Quiero estar sola | Delia Domínguez

Delia Domínguez Mohr (Osorno, 1931-Santiago, 2022) fue una poeta chilena, miembro de la generación literaria de 1950. Entre sus obras publicadas, se encuentran títulos como Simbólico retorno (1955); La tierra nace al canto (1958); Obertura siglo XX (1961); Parlamentos del hombre claro (1963); Contracanto (1968); El sol mira para atrás (1973); Pido que vuelva mi ángel (1982); La gallina castellana y otros huevos (1995); Huevos revueltos (2000); Clavo de olor (2004); El sol mira para atrásAntología personal de poesía y prosa (2008) y Paralelo 40 Sur, antología con poemas y cuentos inéditos (2012).

 

 

QUIERO ESTAR SOLA

Quiero estar sola. Huir de todo… Huir de mi presencia
Desprenderme y romper el designio que me ata a la tierra
y desde las cenizas empapadas de mi último sollozo
partir sin saber nada.
Qué importa que el camino se enhebre en abismos más hondos que la noche
y que mis pies desnudos hundidos en la escarcha desolada
recorran mil senderos destruidos por viajes infinitos.

Mi frente atravesada de agujas violentas como fieras
se adormece cansada en cada atardecer del mundo;
entonces busco mi farol encendido con retinas de pájaro
y a través del viento, de los límites, destrozando las rejas de la vida
sacudo mis cadenas mortales, liberto mi deseo
y sonámbula me acerco a las estrellas.
Siempre escudriño el viejo misterio del planeta
las horas transcurridas… el por qué del espacio y de la huída,
el luto de las palomas silvestres.

Hasta mi alma llega la euforia ensangrentada de las libélulas
que susurran su idilio en primavera. Canto a veces
cuando el día recoge sus párpados sobre las corolas abiertas
y la miel de los cerezos brujos se adhiere a las cortezas.

Contemplo desde lejos, detrás de una cortina perenne de rocío
mi cuerpo que madura colgado del ramaje de un calendario
sometido a la ruleta negra y blanca, oscura y clara
que gira repartiendo penumbras y alboradas.
(Soledad que forjaste mi ser en un terrible gemido de mujer dolorosa
cuánto adoro tu existir indefinido, tu absoluta inmensidad etérea
tus cavernas azules donde trepa el musgo de mis confidencias).

Llevo en mis ojos la ausencia de los sepulcros sin origen
cuyo único vigía es una cruz quemada y desteñida,
y para mi boda intangible con la muerte
hiena ávida de esencias vitales, de huesos y pulmones
tengo un ajuar hilado con tréboles plateados
colgado del brillante campanario del alba.

Una voz, mi voz que canta sobre los techos caídos y distantes
sobre las palabras y los racimos constelados de esperanza
vertiginosa rompe proa al hueco de la agonía.

Fuí incapaz de detener la dicha con mi brazo,
y al mirar en torno de las lágrimas perdidas
palpo solo el eco del espanto acumulado
de mi vivir estéril sobre la tierra helada…

 

 

 


Extraído de Delia Domínguez, Simbólico Retorno, Editorial Universitaria, 1955, Santiago de Chile, pp. 29-30 | Buenos Aires Poetry 2026