Marianne Moore (1887, Kirkwood, Mussouri – 1972, New York) asistió a Bryn Mawr College y recibió su licenciatura en 1909. Después de graduarse, Moore estudió en Carlisle Commercial College, y de 1911 a 1915 trabajó como maestra de escuela en Carlisle Indian School. En 1918, Moore y su madre se mudaron a la ciudad de Nueva York y, en 1921, se convirtió en asistente de la Biblioteca Pública de Nueva York. Comenzó a conocer a otros poetas, como William Carlos Williams y Wallace Stevens, y a colaborar en The Dial, una prestigiosa revista literaria.
Se desempeñó como editora interina de The Dial de 1925 a 1929. Junto con el trabajo de otros miembros del movimiento “Imagist” como Ezra Pound, Williams y H.D., los poemas de Moore se publicaron en The Egoist a partir de 1915. En 1921, H.D. publicó el primer libro de Moore, Poems (The Egoist Press, 1921).
Moore fue ampliamente reconocida por su trabajo: recibió el premio Bollingen, el Premio Nacional del Libro y el Pulitzer. Escribió con la libertad característica de los otros poetas modernistas, a menudo incorporando citas de otras fuentes en el texto, pero su uso del lenguaje siempre fue extraordinariamente condensado y preciso, capaz de sugerir una variedad de ideas y asociaciones dentro de una imagen única y compacta. En su ensayo de 1925, titulado “Marianne Moore”, William Carlos Williams escribió sobre el modo característico de la poeta: “De modo que al mirar un objeto aparentemente pequeño, uno siente el remolino de grandes eventos”.
SÓLO ROSAS
No parecen darse cuenta de que la belleza es un pasivo más que
un activo – que en vista de que el espíritu crea forma
nos justificamos al suponer
que debemos tener cerebros. Para ustedes, un símbolo de unidad,
rígido y filoso,
conscientemente inigualable a fuerza de una superioridad innata
y el gusto por todo
lo autodependiente, todo lo que una
ambiciosa civilización pueda producir: para ustedes, desamparadas al intentar
por pura
reserva, refutar las presunciones resultantes de la observación, es
improductivo. No pueden hacernos
creer que son un suceso encantador. Pero rosa, si eres
brillante,
no es porque tus pétalos son el sin-el-cual-nada de
la preeminencia. Sin espinas,
te verías como un qué-es-esto, una mera
peculiaridad. No son a prueba de gusanos, los cuatro elementos o
el moho
pero ¿Qué pasa con la mano predadora? ¿Qué es el brillo sin
la coordinación? Custodiando las
piezas infinitesimales de tu mente, persuadiendo a la audiencia
con la idea de que es mejor ser olvidado que ser
recordado con demasiada violencia,
las espinas tu mejor parte.
ROSES ONLY
You do not seem to realize that beauty is a liability rather than
an asset – that in view of the fact that spirit creates form we are
justified in supposing
that you must have brains. For you, a symbol of the unit,
stiff and sharp,
conscious of surpassing by dint of native superiority and liking
for everything
self-dependent, anything an
ambitious civilization might produce: for you, unaided to attempt
through sheer
reserve, to confute presumptions resulting from observation, is
idle. You cannot make us
think you a delightful happen-so. But rose, if you are
brilliant, it
is not because your petals are the without-which-nothing of
pre-eminence. You would, minus thorns,
look like a what-is-this, a mere
peculiarity. They are not proof against a worm, the elements, or
mildew
but what about the predatory hand? What is brilliance without
co-ordination? Guarding the
infinitesimal pieces of your mind, compelling audience to
the remark that it is better to be forgotten than to be
remembered too violently,
your thorns are the best part of you.
Extraído de Marianne Moore, Observations (Edited by Linda Leavell). Farrar, Straus and Giroux, NY, 2016, p. 39 | Traducción de Camila Evia | Buenos Aires Poetry, 2024.
