John Fante: Escribir desde el corazón, por Juan Arabia

Texto escrito y publicado en la Revista Fábula Nro. 31,
Universidad de La Rioja (España)  Departamento de Filologías Modernas: http://www.revistafabula.com/
 
 

Especialmente los escritores, aunque también los lectores adictos, suelen encontrar a lo largo de su vida autores predilectos. Sin embargo entre los favoritos hay algunos, y aquí la lista comienza a reducirse, que necesariamente cambian su vida.

Escribir es el hermoso privilegio que permite captar la atención de la otra persona, convertirla en otra, irrumpir en su mundo, resignificar sus vivencias.

De manera muy personal, y con un gran sesgo de objetividad, me atrevo a decir que John Fante, autor que proponemos rememorar en estas páginas, ha logrado penetrar de manera abrupta en los corazones de muchos escritores y lectores.

El caso por todos más conocido es el de Charles Bukowski, quien ha reconocido extra y literariamente su admiración por él.

Podríamos comenzar advirtiendo que hoy conocemos a John Fante, que hoy podemos apreciarlo, en gran medida porque Bukowski se encargó de darlo a conocer, de divulgar su nombre, de enaltecer su merecida justicia.

Y si declaramos perseguir esta estela, nada nos conduce entonces –como buena parte de la crítica lo haría– a hablar inmediatamente sobre un género literario o sobre un momento histórico con determinados caracteres.

Ciertamente hoy leemos en cualquier referencia bibliográfica: John Fante, precursor del realismo sucio, minimalismo literario, un verdadero giro en la escena literaria norteamericana. Y si bien estos límites retóricos pueden permitirnos cierta aproximación al universo fanteano, nada nos dice sobre su verdadera experiencia.

Como lector, y reciente escritor del libro en materia de crítica literaria John Fante. Entre la niebla y el polvo (Editorial El fin de la noche, 2011), me atrevo a concluir que John Fante ha ganado su reconocido lugar en la historia debido a algo muy complejo de realizar, pero a la vez muy fácil de entender: se trata de un autor que escribió desde su corazón.

Esta frase o idea, pese a su simplicidad, no me pertenece. Había un latido en mí, por supuesto no denotado, que buscaba en los sentidos de experiencia y verdad una manera de explicar al autor. Gracias al intercambio que tuve con Dan Fante, el hijo del célebre autor y también escritor, hoy puedo pronunciarla y compartirla:

J.A: ¿Por qué cree que autores como John Fante logran cambiar la vida de las personas, como a él mismo le ha sucedido de forma similiar con Knut Hamsun o a usted con Hubert Selby Jr.?

D.F: Los escritores como mi padre hablan desde su corazón y no desde sus máquinas de escribir. Esa es la razón.[1]

Porque, y desde la génesis misma del universo fanteano, hay una clara impronta de influencias experenciales que sacuden al mismo John Fante.

El autor no sólo escribe desde su corazón: también lee desde su corazón. Es en el momento en el que irrumpen Knut Humsen o Dostovieski, tanto en su vida real como ficticia, cuando el autor decide marcharse de su casa para convertirse en un verdadero escritor.

Podremos así ver como la saga de Arturo Bandini, álter ego de sus iniciales y joviales novelas, persigue la estela y sentimientos de otros escritores. En un sórdido altillo Fante escribirá sus primeros trabajos, sobreviviendo con naranjas a cinco centavos la docena, en la total indigencia, inmerso en los trabajos más desafortunados; igual que sus héroes literarios.

Y aquí el pasaje de ficción a realidad no podrá más que generar un realismo literario, más no determinado por sesgos retóricos, temáticos o enunciativos; sino por su verosímil experencial. John Fante, más que innovar de manera conciente un estilo o un arte, se convertía –en circunstancias disímiles– en el mismo personaje de la novela Hambre de Hamsun.

Porque la obra de John Fante nace directamente del encuentro íntimo de sus sentimientos con la realidad con la que lidió desde su infancia hasta sus últimos días.

Existe un testimonio en relación con Jack Kerouac, en donde una entrevistadora le pregunta al autor por su célebre novela On the road (1957). Ella esperaba que Kerouac desarrolle una idea, que le cuente el origen, cómo surge la construcción del relato. Y el autor, con una mirada en el vacío, y dejando de lado el carácter lúdico y común de su oralidad, simplemente  responde: “Es sólo una historia verdadera”.

Esto mismo ocurre con Fante que de alguna manera anunció, y adelantó, la estela que persiguieron los beatniks. El escritor escribe sobre lo que sabe, escribe desde su experiencia. De allí que no podamos concebir su estilo literario de otra forma que una honesta traducción de su entorno y de sus condiciones materiales de existencia.

En su literatura centellea cada nivel del hombre y de la sociedad: traducción inmersa en la derrota de los sueños americanos, en la crisis de los años 30 en Estados Unidos, de una generación de escritores que cedieron sus derechos literarios a las empresas cinematográficas para sobrevivir.

Como irónicamente resalta Raymond Williams en su reconstrucción etimológica de la palabra ficción: “En rigor de verdad, hoy podemos decir a veces que las novelitas, o malas novelas, son pura ficción, en tanto que las novelas (ficción seria) nos hablan de la vida real”.[2]

No hay restricciones de ningún tipo en la obra de John Fante. Podemos decir que es un escritor que se dio todo los gustos, a expensas de que el mundo lo pase por arriba.

Siempre utilizó a la literatura como una forma de representar su verdad, sin mediaciones o consideraciones previas.

Uno de sus gestos más valiosos fue dejar hablar por medio de su literatura a su formación obrera ítaloamericana, concibiendo al arte no como algo exclusivo de un sector, que sólo conserva e instituye tradiciones específicas, oficiales.

 De esta manera el autor se enfrentó a un mundo que le dio la espalda, o mejor dicho, se enfrentó a una industria que expropió su alma para revivirlo –a través de la disolución, reinterpretación y segmentación de su obra- en el oportuno momento en el que lo transgredido de su trabajo se convirtió en un emergente activamente residual, alternativo o de oposición.

Editorialmente hoy se presenta a Fante como un eslabón inicial de una cadena que puede ser entendida, que hoy puede ser digerida, por un público disperso y desatento al momento en el que la obra se produce.

Es en el intento que nace entre el proyecto y formación, dos formas que nacen unidas como el hombre y su sombra, que hoy nos comprometemos a recordarlo. También en el intento de presentarlo a quienes aún no lo conocen.

Recomendar o imponer un seguimiento, una visión de sus lecturas, no podrá sino reducir el acontecimiento a lo tangible y lo acordado.

Las obras deben imponerse por sí mismas, como decía Coleridge, pero no está mal también insistir para que el acontecimiento se inscriba y se repita en la historia.

 Que sean del lector las últimas palabras:

El cabrón de mi viejo volvía a casa apestado a vino y gritaba apaga la luz, vete a la cama, que te has creído, porque los libros eran una droga, mi adicción era alarmante. Busca trabajo, decía, haz algo útil en la vida (…) Busqué trabajo. Recogí almendra. Fui a la vendimia. Trabajé en los campos (…) Llegaron las lluvias, los campos se inundaron, fue imposible trabajar gracias a Dios, y volví a la cocina, a seguir leyendo libros (…) No se gana un jornal leyendo libros. ¡Vete de aquí! Estamos en guerra. Gánate la vida. Sé un hombre. ¿Sabes lo que es un hombre? Un hombre trabaja. Suda. Cava. Martillea (…) Pero era inútil discutir con aquel macarrón trotacalles (…) ¿Qué sabía él? ¿Qué había leído? (…) Mi viejo. Su ignorancia, la anarquía de vivir bajo su mismo techo, sus sermones, sus amenazas, su avaricia, su pasión por el juego. En navidad sin dinero. Al terminar el bachillerato un traje. Dejamos de hablarnos. Un día nos cruzamos por la calle, al atravesar las vías del tren. Dio unos pasos más, se detuvo y se echó a reír. Me volví. Me señaló con el dedo y rió. Hizo como que leía un libro y siguió riendo. No reía de alegría. Reía de cólera, de frustración y desprecio.[3]


[1] ARABIA, Juan,  John Fante. Entre la niebla y el polvo, Buenos Aires, El fin de la noche, 2011. p. 80.

[2] WILLIAMS, Raymond: Palabras clave. Un vocabulario de la cultura y la sociedad, Buenos Aires, Nueva Visión, 2000. p. 147.

[3] FANTE, John, La hermandad de la uva,  Editorial Anagrama, Barcelona, 2001, pp. 70-80.