo
Tú que cuentas los días por tus daños al mundo,
Esclavo de ministro y mujer avara,
Luis, escucha la suerte que el cielo te depara.
Si de nuestro amor fuiste objeto por un tiempo,
Tus vicios no alcanzaban aún la luz del mediodía.
Nuestro celo a cada instante verás disminuir
Y la rebelde flama en nuestros pechos encender.
En las guerras infructuosas que desolan tus Estados
No tuviste generales, ahora estarás sin soldados.
A ti a quien llamaban para arbitrar la tierra
Con vergonzantes tratados acabas la guerra.
Entre los cómicos que contigo reinan
¿Quién podrá ahora al monarca reconocer?
A sus locos dispendios abierto tu tesoro;
Esquilman a tus súbditos; tus finanzas, sin oro,
Menos por renovar tus placeres tediosos
Que por mejor saciar sus infames antojos.
Tu Estado desastroso, Luis, es tu sola obra;
En breve la tormenta se volverá tu sombra.
Los males contagiosos que envenenan el aire
Luego hacen de tus campos infinitos desiertos.
Desolación reina en todas tus ciudades,
No más almas hallarás suficientemente graves
Que se atrevan al festejo de tus supuestas hazañas.
Solo para aborrecerte es que quedan los franceses:
Hoy te han levantado una estatua en vano,
Pues muerto tú, el pueblo al suelo dará con ella.
Ahíto de remordimientos bajarás a la tumba.
La superstición cuya pálida flama
Enciende en tu corazón un miedo mal apagado,
Te sigue, te abre el Infierno, único objeto de tu temor.
Al fin te abandonan todos, zalameros, amante, hijos,
Cuando un tirano fenece ya no tiene cortesanos.


Extraído de Robert Darnton, Poesía y policía: comunicación, censura y represión en París en el siglo XVIII. Traducción de Antonio Saborit, Capital Intelectual, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2021 | Imagen: La condesa du Barry, amante de Luis XV, por Niklas Lafrensen, Museo del Louvre.