El hombre de las suelas de viento, por Juan Arabia


«If we are absolutely modern—and we are—it’s because Rimbaud commanded us to be».
—No, es mentira.
Rimbe nunca dijo que podías hablar por él
Desde tu Hotel Lautréamont de 5 estrellas, 
Desde la autocomplacencia de la Universidad
Y las hamburguesas de Utah.
—No, No… ¡Señores!
Primero lo primero:

Voy a soñar esta noche que
Tus ojos son los de Rimbe
Como la bondad de una mujer que miente
Y a la que sólo le pido una mentira.

I.

Bueno, descargamos el carro:
Sólo unas botellas de vino y las amapolas de Rimbaud.
Crecimos sin darnos cuenta, y ahora esperamos en el camino.
Al menos estábamos cerca de la gente y de su tierra,
Aunque todos nuestros hábitos fueron corrompidos.

Al principio el pueblo era celeste,
El sol nos despertaba y nos dejaba tontos después del mediodía.
Éramos las uvas brillosas del verano,
Con nuestra cáscara desnudábamos al viento.

l
II.

No es difícil de entender
Que lo eterno necesita derribar sangre.
Ellos sólo se sorprenden de lo que no se atreven:
Y encuentro el mar, veo mi rostro
En el lagarto espejo…
Y pese a que la noche es fría
No voy a morir por estar acá.
Aunque posterguen la comunión
Puedo matar a Dios escribiendo «ha muerto»
Sobre una silla. ◊