Tratado sobre el umbral (Colección Pippa Passes, 2026) | Julio César Aguilar

Julio César Aguilar (Ciudad Guzmán, Jalisco, México). Poeta, ensayista y traductor. Estudió Medicina en la Universidad de Guadalajara, una Maestría en Artes en Español en la Universidad de Texas en San Antonio y un Doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Texas A&M. Es profesor en la Universidad de Baylor y autor de los siguientes títulos de poesía: Rescoldos, 1995; Brevesencias, 1996; Nostalgia de no ser mar, 1997; Mano abierta, 1998; El desierto del mundo, 1998; El patio de la bugambilia, 1998; Orilla de la madrugada, 1999; Illuminated Mysteries/Misterios iluminados, 2001; La consigna y el milagro, 2003; Una vez un hombre, 2004, 2007; La consigna y el milagro/The Summons and the Miracle, 2005; Transparencia de lo invisible/Transparency of the Invisible, 2006; El yo inmerso, 2007; Barcelona y otros lamentos, 2008; Alucinacimiento, 2009; La consigna y el milagro/La convocazione e il miracolo, 2010; La consigna y el milagro, edición bilingüe español-árabe, 2011, y español-polaco, 2013; Aleteo entre los trinos, 2014; Perfil de niebla, 2016; Don del fulgor, 2018; Destellos de Zapotlán y otras penumbras, 2019; Alborozo, 2020; Donde no falta nada, 2021; Reiteración de la belleza, 2022; La consigna y el milagro, edición bilingüe español-persa, 2022; Un destello en las sombras: Poemas selectos 1995-2020/A Glimmer in the Shadows: Selected Poems 1995-2020, 2023Dicha recobrada, 2024; El patio de la bugambilia/Bougainvillea Patio, 2024; El hálito enaltecido, 2024; El de cierto mundo, 2025; La inevitable voz, 2025; Mano abierta/Open Hand, 2025; Décimas y otros enigmas de Zapotlán, 2025, y Ansia de rosas puras, 2026. En 2017 publicó el libro de entrevista Reconstrucción de Ángel Escobar en la voz de Marina Cultelli. Ha traducido poesía del inglés al español de varios autores.

 

 

Puertas abiertas

Se abren las puertas: vibra el aire,
una membrana líquida que respira.
La claridad se desplaza como una ola
entre cuerpos, hojas, destellos.
El espacio se expande;
cada partícula contiene un comienzo.
Hay pulsos que despiertan
en el roce del viento con la madera.
Nada se cierra del todo
y todo germina en su tránsito:
una hebra de luz,
el murmullo que avanza en el polvo.
El tiempo se curva,
deja caer su semilla en lo invisible.
Las puertas son apenas umbrales del aliento:
fibras abiertas hacia lo que florece.
Surge un tono dorado en la bruma,
una respiración que enlaza los minutos.
El día se abre como un cuerpo húmedo,
pleno en su entrega al movimiento.
Entre los ecos brota una forma,
no es nombre ni límite, sino cauce.
En su fluir, todo se vuelve inicio,
todo reescribe su propia claridad.

 

El eco que permanece

El instante se abre:
una grieta de luz en la memoria.
Todo comienza donde termina,
todo termina donde apenas empieza.
Nada se pierde,
solo cambia de respiración.
El tiempo no avanza,
se pliega sobre sí mismo
como un papel húmedo que recuerda la lluvia.
Cada cambio es un espejo sin rostro,
una llamarada sin centro.
La materia se disuelve,
las formas se buscan en el humo.
Silencio,
ahí germina lo que fue palabra.
El principio y el fin se tocan,
mudos, transparentes,
como dos cuerpos en el sueño.
Entre ellos,
una vibración sostiene el vacío:
eso que no tiene nombre
pero insiste en ser.

 

Fuego doble

Arde el alba en la lengua del incendio,
y su sombra respira entre los muros.
El fuego canta con voz de hambre,
pero también da al frío un nombre tibio.
Despierta en la cocina o en la fragua,
hermano del amor y del relámpago,
su danza eleva el rostro de los dioses
y desfigura el gesto de los hombres.
En su centro murmura lo invisible,
un ojo de ceniza que todo ve.
Sus alas abren la semilla y la tumba,
su beso funda mundos o los borra.
De su filo nacen las espadas,
pero también los panes y los ritos.
Cuando acaricia, hace oro del barro;
cuando se enfurece, hace polvo del oro.
Quien lo mira, se mira en contradicción:
luz que salva, llama que condena.
Fuego, juramento del origen,
última sílaba del fin.

 

Luminarias en lo oscuro

Entre los cuerpos rotos fluye la tenue respiración del agua,
una claridad se abre paso, diminuta, bajo la piedra.
Las palabras —esas algas suspendidas— tiemblan de frío.
Luz: vena que insiste cuando nada queda intacto.
En la fractura germina una llama residual,
una humedad que el alba deja sobre el polvo.
Lo oculto guarda el deseo que cura,
ese fulgor que no promete, pero acompaña.
Late el silencio con la obstinación del musgo:
una corriente nombra desde dentro.
El miedo se disuelve en las sílabas del aire,
mientras la sombra aprende su abrigo entre pausas.
No toda la oscuridad muerde. Algunas sombras protegen.
Ahí, en el hondor de lo invisible, la luz ensaya su tacto.
Cada herida se abre a un resplandor distinto.
El cuerpo —como un río— memoriza la claridad
y el fondo se enciende sin ruido.
La noche, al ceder, se vuelve origen.
De lo roto brota un amanecer sin nombre,
ardiendo, suavemente.

 

El árbol y el ser

Podar no es herir:
es abrir un respiro al follaje,
dejar que el aire ose cruzar la memoria.
Cada rama que cae
lleva consigo un pasado
que ya no da fruto.
El corte limpia,
desnuda la savia hasta que brille su pulso,
como una confesión bajo la lluvia.
Entonces el árbol aprende
el arte de perder sin miedo,
su sombra se afina,
su raíz se hace canto.
Crecer más alto no es extender los brazos,
sino vaciarse de peso,
tocar la luz con menos hojas,
dejar que el viento diga quién eres.

 

 

 


JULIO CÉSAR AGUILAR
TRATADO SOBRE EL UMBRAL
Buenos Aires Poetry, 2026
80 pp.; 13,34 cm x 20,32 cm.
ISBN 9786316688521
Poesía México