La marginalidad de Armando Uribe (1933-2020) ) dentro del canon chileno nace precisamente de esa honestidad brutal. No hay en él el menor deseo de agradar, de integrarse a una tradición de consagrados. Mientras otros poetas de su generación se debatían entre el legado de Neruda y la vanguardia de Parra, Uribe siguió una senda distinta: la del desprecio lúcido. Su tema no es la patria ni el amor ni la identidad; su tema es el odio, un odio que no destruye, sino que clarifica. El odio, en Uribe, es la otra cara del conocimiento: sólo quien ha amado demasiado puede escribir con tanta repulsión.
MIENTRAS EL AIRE CORRE…
Mientras el aire corre, en corredores de aire,
y la luz se hace tenue sobre Valparaíso,
tu voz de pasto seco conversa vanamente;
creces mientras yo muero bajo Valparaíso.
¿Tu voz? Se me ha perdido. No está bien recordarla
cuando el mar de colinas en Santiago me acosa,
y yo giro sin brazos, sin gusto a mar, sin ojos,
amante de mí mismo, soñándome y soñando.
Extraído de Armando Uribe, Transeúnte pálido, [Santiago] : Universitaria, 1954, p. 37 | Buenos Aires Poetry 2026

